martes, 26 de junio de 2012

Jóvenes se verán atraídos al sacerdocio si ven presbíteros coherentes.

CIUDAD DEL VATICANO, martes 26 junio 2012 (ZENIT.org).-
Un documento resultado de siete años de reflexiones y esfuerzos pastorales para relanzar la centralidad del sacerdocio en la Iglesia católica. “Orientaciones Pastorales para la promoción de las Vocaciones al Ministerio Sacerdotal” es el título del texto realizado por la Congregación para la Educación Católica y la Obra Pontificia para las Vocaciones al Ministerio Sacerdotal.
El documento fue presentado este lunes en la Sala de Prensa vaticana por los tres máximos representantes de la citada congregación.
El presidente, cardenal Zenon Grocholewski, explicó que el texto es fruto de varias asambleas plenarias del dicasterio desde 2005 hasta el pasado 25 de marzo, cuando, en el XX aniversario de la exhortación apostólica Pastores dabo vobis, el papa Benedicto XVI autorizó su publicación.
Las Orientaciones Pastorales se subdividen en tres partes: la primera, analiza la situación de las vocaciones en todo el mundo; en la segunda, se presentan sintéticamente la identidad del ministerio sacerdotal y la relativa propuesta vocacional; en la tercera, se exponen una serie de sugerencias para la animación pastoral de las vocaciones sacerdotales.
Algunas de las razones que explican el descenso de vocaciones, sobre todo en Occidente, han sido señaladas en la caída demográfica y en la crisis de la familia, en la mentalidad secularizada y en el contexto cultural relativista, en las difíciles condiciones de vida y del ministerio del sacerdote, con el riesgo de la banalización y de la irrelevancia del papel del sacerdote en la sociedad.
Entre las condiciones necesarias para el relanzamiento de la vocación sacerdotal, el cardenal Grochololewski señaló la creación de “terreno fecundo de vida cristiana”, una “oración” constante, una “pastoral integrada”, un nuevo impulso de “evangelización” y “misionariedad”, un papel central para la familia, el “coherente y alegre testimonio de vida de los presbíteros”, el voluntariado en su función educativa y el valor de la escuela y la universidad.
Sobre la identidad del ministerio sacerdotal, reflexionó el secretario de la congregación, monseñor
Jean-Louis Bruguès OP, subrayando algunas degeneraciones y forzamientos de su papel, a partir de la “reducción a la competencia profesional”, hasta el “activismo exasperado” y la tendencia al aislamiento del que sufren muchos párrocos.
A nivel constructivo, hay que redescubrir la vocación y hacerse portavoz del Amor entre Dios y el hombre y la “relación viva y constante con Jesucristo”. El sacerdote debe por tanto encontrarse inmerso en una “profunda experiencia de vida comunitaria”, consciente de una “relación íntima de amor con el padre”, teniendo siempre presentes “figuras sacerdotales ejemplares” como, por ejemplo la de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars.

La tercera parte del documento, la relativa a las propuestas concretas sobre las vocaciones, fue ilustrada por monseñor A.Vincenzo Zani, subsecretario de la congregación. El prelado explicó que el primer lugar fértil para la vocación es la familia, seguida de la parroquia y de las varias formas eclesiales, con todos los instrumentos de oración, apostolado y discernimiento que estas ofrecen.
Durante la rueda de prensa, se mostraron las estadísticas relativas a las vocaciones a nivel mundial, en los últimos doce años.
Los datos confirman la caída de las vocaciones en Europa, su crecimiento en Asia y África y la sustancial estabilidad en América: mientras en los países latinoamericanos el curso oscilante es explicable con el proselitismo de las sectas y de las comunidades, en Estados Unidos, tras una fase de empañamiento debida a los escándalos de los abusos sexuales, el índice vocacional ha vuelto a subir en los últimos siete años.
Desde los Estados Unidos emerge una sorpresa bastante positiva: según dijo monseñor Bruguès, precisamente Boston –que al inicio del pasado decenio fue el epicentro de los escándalos ligados a la pedofilia- hoy puede enorgullecerse de uno de los seminarios más llenos y florecientes de Estados Unidos.
Tampoco en el secularizado viejo continente, en medio de tantas sombras, faltan las luces: en Europa del Este, las vocaciones están en recuperación, así como lo están algunos seminarios de España, e incluso en Francia y Holanda.
A este propósito, el cardenal Grocholewski citó el caso de una parroquia marsellesa, próxima al cierre por escasez de fieles (no más de una quincena en las celebraciones festivas), clamorosamente “resucitada” y hoy nutridísima, tras la llegada de un carismático sacerdote con un pasado de cabaretista.
En Europa, añadió el purpurado, la mentalidad materialista y relativista es uno de los principales obstáculos pero no el único.
“El punto más importante –explicó- es la poca consideración de la identidad sacerdotal. Las vocaciones no son todas iguales, ni se puede meter al mismo nivel el papel de los laicos y el de los sacerdotes: cada uno tiene su papel y el sacerdote en particular no es necesario que sea experto, por ejemplo, en economía, basta que sea experto... en fe”.

domingo, 24 de junio de 2012

Enfermera católica evitó abortos en hospital

Mercedes Cruz Quesada es supervisora de quirófano, y su valiente actitud arrastró a todas las enfermeras para que en su centro sanitario no fuera un abortorio.


El gerente del hospital le llamó un día para indicarle que preparara todo lo necesario para realizar abortos. La crisis aprieta y dicho hospital había negociado con el Gobierno autonómico la realización de una serie de servicios, entre los que se incluía el aborto.
Pero Mercedes Cruz Quesada, de firmes convicciones católicas y miembro de la Unión Seglar, decidió anteponer sus seguridades materiales, el trabajo y el qué dirán... a ser cómplice de la destrucción de una vida.

Ésta es su historia, en forma de entrevista, que ha concedido en exclusiva a Religión en Libertad.
- Soy supervisora de quirófano, con lo que mi responsabilidad, entre otras, es procurar que todo el material y personal necesario para que sea llevada una intervención quirúrgica, esté a punto y en perfectas condiciones, asignar a cada enfermera las intervenciones que debe cubrir, hacer los pedidos...
- ¿Cómo fue que tuvo oportunidad de enterarse del contenido del Concierto antes de que éste se firmase? ¿Se le notificó de oficio, o estuvo usted pendiente de que no le colaran ese gol?
- Desde que ocupo este puesto, sabía que algún día podía presentarse esta situación y ya estaba alerta. De todos modos, por ser parte de la dirección del hospital, normalmente (y gracias a Dios) soy informada de los cambios o decisiones que se toman.

Un día me llamó el gerente y me comunicó la posibilidad de que se realizasen abortos en nuestro hospital, y me preguntó si en quirófano disponíamos de todo lo necesario. Yo le contesté que no, porque realmente no disponíamos del material necesario. Entonces él me preguntó si podría encargarme de averiguar todo lo que sería necesario.

En ese punto yo le contesté que con todos mis respetos no podía encargarme de esta tarea y además le informé de que sintiéndolo mucho porque adoro mi trabajo y además soy muy feliz en este hospital, si se llegaba a materializar este tema yo presentaría mi dimisión y abandonaría el hospital.
Le dije que entendiese que no era una decisión fácil con la crisis y la falta de trabajo que hay por todo, pero que mi decisión estaba bien meditada y no había vuelta atrás.

- Si usted era jefa es obvio que no estaba sola ni aislada como enfermera, sino que se había cultivado un buen entorno. ¿Contribuyó a darle más fuerza y cohesión a ese entorno el hecho de que se supiese que es usted católica activa?
-Por supuesto, además por el hecho de ser católica también me dolía mucho que mis enfermeras tuviesen que participar en tan horrendo crimen.

- ¿Cómo fue lo de plantarse y hacer valer su derecho a la objeción de conciencia?
- No fue difícil: cuando estás tan segura de algo, lo demás viene solo.

- ¿Fue difícil que se adhirieran las demás enfermeras?
- La verdad es que no, aunque las cogieron una por una para que no se influenciasen entre ellas. Algunas ya estaban seguras de que no querían participar en esto, y otras estaban dudosas; pero yo creo que conocer mi postura les hizo decantarse por el no.
Además, alguien que ha visto alguna vez un aborto aunque sea involuntario, no ha de tener corazón para querer participar en esto. Es horrible.

- ¿Cómo consiguió vincular la objeción de conciencia en masa con la modificación del concierto por lo que respecta al aborto?
- Cuando la gerencia del hospital vio que ninguna enfermera de quirófano estaba dispuesta a realizar esta "tarea" se le presentó un gran problema: intentó que alguna enfermera de otro departamento pasase a quirófano esos días en concreto, pero había que formarla y eso llevaba tiempo. Además, ¿qué hacía con todas nosotras? Era un problema de difícil solución.

- ¿Tuvo seguimiento por parte del personal médico y el resto de personal del hospital, especialmente la gente con cargo?
- No, no tuve seguimiento, aunque he de decir que me respetaron en todo momento e intentaron buscar una solución para que yo no me fuera del hospital.

- ¿Es consciente de que su paso adelante y su forma de enfrentarse al problema del aborto en su hospital puede sentar precedente y constituirse en modelo a promover? ¿Es consciente de que su actitud valiente y decidida desencadenó un fenómeno sociológico a la pequeñísima escala del hospital, dignísimo de estudio?
- Pues la verdad es que no me lo había planteado así, pero doy gracias a Dios si esto sirve para que alguien se replantee su postura en el trabajo.

- Previamente a todo esto, ¿había creado usted un clima pro vida en el hospital? ¿Cómo lo hizo?
- Pues no mucho, aunque todos conocían mi postura, lo que sí es cierto es que es importantísimo hacerte respetar en tu entorno, intentar siempre ayudar a los demás, no juzgar, no criticar, hacer bien tu trabajo; en fin, intentar siempre actuar como buen cristiano: así consigues el respeto y eso es fundamental a la hora de tomar una decisión así.
- Espero que esto le sirva de algo, quisiera remarcar lo que creo que ha sido más importante en el hecho de que el resto de personal de quirófano se adhiriera a mi postura. Creo que fue fundamental el que me apoyaran en todas mis decisiones antes de llegar a ésta en particular; para esto me las tuve que ir ganando poco a poco en una labor de años. La verdad es que somos un grupo muy unido y ellas son unas excelentes personas y trabajadoras, en esto tengo mucha suerte.

Joven ingeniero que pese a su sufrimientos y frágil salud siempre sonreía.

24 de junio, 2012.(Romereports.com)

Algunos piensan que la santidad es accesible sólo a un grupo selecto de personas que han cambiado definitivamente la historia. Si eso fuera verdad, este ingeniero y profesor universitario tendría pocas posibilidades.
Su ideal de laico era: ser “como María, Cáliz vivo, Portador de Cristo”

El sacerdote Carlos Cox ha investigado la vida corriente del chileno Mario Hiriart y está convencido de que es un santo. Nació en Santiago en 1931 en una familia poco creyente pero en el colegio decidió tomarse en serio la religión.
Gracias a un sacerdote conoció el movimiento de Schoenstatt donde le enseñaron a explotar su talento como estudiante para ayudar a los demás y para encontrarse con Dios.

CARLOS COX DÍAZ-Vicepostulador en Chile: “Curiosamente de su generación, muchos entraron a la primera generación fundadora de los padres de Schoenstatt. Y él obviamente se lo planteó pero vio que su vocación no iba por ese lado sino que su forma de llevar el espíritu de Dios, y de la espiritualidad de Schoenstatt, era a través de su vocación de laico consagrado”.

Con 20 años tuvo una experiencia muy fuerte de Dios a través de la naturaleza en sus excursiones en el Valle de Elqui, en el norte del país. Allí entendió que su vocación era ser laico consagrado de los Hermanos de María, un instituto secular nacido entre los prisioneros de la Alemania nazi.

“Por nacer justamente en un campo de concentración, la idea es: el mundo tiene que ser renovado desde Cristo. No podríamos nosotros enfrentar un mundo si no hay gente que desde Cristo quiere traer lo que nosotros llamaríamos en lenguaje moderno una nueva cultura, una nueva civilización. Eso a él le toca”.
Comenzó a trabajar como ingeniero. La empresa chilena CORFO contrató a economistas e ingenieros de prestigio y él fue uno de ellos.
A pesar de haber entrado tan joven a formar parte de la élite de la ingeniería de su país, vio que desde la universidad podría ayudar a más personas.

“Es contratado en una, se llama, Corporación de Fomento de la Producción, que era el motor de desarrollo chileno de esos años 50-60. Pero al mismo tiempo su vocación le muestra que su anhelo profundo es acercarse al joven que está en un proceso de maduración y crecimiento”.
Dejó el trabajo en la empresa para ser profesor en la Universidad Católica de Chile donde le recuerdan por su entusiasmo y su perpetua sonrisa. Sin embargo, tuvo muchos problemas de salud y no le faltaron las incomprensiones dentro del movimiento Schoenstatt por su intensa dedicación a la enseñanza y a los jóvenes.

En 1964, viajó a Estados Unidos para hablar con el fundador, el padre Joseph Kentenich. Durante su viaje le diagnosticaron cáncer de estómago y falleció un día después de su encuentro con Kentenich, a los 33 años.

Su vida ya está en el Vaticano para ser analizada por un equipo de teólogos como parte del proceso de beatificación. Un joven ingeniero que pese a su sufrimientos y frágil salud siempre sonreía.

Biografía de cuerpo y alma es un libro lleno de vida, la que corre escondida y el lector puede ir descubriendo poco a poco, en la medida que se adentra en el mundo interior de Mario Hiriart. Aquí se recrean las luchas y los sueños de un joven ingeniero chileno, que vivió tan sólo tres décadas, pero cuyo paso dejó huellas en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Milwaukee e, indirectamente, Alemania.
Su camino de crecimiento en la perfección cristiana fue haciéndolo paso a paso, por lo que su mayor grandeza no radicó en el tamaño de sus hazañas o de las obras por él realizadas, sino en la fidelidad y amor puesto en lo pequeño, lo escondido, lo cotidiano. En Mario Hiriart todo alcanza un sentido trascendente-la hermosura de la naturaleza y el más nimio suceso- en virtud de ser, en alguna medida, imagen del Creador y por estar ordenado hacia la eternidad. Mario Hiriart maduró hacia una profunda infancia espiritual fundada en la fuerza asemejadora del amor al Cristo sufriente. Su fe soñaba con hombres nuevos, laicos auténticamente cristianos que forjaran una cultura nueva.
Un nuevo estilo de sociedad, capaz de tomarse en serio esta vida-los compromisos familiares, profesionales y personales de todo orden-, como antesala de la vida eterna. Sin saberlo, se anticipo en años -en espíritu y en verdad-a las enseñanzas del inagotable Concilio Vaticano II. A partir de entonces, la Iglesia entera comenzó a impulsar con fuerza el desafío para los laicos: santos en el mundo; santos en el propio mundo.

VER MAS: www.mariohiriart.cl


sábado, 23 de junio de 2012

Mundo laboral necesita valores cristianos para salir de la crisis

VATICANO, 22 Jun. 12 / 10:57 am (EWTN Noticias).- El Papa Benedicto XVI señaló que el mundo de la economía y del trabajo son ámbitos que no pueden permanecer extraños al mensaje evangélico, sino que al contrario, necesitan de los valores cristianos para enfrentar dificultades actuales como la crisis económica que golpea a varios países, especialmente de Europa.


"La sociedad, la economía, el trabajo no representan ámbitos exclusivamente seculares y mucho menos extraños al mensaje cristiano; son, al contrario, espacios que hay que fecundar con la riqueza espiritual del Evangelio", afirmó ante una delegación de empresarios de la agricultura y la pesca italiana (Coldiretti) con ocasión del congreso de ese organismo cuyo tema es "La agricultura familiar para un desarrollo sostenible".
El Papa dijo que la crisis económica y financiera plantea a los empresarios retos difíciles "que estáis llamados a afrontar como cristianos, cultivando un sentido de responsabilidad, profundo y renovado, dando prueba de solidaridad y de capacidad de compartir. Teniendo en cuenta, además, que en la base de la dificultad actual económica hay una crisis moral, trabajad con solicitud para que las instancias éticas prevalezcan sobre cualquier otra exigencia".

"En este terreno ético, es necesario que la familia, la escuela, el sindicato y cualquier otra institución política, cultural y cívica, desempeñen una importante labor de colaboración (...) sobre todo por lo que se refiere a los jóvenes: están cargados de perspectivas y esperanzas; buscan construir su futuro con generosidad y esperan que los adultos les den ejemplos válidos y propuestas serias. No podemos desilusionarlos", señaló.

Por ello, alentó a los empresarios a proseguir su testimonio evangélico "resaltando los valores que hacen de la actividad laboral una herramienta inapreciable para la convivencia justa y humana", como el respeto de la dignidad de la persona, la búsqueda del bien común, la honradez en la gestión de los servicios, la seguridad alimentaria, la protección del ambiente y la promoción del espíritu de solidaridad.

En ese sentido, dijo que la Iglesia nunca es indiferente "a la calidad de vida de las personas, ni a sus condiciones laborales y advierte la necesidad de cuidar de los seres humanos y de los contextos en que viven y producen, para que sean siempre lugares humanos y humanizadores".

Precisamente en la Coldiretti, indicó el Santo Padre "la enseñanza católica en materia de ética social ha tenido una de sus laboratorios más fértiles, gracias a la intuición y a las amplias miras de su fundador, Paolo Bonomi".

"Ahora es vuestra misión, permaneciendo fieles a los valores adquiridos, dialogar con una sociedad que ha cambiado de aspecto. Que cada uno se comprometa, desde el papel que le corresponde, a sostener los intereses legítimos de las categorías que representa (...) con el fin de valorizar los aspectos más nobles y calificadores de la persona: el sentido del deber, la capacidad de compartir y el espíritu de sacrificio, la solidaridad, el cumplimiento de las justas exigencias del reposo y de la regeneración corporal y, todavía más, espiritual", afirmó.

viernes, 22 de junio de 2012

'En la oración aprendemos a ver los signos del plan misericordioso de Dios'

Meditación de Benedicto XVI en la Audiencia General






CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 20 junio 2012 (ZENIT.org).- La Audiencia General de esta mañana ha tenido lugar a las 10,30 en el Aula Pablo VI, donde Benedicto XVI se encontró con grupos de peregrinos llegados de Italia y del otros países. En el discurso en lengua italiana, el papa, siguiendo su catequesis sobre la oración en las Cartas de san Pablo, centró su meditación en el primer capítulo de la Carta a los Efesios. Ofrecemos el texto de la meditación del papa.

Queridos hermanos y hermanas:

Nuestra oración es muy a menudo, una petición de ayuda en momentos de necesidad. Y esto es normal para el hombre porque necesitamos ayuda, necesitamos de los demás, necesitamos de Dios. Así es que para nosotros es normal pedirle algo a Dios, buscar su ayuda; y debemos tener en cuenta que la oración que el Señor nos enseñó: el "Padre nuestro" es una oración de petición, y con esta oración el Señor nos enseña la importancia de nuestra oración, limpia y purifica nuestros deseos, y de este modo limpia y purifica nuestro corazón. Así es que, si de por sí es algo normal que en la oración pidamos alguna cosa, no debería ser siempre así.

Hay también ocasión para dar gracias, y si estamos atentos, veremos que recibimos de Dios tantas cosas buenas: es tan bueno con nosotros que conviene, es necesario darle gracias. Y esta debe ser también una oración de alabanza: si nuestro corazón está abierto, a pesar de todos los problemas, apreciamos también la belleza de su creación, la bondad que nos muestra en su creación. Por lo tanto, no solo debemos pedirle, sino también alabar y dar gracias: solo así nuestra oración es completa. En sus cartas, san Pablo no habla solo de la oración, sino que también presenta oraciones de petición, oraciones de alabanza y de bendición por lo que Dios ha hecho y sigue realizando en la historia de la humanidad.



Y hoy quisiera detenerme en el primer capítulo de la Carta a los Efesios, que comienza justamente con una oración, que es un himno de bendición, una expresión de gratitud, de alegría. San Pablo bendice a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque en Él nos hizo "conocer el misterio de su voluntad" (Ef. 1,9). En realidad hay razón para dar gracias porque Dios nos hace conocer lo que está oculto: su voluntad con nosotros, para nosotros, "el misterio de su voluntad." "Mysterion", "Misterio": un término que se repite con frecuencia en la sagrada escritura y en la liturgia. No quisiera entrar ahora en la filología, pero en el lenguaje común significa lo que no se puede conocer, una realidad que no podemos abarcar con nuestra propia inteligencia. El himno que abre la Carta a los Efesios nos lleva de la mano hacia un significado más profundo de este término y de la realidad que nos muestra. Para los creyentes, el "misterio" no es tanto lo desconocido, sino sobre todo la voluntad misericordiosa de Dios, su diseño de amor que en Jesucristo se ha revelado plenamente y nos da la posibilidad de "comprender con todos los santos cuál es la anchura y la longitud, la altura y profundidad, y conocer el amor de Cristo" (Ef. 3,18-19).

El "misterio desconocido" de Dios se ha revelado, y es que Dios nos ama, y nos ama desde el principio, desde la eternidad. Detengámonos un poco sobre esta oración solemne y profunda. "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Ef. 1,3). San Pablo utiliza el verbo "euloghein", que normalmente traduce la palabra hebrea "barak": que es alabar, glorificar, dar gracias a Dios Padre como el origen de los bienes de la salvación, como Aquel que "nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo". El Apóstol agradece y alaba, pero también reflexiona sobre las razones que empujan al hombre a esta alabanza, a este agradecimiento presentando los elementos clave del plan divino y sus etapas. En primer lugar tenemos que bendecir a Dios Padre porque --como escribe san Pablo--, Él "nos escogió antes de la creación del mundo para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor" (v. 4). Lo que nos hace santos y sin mancha es la caridad.

Dios nos ha llamado a la existencia, a la santidad. Y esta elección precede incluso a la creación del mundo. Desde siempre hemos estado en su plan, en su mente. Con el profeta Jeremías, podemos decir también nosotros que antes de formarnos en el vientre de nuestra madre, Él ya nos ha conocido (cf. Jr. 1,5); y conociéndonos nos ha amado. La vocación a la santidad, es decir, a la comunión con Dios, pertenece al plan eterno de este Dios, un diseño que se extiende en la historia y abarca a todos los hombres y mujeres del mundo, porque es una llamada universal. Dios no excluye a nadie, su plan es solo de amor. San Juan Crisóstomo dice: "Dios mismo nos ha hecho santos, por lo que estamos llamados a ser santos. Santo es aquel que vive en la fe" (Omelie sulla Lettera agli Efesini, 1,1,4). San Pablo continúa: Dios nos ha predestinado, nos ha elegido para ser "hijos adoptivos por medio de Jesucristo", a ser incorporados en su Hijo unigénito.

El Apóstol pone de relieve la generosidad de este maravilloso plan de Dios para la humanidad. Dios nos escoge no porque seamos buenos, sino porque Él es bueno. En la antigüedad había una palabra sobre la bondad: bonum est diffusivum sui; el bien se comunica, es parte de la esencia del bien que se comunique, que se extienda. Es así porque Dios es la bondad, es la comunicación de la bondad, Él quiere comunicar; Él crea porque quiere comunicarnos su bondad y hacernos buenos y santos. En el centro de la oración de bendición, el Apóstol muestra la forma en que se lleva a cabo el plan de salvación del Padre en Cristo, en su Hijo amado. Escribe: "En él tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia" (Ef. 1,7).
El sacrificio de la cruz de Cristo es el acontecimiento único e irrepetible con el que el Padre ha demostrado brillantemente su amor por nosotros, no solo con palabras, sino en términos concretos. Dios es tan real y su amor es tan real que entra en la historia, se hace hombre para sentir qué es, cómo es vivir en este mundo creado, y acepta el camino de sufrimiento de la pasión, sometido también a la muerte. Así de real es el amor de Dios, que participa no solo en nuestro ser, sino en nuestro sufrir y morir. El sacrificio de la cruz significa que llegamos a ser "propiedad de Dios", porque la sangre de Cristo nos ha rescatado del pecado, nos limpia de todo mal, nos saca de la esclavitud del pecado y de la muerte. San Pablo nos invita a considerar qué tan profundo es el amor de Dios que transforma la historia, que ha transformado su vida de perseguidor de los cristianos a un apóstol incansable del Evangelio. Se hacen eco una vez más, las tranquilizadoras palabras de la Carta a los Romanos: "Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?... Estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm. 8,31-32.38-39). Esta certeza --Dios está por nosotros, y ninguna criatura podrá separarnos de Él, porque su amor es más fuerte--, tenemos que insertarla en nuestro ser, en nuestra conciencia de cristianos. Por último, la bendición divina se cierra con una referencia al Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones; el Paráclito que hemos recibido como un sello prometido: "Él --dice Pablo--, es prenda de nuestra herencia, para redención del Pueblo de su posesión, para alabanza de su gloria" (Ef. 1,14).

La redención no es todavía completa --lo escuchamos--, pero encontrará su plena realización cuando aquellos que Dios ha adquirido sean totalmente salvos. Nosotros todavía estamos en el camino de la redención, cuya realidad esencial se ha dado con la muerte y resurrección de Jesús. Estamos en el camino a la redención definitiva, hacia la plena liberación de los hijos de Dios. Y el Espíritu Santo es la certeza de que Dios llevará a cumplimiento su plan de salvación, cuando conduzca "a Cristo por cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef. 1,10). San Juan Crisóstomo comenta sobre este punto: "Dios nos escogió por la fe y ha marcado en nosotros el sello de la herencia de la gloria futura" (Omelie sulla Lettera agli Efesini 2,11-14). Tenemos que aceptar que el camino de nuestra redención es también nuestro camino, porque Dios quiere criaturas libres, que digan libremente que sí; pero es sobre todo y primero, Su camino. Estamos en sus manos y ahora es nuestra libertad el ir en el camino abierto por Él. Vamos por este camino de la redención, junto con Cristo, y sentimos que la redención se realiza. La visión que nos presenta san Pablo en esta gran oración de bendición, nos ha llevado a contemplar la acción de las tres Personas de la Santísima Trinidad: el Padre que nos ha elegido antes de la fundación del mundo, ha pensado en nosotros y nos ha creado; el Hijo que nos ha redimido por su sangre, y la promesa del Espíritu Santo, prenda de nuestra redención y de la gloria futura.

En la oración constante, en la relación diaria con Dios, aprendemos también nosotros, como san Pablo, a distinguir con más claridad los signos de este diseño y de esta acción: de la belleza del Creador, en la belleza que surge de sus criaturas (cf. Ef 3,9 ), como lo canta san Francisco de Asís: "Alabado sea mi Señor, con todas tus criaturas" (FF 263). Es importante estar atento aún ahora, en el periodo de las vacaciones, a la belleza de la creación y ver revelarse en esta belleza el rostro de Dios. En sus vidas, los santos indican de modo brillante qué puede hacer el poder de Dios en la debilidad del hombre. Y puede hacerlo también con nosotros. En toda la historia de la salvación, en la que Dios se ha hecho cercano a nosotros y espera pacientemente nuestros tiempos, incluyendo nuestras infidelidades, alienta nuestros esfuerzos y nos guía. En la oración aprendemos a ver los signos de este plan misericordioso en el camino de la Iglesia. Así, crecemos en el amor de Dios, abriendo la puerta a fin de que la Santísima Trinidad venga a morar en nosotros, ilumine, caliente, guíe nuestra existencia. "Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él" (Jn. 14,23), dice Jesús, prometiendo a sus discípulos el don del Espíritu Santo, que enseñará todo. San Ireneo dijo una vez que en la Encarnación el Espíritu Santo se ha habituado a estar en el hombre. En la oración, nosotros debemos habituarnos a estar con Dios. Esto es muy importante, que aprendamos a estar con Dios, y así veremos lo hermoso que es estar con Él, que es la redención.

Queridos amigos, cuando la oración alimenta nuestra vida espiritual nos volvemos capaces de conservar aquello que san Pablo llama "el misterio de la fe" en una conciencia pura (cf. 1 Tm. 3,9). La oración como una forma de "acostumbrarse" a estar junto a Dios, crea hombres y mujeres animados no por el egoísmo, del deseo de poseer, de la sed de poder, sino de la gratuidad, del deseo de amar, de la sed por servir, es decir, animados por Dios; y solo así se puede llevar luz a la oscuridad del mundo. Quisiera concluir esta catequesis con el epílogo de la Carta a los Romanos. Con san Pablo, también nosotros damos gloria a Dios porque nos ha dicho todo acerca de sí en Jesucristo y nos ha dado al Consolador, el Espíritu de la verdad. San Pablo escribe al final de la Carta a los Romanos: "A Aquel que puede consolidarlos conforme al Evangelio mío y la predicación de Jesucristo: revelación de un Misterio mantenido en secreto durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por las Escrituras que lo predicen, por disposición del Dios eterno, dado a conocer a todos los gentiles para obediencia de la fe, a Dios, el único sabio, por Jesucristo, ¡a él la gloria por los siglos de los siglos! Amén" (16, 25-27). Gracias.
Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

©Librería Editorial Vaticana

jueves, 21 de junio de 2012

Bloguera atea anuncia en Internet que ahora cree en Dios...

Washington, 21 Jun. 12 / 02:06 pm (ACI/EWTN Noticias).-
Para sorpresa de sus seguidores, la joven bloguera Leah Libresco, conocida por sus escritos sobre ética y religión desde una perspectiva atea, anunció el 8 de junio en su blog "Unequally Yoked" (Yugo Desigual) que ahora cree en Dios y tiene la intención de ingresar a la Iglesia Católica.


"Desde hace varios años, muchos amigos me decían que tenía una filosofía incompatible e insostenible", escribió la autora en su blog anunciando su intención de convertirse.


La escritora de 22 años de edad y graduada de Yale dice que llegó a creer "que la ley moral no era sólo una verdad platónica, abstracta y distante. Resulta que yo creía que era una especie de persona, así como la Verdad. Y hay una religión que parece la forma más prometedora para alcanzar esa verdad viviente".

En los últimos años, la escritora e investigadora -a pesar de su ateísmo- desarrolló un particular interés en la moral cristiana, desarrollada por autores como CS Lewis, GK Chesterton, y Alasdair MacIntyre. Su blog muestra una crónica de su compromiso con las afirmaciones teológicas cristianas.

Criada en un hogar no religioso, Libresco explica en una nota biográfica que en la universidad se reunió por primera vez con los que consideró "cristianos inteligentes" y se vio lista para interrogarlos desde su perspectiva atea, pero encontró que había "algunas lagunas importantes en mi defensa de mis propias posiciones."
"Me di cuenta que no tenía una idea muy clara de lo que el cristianismo implica. Me sentí avergonzada y dije a mis amigos que tenían la oportunidad de convencerme".

A través de su blog, la pensadora trató de probar sus argumentos contra la creencia, y en esta búsqueda "la gente me hizo preguntas difíciles y me obligó a quemar la escoria de mi filosofía."
Su odisea fue personal, filosófica y hasta implicó el fin de una relación amorosa con un cristiano debido a su incompatibilidad de ideas frente al matrimonio.

Leah afirma que exploró en serio las afirmaciones cristianas, a la luz de su propia creencia en conceptos filosóficos, incluyendo la moralidad objetiva.

Tras el anuncio de su conversión, los escritos de su blog en el sitio web Patheos.com, pasaron del "canal ateo" al "canal católico" y puede leerse en http://www.patheos.com/blogs/unequallyyoked/

Calendario del Año de la Fe


CIUDAD DEL VATICANO, jueves 21 junio 2012 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha hecho público hoy en rueda de prensa el calendario de los eventos relativos a la celebración del Año de la Fe, que se extenderá del 11 de octubre del presente año al 24 de noviembre del 2013. Ofrecemos aquí aquellos en los que estará presente el papa Benedicto XVI.

La solemne apertura del Año de la Fe en la plaza de San Pedro el 11 de octubre de 2012, con motivo de los cincuenta del inicio del Vaticano II: Será una misa concelebrada por todos los padres sinodales, los presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo y los padres conciliares aún vivos que puedan participar.

El 21 de octubre de 2012, tendrá lugar la canonización de seis mártires y confesores de la fe: Jacques Barthieu sacerdote jesuita, mártir misionero en Madagascar (1896); Pedro Calungsod laico catequista, mártir en Filipinas (1672); Giovanni Battista Piamarta, sacerdote testigo de la fe en la educación de la juventud (1913); madre Marianne (Barbara Cope) testigo de la fe en el leprosario de Molokai (1918); María del Monte Carmelo, religiosa en España (1911), Catalina Tekakwitha, laica indígena mohawk de Canadá, primera santa piel roja, convertida a la fe católica (1680), y Anna Schäffer, laica bávara, testigo del amor de Cristo desde su lecho de sufrimiento (1925).

25 de enero de 2013. Será la celebración ecuménica en la basílica de San Pablo extramuros con un carácter solemne.

Sábado 2 de febrero, celebración para los consagrados al Señor en religión, en la basílica de san Pedro.

Domingo de Ramos, el 24 de marzo, dedicado a los jóvenes que se preparan a la Jornada Mundial de la Juventud.

Domingo 28 de abril, dedicada a todos los jóvenes que recibieron la Confirmación. El santo padre la conferirá a un pequeño grupo de jóvenes.

Domingo 5 de mayo. Será dedicado a la fe en la piedad popular, una forma peculiar de fe de pueblo y la vida de las cofradías.

La vigilia de Pentecostés, el 18 de mayo, está dedicada a todos los movimientos, antiguos y nuevos, con la peregrinación a la tumba de san Pedro. "En la plaza de San Pedro pediremos al Señor nos envíe aún y con tanta abundancia, su Espíritu para que se renueven los prodigios como en los primeros tiempos de la Iglesia naciente".

La fiesta del Corpus Christi, domingo 2 de junio, con una solemne adoración eucarística que será simultánea en todo el mundo.

El domingo 16 de junio: el testimonio del ‘evangelio de la vida’ en defensa de la dignidad de la persona desde la concepción hasta su muerte natural.

Domingo 7 de julio. En San Pedro, conclusión de la peregrinación de los seminaristas, las novicias y novicios y los que están en camino.

Del 23 al 28 de julio. La Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro.

El 29 de septiembre, dedicado a los catequistas recordará también los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica.

Domingo 13 de octubre, con la presencia de todas las realidades marianas, para indicar que la Virgen María, madre de Dios puede realizar auténticas maravillas.

Domingo 24 de noviembre. Será celebrada la jornada conclusiva del Año de la Fe.
Se realizarán muchas otras iniciativas, como las de los dicasterios que celebrarán los cinquenta del Concilio con diversos congresos e iniciativas culturales.
No faltará grandes eventos de carácter cultural, en el arte, la literatura y en la música, donde tantos hombres y mujeres han expresado su genialidad y su fe. Entre estos la exposición en el Castillo del Santo Ángel del 7 de febrero al 1 de mayo con obras particulares sobre la figura del apóstol Pedro y un gran concierto en la Plaza de San Pedro el sábado 22 de junio.
VER MAS: http://www.romereports.com/palio/vaticano-presenta-los-grandes-eventos-para-el-ano-de-la-fe-spanish-7119.html
La imagen que represente este año será este icono del Cristo de Cefalú y la oración, será el Credo.




lunes, 18 de junio de 2012

Chiara Corbella Petrillo: La joven que murió por retardar el tratamiento de un tumor hasta acabar su embarazo

ROMA, lunes 18 junio 2012 (ZENIT.org).- Este sábado, en la iglesia de Santa Francisca Romana de Roma, se celebró el funeral de la joven Chiara Petrillo, tras un sufrimiento de cerca de dos años provocada por un tumor.

Una ceremonia nada fúnebre, una gran fiesta en la que participaron cerca de mil personas que llenaron la iglesia, cantando, tocando, aplaudiendo desde la entrada del féretro hasta su salida.

Es una historia extraordinaria la de Chiara que se ha difundido por la red, tanto que el video en Youtube ha registrado más de 500 visionados en un solo día.
Esta joven romana de solo 28 años, bella, luminosa, con la sonrisa siempre en los labios, murió por retrasar el tratamiento que habría podido salvarla, con tal de acabar el embarazo de Francisco, un niño esperado desde el primer momento de su matrimonio con Enrico.

No era el primer embarazo de Chiara. Los dos anteriores acabaron con la muerte de los niños, con graves malformaciones, nada más nacer.
Sufrimientos, traumas, sentimiento de desánimo, pero Chiara y Enrico nunca se cerraron a la vida, con lo que tras algún tiempo llegó otro embarazo: Francisco.
Esta vez las ecografías confirmaban la buen salud del niño, sin embargo al quinto mes a Chiara los médicos le diganosticaron una lesión de la lengua que tras una primera intervención, se confirmó ser la peor de las hipótesis: un carcinoma.

Desde entonces, una serie de luchas. Chiara y el marido, sin embargo, no perdieron la fe y “aliándose” con Dios decidieron una vez más decir sí a la vida.

Chiara defendió a Francisco sin pensárselo dos veces y aún corriendo un grave riesgo, retrasó su tratamiento llevando adelante la maternidad. Sólo tras el parto la joven pudo someterse a una nueva intervención quirúrgica más radical y luego a los sucesivos ciclos de quimio y radioterapia.
Francisco nació sano y guapo el 30 de mayo de 2011; pero Chiara, consumida hasta perder incluso la vista del ojo derecho, tras un año, no lo superó. El miércoles pasado, hacia mediodía, rodeada de parientes y amigos, acabó la batalla. Contra el “dragón” que la perseguía, como ella definía el tumor, en referencia a la lectura del Apocalipsis.

Como, sin embargo, se lee en la misma lectura –elegida no por casualidad para la ceremonia fúnebre- una mujer ha vencido al dragón. Chiara, en efecto, habrá perdido su combate terreno pero ha ganado la vida eterna y ha dado a todos un verdadero testimonio de santidad.
“Una segunda Gianna Beretta Molla”, la definió el cardenal vicario de Roma Agostino Vallini, que quiso rendir homenaje con su presencia a Chiara, a la que había conocido hace unos meses junto a Enrico.

“La vida es como un bordado del que vemos el revés, la parte desordenada y llena de hilos –dijo el purpurado--, pero de vez en cuando la fe nos permite ver un borde de la parte derecha”. Es el caso de Chiara, según el cardenal: “Una gran lección de vida, una luz, fruto de un maravilloso designio divino que se nos escapa, pero que existe”.

“Yo no sé lo que Dios ha preparado para nosotros a través de este mujer –añadió- pero es seguramente algo que no podemos perder; por ello recojamos esta herencia que nos recuerda dar el justo valor a cada pequeño o gran gesto cotidiano”.
“Esta mañana estamos viendo, lo que hace dos mil años vivió el centurión, cuando viendo morir a Jesús dijo: Este era verdaderamente el hijo de Dios”, dijo en su homilía fray Vito, joven franciscano, conocido en Asís, que asistió espiritualmente a Chiara y a su familia en el último periodo.

“La muerte de Chiara ha sido el cumplimiento de una plegaria”, añadió. La joven, contó el fraile, “tras la diagnosis médica del 4 de abril que la declaraba 'enferma terminal', pidió un milagro: no la curación, sino de hacer vivir estos momentos de enfermedad y sufrimiento en la paz a ella y a las personas más cercanas”.
“Y nosotros –dijo fray Vito visiblemente emocionado- hemos visto morir a una mujer no sólo serena sino feliz”. Una mujer que vivió gastando su vida por amor a los otros, llegando a confiar a Enrico: “quizá la curación en el fondo no la quiero, un marido feliz y un niño sereno sin la mamá son un testimonio más grande respecto a una mujer que ha superado la enfermedad. Un testimonio que podría salvar a tantas personas...”.

 A esta fe Chiara llegó poco a poco, precisó fray Vito, “siguiendo la regla asumida en Asís por los franciscanos que tanto amaba: pequeños pasos posibles”. Un modo, explicó, “para afrontar el miedo del pasado y del futuro frente a los grandes eventos, y que enseña a empezar por las cosas pequeñas. Nosotros no podemos transformar el agua en vino, pero sí empezar a llenar las tinajas. Chiara creía en esto y esto la ayudó a vivir una buena vida y por tanto una buena muerte, paso a paso”.

Todos los asistentes se llevaron de la iglesia una plantita –por voluntad de Chiara que no quería flores en su funeral sino que cada uno recibiera un regalo- y en el corazón un “pedacito” de este testimonio, orando y pidiendo la gracia a esta joven mujer a la que quizá un día llamarán beata Chiara Corbella.

La ciudadana Feng Jianmei para obligarla a abortar a su segundo bebé...

Washington, 17 Jun. 12 / 02:06 pm (ACI/EWTN Noticias).- Millones de personas en todo el mundo han protestado a través de las redes sociales por la abusiva política del hijo único en China, luego que circulara la imagen de una madre inconsciente junto al cadáver de su bebé abortado a la fuerza a los siete meses de embarazo.

Las autoridades de China investigan el caso ocurrido en la provincia de Shaanxi, en el norte de China, donde la policía se llevó a la fuerza a la ciudadana Feng Jianmei para obligarla a abortar a su segundo bebé porque no pudo pagar a tiempo los 40.000 yuanes (6.200 dólares) con los que el gobierno sanciona a quienes osan tener más de un hijo.

El esposo de Feng publicó en una popular red social china una foto de su hijo muerto por el efecto de una inyección letal que aplicaron directamente en la cabeza del bebé, mientras la madre permanecía atada a la fuerza a una camilla.

Más de medio millón de chinos comentaron el caso deplorando la actitud de las autoridades. El caso se extendió a Facebook y Twitter y ha sido reproducidos por medios de comunicación en todo el mundo.
China instauró a finales de los ‘70s una drástica política de control de la natalidad que incluye abortos y esterilizaciones forzosas. Los que violan la ley y logran tener más de un hijo sufren consecuencias laborales y sociales.

Sobre este tema, Carlos Polo, director para América Latina del Population Research Institute, consideró que hacer visibles estos abusos "es el primer paso de su erradicación".

"Desde la primera visita de nuestro Presidente Steve Mosher a China en 1979, el PRI ha enviado varios equipos de investigación sobre la aplicación de la política de un solo hijo. En el 2009, PRI envió un equipo de investigación de campo a seis condados donde el Fondo de Población de la ONU ayudaba a China a aplicar esta política.
La evidencia de multas impagables como en este caso, represalias contra familiares, persecuciones, abortos tardíos forzados de niños a poco de nacer, etc. se entregaron a funcionarios en Washington y otras capitales con la recomendación de detener el financiamiento de esa organización de control poblacional. Nuestro trabajo ha permitido que se le recorten cientos de millones de dólares que lamentablemente el gobierno de Obama le ha devuelto".

domingo, 17 de junio de 2012

Benedicto XVI: “Queda mucho por hacer en el camino de la renovación litúrgica real”

Hoy se ha clausurado, en Dublin, el 50º Congreso Eucarístico Internacional, con la Santa Misa celebrada por el Cardenal Marc Ouellet, Legado Pontificio. Al final de la celebración, se transmitió el siguiente video-mensaje del Santo Padre Benedicto XVI, en el cual hizo referencia a la reforma litúrgica, al Concilio Vaticano II así como también a la situación actual de la Iglesia en Irlanda. Además, el Papa anunció que el próximo Congreso Eucarístico Internacional se celebrará en Cebu, Filipinas, en el año 2016.


Queridos hermanos y hermanas:

Con gran afecto en el Señor, saludo a todos los que os habéis reunido en Dublín para el 50 Congreso Eucarístico Internacional, en especial al Señor Cardenal Brady, al Señor Arzobispo Martin, al clero, a las personas consagradas, a los fieles de Irlanda y a todos los que habéis venido desde lejos para apoyar a la Iglesia en Irlanda con vuestra presencia y vuestras oraciones.

El tema del Congreso – «La Eucaristía: Comunión con Cristo y entre nosotros» – nos lleva a reflexionar sobre la Iglesia como misterio de comunión con el Señor y con todos los miembros de su cuerpo. Desde los primeros tiempos, la noción de koinonia o communio ha sido central en la comprensión que la Iglesia ha tenido de sí misma, de su relación con Cristo, su Fundador, y de los sacramentos que celebra, sobre todo la Eucaristía. Mediante el Bautismo, se nos incorpora a la muerte de Cristo, renaciendo en la gran familia de los hermanos y hermanas de Jesucristo; por la Confirmación recibimos el sello del Espíritu Santo y, por nuestra participación en la Eucaristía, entramos en comunión con Cristo y se hace visible en la tierra la comunión con los demás.

Recibimos también la prenda de la vida eterna futura.

El Congreso tiene lugar en un momento en el que la Iglesia se prepara en todo el mundo para celebrar el Año de la Fe, para conmemorar el quincuagésimo aniversario del inicio del Concilio Vaticano II, un acontecimiento que puso en marcha la más amplia renovación del rito romano que jamás se haya conocido. Basado en un examen profundo de las fuentes de la liturgia, el Concilio promovió la participación plena y activa de los fieles en el sacrificio eucarístico. Teniendo en cuenta el tiempo transcurrido, y a la luz de la experiencia de la Iglesia universal en este periodo, es evidente que los deseos de los Padres Conciliares sobre la renovación litúrgica se han logrado en gran parte, pero es igualmente claro que ha habido muchos malentendidos e irregularidades. La renovación de las formas externas querida por los Padres Conciliares se pensó para que fuera más fácil entrar en la profundidad interior del misterio. Su verdadero propósito era llevar a las personas a un encuentro personal con el Señor, presente en la Eucaristía, y por tanto con el Dios vivo, para que a través de este contacto con el amor de Cristo, pudiera crecer también el amor de sus hermanos y hermanas entre sí. Sin embargo, la revisión de las formas litúrgicas se ha quedado con cierta frecuencia en un nivel externo, y la «participación activa» se ha confundido con la mera actividad externa. Por tanto, queda todavía mucho por hacer en el camino de la renovación litúrgica real.

En un mundo que ha cambiado, y cada vez más obsesionado con las cosas materiales, debemos aprender a reconocer de nuevo la presencia misteriosa del Señor resucitado, el único que puede dar amplitud y profundidad a nuestra vida. La Eucaristía es el culto de toda la Iglesia, pero requiere igualmente el pleno compromiso de cada cristiano en la misión de la Iglesia; implica una llamada a ser pueblo santo de Dios, pero también a la santidad personal; se ha de celebrar con gran alegría y sencillez, pero también tan digna y reverentemente como sea posible; nos invita a arrepentirnos de nuestros pecados, pero también a perdonar a nuestros hermanos y hermanas; nos une en el Espíritu, pero también nos da el mandato del mismo Espíritu de llevar la Buena Nueva de la salvación a otros. Por otra parte, la Eucaristía es el memorial del sacrificio de Cristo en la cruz; su cuerpo y su sangre instauran la nueva y eterna Alianza para el perdón de los pecados y la transformación del mundo.

Durante siglos, Irlanda ha sido forjada en lo más hondo por la santa Misa y por la fuerza de su gracia, así como por las generaciones de monjes, mártires y misioneros que han vivido heroicamente la fe en el país y difundido la Buena Nueva del amor de Dios y el perdón más allá de sus costas. Sois los herederos de una Iglesia que ha sido una fuerza poderosa para el bien del mundo, y que ha llevado un amor profundo y duradero a Cristo y a su bienaventurada Madre a muchos, a muchos otros. Vuestros antepasados en la Iglesia en Irlanda supieron cómo esforzarse por la santidad y la constancia en su vida personal, cómo proclamar el gozo que proviene del Evangelio, cómo inculcar la importancia de pertenecer a la Iglesia universal, en comunión con la Sede de Pedro, y la forma de transmitir el amor a la fe y la virtud cristiana a otras generaciones. Nuestra fe católica, imbuida de un sentido radical de la presencia de Dios, fascinada por la belleza de su creación que nos rodea y purificada por la penitencia personal y la conciencia del perdón de Dios, es un legado que sin duda se perfecciona y se alimenta cuando se lleva regularmente al altar del Señor en el sacrificio de la Misa.

La gratitud y la alegría por una historia tan grande de fe y de amor se han visto recientemente conmocionados de una manera terrible al salir a la luz los pecados cometidos por sacerdotes y personas consagradas contra personas confiadas a sus cuidados. En lugar de mostrarles el camino hacia Cristo, hacia Dios, en lugar de dar testimonio de su bondad, abusaron de ellos, socavando la credibilidad del mensaje de la Iglesia. ¿Cómo se explica el que personas que reciben regularmente el cuerpo del Señor y confiesan sus pecados en el sacramento de la penitencia hayan pecado de esta manera? Sigue siendo un misterio. Pero, evidentemente, su cristianismo no estaba alimentado por el encuentro gozoso con Cristo: se había convertido en una mera cuestión de hábito. El esfuerzo del Concilio estaba orientado a superar esta forma de cristianismo y a redescubrir la fe como una amistad personal profunda con la bondad de Jesucristo. El Congreso Eucarístico tiene un objetivo similar. Aquí queremos encontrarnos con el Señor resucitado. Le pedimos que nos llegue hasta lo más hondo. Que al igual que sopló sobre los Apóstoles en la Pascua infundiéndoles su Espíritu, derrame también sobre nosotros su aliento, la fuerza del Espíritu Santo, y así nos ayude a ser verdaderos testigos de su amor, testigos de la verdad. Su verdad es su amor. El amor de Cristo es la verdad.

Mis queridos hermanos y hermanas, ruego que el Congreso sea para cada uno de vosotros una experiencia espiritualmente fecunda de comunión con Cristo y su Iglesia. Al mismo tiempo, me gustaría invitaros a uniros a mí en la oración, para que Dios bendiga el próximo Congreso Eucarístico Internacional, que tendrá lugar en 2016 en la ciudad de Cebú. Envío un caluroso saludo al pueblo de Filipinas, asegurando mi cercanía en la oración durante el periodo de preparación a este gran encuentro eclesial. Estoy seguro de que aportará una renovación espiritual duradera, no sólo a ellos, sino también a todos los participantes del mundo entero. Ahora, encomiendo a todos los participantes en este Congreso a la protección amorosa de María, Madre de Dios, y a san Patricio, el gran Patrón de Irlanda, a la vez que, como muestra de gozo y paz en el Señor, os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

BENEDICTUS PP. XVI




Mons. Gómez pide restaurar “cultura de familia” en Día del Padre

LOS ANGELES, 16 Jun. 12 / 04:33 pm (ACI).- El Arzobispo de Los Ángeles (Estados Unidos), Mons. José Gómez, dirigió un mensaje por el Día del Padre en el que alentó a los fieles a restaurar la "cultura de familia" y superar la crisis de paternidad porque "hace mucho más difícil llevar a la gente a Dios nuestro Padre".

"Nosotros debemos hacer todo lo que podamos para restaurar una ‘cultura de familia’ en nuestra sociedad. Necesitamos hacer más para celebrar a las mamás y los papás y para apoyar las familias en nuestras parroquias. Necesitamos hablar sobre la belleza del matrimonio a nuestros hijos, desde una edad muy joven", afirmó el Prelado en una nota enviada a ACI Prensa.

Mons. Gómez advirtió que actualmente muchos padres están ausentes de la vida de sus hijos y que en el caso de Estados Unidos casi la mitad de los niños nacen de madres que no están casadas con los padres biológicos. "Más de un tercio de los niños norteamericanos no han sido criados en la misma casa que sus padres", indicó.
Además, dijo que a esto se debe sumar la existencia de "fuertes fuerzas en nuestra sociedad" que difunden la ideología de género para hacer creer que ser hombre o mujer "es solo un ‘accidente’ de nacimiento y no importa de quién somos realmente. Quieren hacernos creer que la maternidad, la paternidad y el matrimonio no son realidades naturales, sino solamente arbitrarias ‘construcciones sociales’".

Ante esto, Mons. Gómez recordó que Dios "envió a su único hijo para nacer de su Espíritu en el seno de una madre y para que creciera en una familia con una madre y un padre".
"Jesús nos enseñó a relacionarnos con Dios como Él lo hizo. Con el afecto de un niño. Con la confianza de un niño de que su padre siempre provee", señaló.

Asimismo, añadió, Cristo "estableció su Iglesia para ser su ‘esposa’ y para ser la madre de todos los que creen en Él", y llamó "a sus sacerdotes a ser padres espirituales, que engendran nuevos hijos de Dios desde la fuente del Bautismo y los alimenta con el Pan de la vida".
"Cada uno de nosotros, es un hijo de Dios. Él nos creó a imagen de nuestro Padre, como los niños se asemejan a sus padres", afirmó.
Por ello, dijo que la crisis de paternidad y la familia hace mucho más difícil llevar a la gente a Dios porque "¿cómo pueden ellos entender esas hermosas realidades, si no tienen ningún contacto con sus padres, o si nunca han tenido la experiencia de la vida tradicional de familia?"

Mons. Gómez recordó la advertencia del Papa Benedicto XVI de que "la ausencia de un padre, el problema de un padre que no está presente en la vida del hijo, es un gran problema de nuestro tiempo, y por lo tanto, se vuelve muy difícil entender el profundo significado de lo que quiere decir que Dios es un Padre para nosotros."
El Prelado señaló que por ello es importante que los padres dediquen tiempo y amor a sus hijos, sin importar la edad que tengan.

"Oremos esta semana por todos los padres: nuestros padres naturales y nuestros padres espirituales, nuestros sacerdotes. Pidamos a San José que los guíe. Y pidamos a María, la madre de la familia de Dios, que nos ayude a todos a crecer como hijos de Dios", expresó.

Para leer la columna de Mons. Gómez puede ingresar a: http://www.aciprensa.com/josegomez/

¡FELIZ DIA DEL PADRE PARA TODOS!

martes, 12 de junio de 2012

Carta a los sacerdotes: ministros de la misericordia de Dios

Jornada Mundial de Oración para la Santificación del Clero


CARTA A LOS SACERDOTES

Queridos Sacerdotes:

En la próxima solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el 15 de junio de 2012, celebraremos, como de costumbre, la “Jornada Mundial de Oración para la Santificación del Clero”.
La expresión de la Escritura «Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1Ts 4, 3), aunque vaya dirigida a todos los cristianos, se refiere e n modo particular a nosotros, los sacerdotes, que hemos aceptado no sólo la invitación a “santificarnos”, sino también a convertirnos en “ministros de santificación” para nuestros hermanos.

Esta “voluntad de Dios”, en nuestro caso, por decirlo así, se ha doblado y multiplicado al infinito, tanto que a ella podemos y debemos obedecer en cada acción ministerial que llevamos a cabo.
Este es nuestro estupendo destino: no podemos santificarnos sin trabajar para la santidad de nuestros hermanos, y no podemos trabajar para la santidad de nuestros hermanos sin que antes hayamos trabajado y trabajemos para nuestra santidad.

Al introducir a la Iglesia en el nuevo milenio, el Beato Juan Pablo II nos recordaba la normalidad de este “ideal de perfección”, que debe ofrecerse en seguida a todos: «Preguntar a un catecúmeno: “¿quieres recibir el bautismo?”, significa al mismo tiempo preguntarle: “¿quieres ser santo?”» 1.

Ciertamente, en el día de nuestra Ordenación sacerdotal, esta misma pregunta bautismal resonó de nuevo en nuestro corazón, pidiendo una vez más nuestra respuesta personal; pero se nos ha confiado para que supiésemos dirigirla también a nuestros fieles, custodiando su belleza y preciosidad.
La conciencia de nuestros incumplimientos personales no contradice esta persuasión, como tampoco lo hacen las culpas de algunos que, a veces, han humillado el sacerdocio a los ojos del mundo.

A distancia de diez años —considerando que las noticias difundidas se agravan — debemos dejar que resuenen de nuevo en nue stro corazón, con mayor fuerza y urgencia, las palabras que Juan Pablo II nos dirigió el Jueves Santo del año 2002: «Además, en cuanto sacerdotes, nos sentimos en estos momentos personalmente conmovidos en lo más íntimo por los pecados de algunos hermanos nuestros que han traicionado la gracia recibida con la Ordenación, cediendo incluso a las peores
manifestaciones del mysterium iniquitatis que actúa en el mundo. Se provocan así escándalos graves, que llegan a crear un clima denso de sospechas sobre todos los demás sacerdotes beneméritos, que ejercen su ministerio con honestidad y coherencia, y a veces con caridad heroica. Mientras la Iglesia expresa su propia solicitud por las víctimas y se esfuerza por responder con justicia y verdad a cada situación penosa, todos nosotros —conscientes de la debilidad humana, pero confiando en el poder salvador de la gracia divina — estamos llamados a abrazar el mysterium Crucis y a comprometernos aún más en la búsqueda de la santidad. Hemos de orar para que Dios, en su providencia, suscite en los corazones un generoso y renovado impulso de ese ideal de entrega total a Cristo que está en la base del ministerio sacerdotal»2.

Como ministros de la misericordia de Dios, sabemos, por tanto, que la búsqueda de la santidad siempre se puede retomar, a partir del arrepentimiento y el perdón. Pero a la vez sentimos la necesidad de pedirlo, cada sacerdote, en nombre de todos los sacerdotes y para todos los sacerdotes.

Refuerza nuestra confianza la invitación que la propia Iglesia nos dirige a cruzar nuevamente el umbral de la Porta fidei, acompañando a todos nuestros fieles. Sabemos que este es el título de la Carta apostólica con la cual el Santo Padre Benedicto XVI convocó el Año de la Fe que comenzará el próximo 12 de octubre de 2012.
Una reflexión sobre las circunstancias de esta invitación nos puede ayudar.

Se sitúa en el 50° aniversario de la apertura del Concilio ecuménico Vaticano II (11 de octubre de 1962) y en el 20° aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica (11 de octubre de 1992). Además, para el mes de octubre de 2012, se ha convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos sobre el tema de "La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana".
Se nos pedirá, pues, trabajar en profundidad sobre cada uno de estos “capítulos”:

– sobre el Concilio Vaticano II, a fin de que sea de nuevo acogido com o «la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX»: “Una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza ”, “una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”4;

– sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, para que realmente se acoja y se utilice «como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial y como una regla segura para la enseñanza de la fe»5;

– sobre la preparación del próximo Sínodo de los Obispos, para que sea realmente «una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe »6.

Por ahora —como introducción a todo el trabajo— podemos meditar brevemente sobre esta indicación del Pontífice, en la cual todo converge: «Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19).
Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe».7

“Los hombres de cada generación”, “todos los pueblos de la tierra”, “nueva evangelización”: ante este horizonte tan universal, sobre todo nosotros, los sacerdotes, debemos preguntarnos cómo y dónde estas afirmaciones pueden unirse y consistir.

Podemos, pues, comenzar recordando que ya el Catecismo de la Iglesia Católica se abre con un abrazo universal, reconociendo que “El hombre es «capaz» de Dios”8; pero lo hace eligiendo —como su primera cita— este texto del Concilio ecuménico Vaticano II: «La razón más alta (“eximia ratio”) de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. El hombre es invitado al diálogo con Dios desde su nacimiento; pues no existe sino porque, creado por Dios por amor (“ex amore”), es conservado siempre por amor (“ex amore”); y no vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor y se entrega a su Creador . Sin embargo, muchos de nuestros contemporáneos no perciben de ninguna manera esta unión íntima y vital con Dios o la rechazan explícitamente » (“hanc intimam ac vitalem coniunctionem cum Deo”)9.

¿Cómo olvidar que, con el texto que acabamos de citar —precisamente en la riqueza de las formulaciones escogidas— los Padres conciliares querían dirigirse directamente a los ateos, afirmando la inmensa dignidad de la vocación, de la que se habían alejado como hombres? ¡Y lo hacían con las mismas palabras que sirven para describir la experiencia cristiana, en el culmen de su intensidad mística!

También la Carta apostólica Porta Fidei inicia afirmando que esta «introduce en la vida de comunión con Dios », lo que significa que nos permite adentrarnos directamente en el misterio central de la fe que debemos profesar: «Profesar la fe en la Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— equivale a creer en un solo Dios que es Amor» (ibídem, n. 1).
Todo esto debe resonar de modo especial en nuestro corazón y en nuestra inteligencia, para que seamos conscientes de cuál es hoy el drama más grave de nuestros tiempos.

Las naciones cristianizadas ya no sienten la tentación de ceder a un ateísmo genérico (como en el pasado), sino que corren el riesgo de ser víctimas de ese particular ateísmo que viene de haber olvidado la belleza y el calor de la Revelación Trinitaria.
Hoy son sobre todo los sacerdotes, en su adoración diaria y en su ministerio diario, quienes deben encauzarlo todo hacia la Comunión Trinitaria: sólo a partir de esta y adentrándose en esta, los fieles pueden descubrir verdaderamente el rostro del Hijo de Dios y su contemporaneidad, y pueden verdaderamente llegar al corazón de todo hombre y a la patria a la cual todos están llamados. Y sólo así los sacerdotes podemos ofrecer de nuevo a los hombres de hoy la dignidad del ser persona, el sentido de las relaciones humanas y de la vida social, y la finalidad de toda la creación.

“Creer en un solo Dios que es Amor”: no será realmente posible ninguna nueva evangelización si los cristianos no somos capaces d e sorprender y conmover nuevamente al mundo con el anuncio de la Naturaleza de Amor de Nuestro Dios, en las Tres Divinas Personas que la expresan y que nos hacen partícipes de su misma vida.
El mundo de hoy, con sus laceraciones cada vez más dolorosas y preocupantes, necesita al Dios-Trinidad, y anunciarlo es la tarea de la Iglesia.


La Iglesia, para poder desempeñar esta tarea, debe permanecer indisolublemente abrazada a Cristo y no dejar nunca que se le separe de Él: necesita santos que vivan “en el corazón de Jesús” y sean testigos felices del Amor Trinitario de Dios. ¡Y los Sacerdotes, para servir a la Iglesia y al mundo, necesitan ser santos!

ORACIÓN POR LA SANTA IGLESIA Y POR LOS SACERDOTES

Oh Jesús mío, te ruego por toda la Iglesia:

concédele el amor y la luz de tu Espíritu

y da poder a las palabras de los sacerdotes

para que los corazones endurecidos

se ablanden y vuelvan a ti, Señor.

Señor, danos sacerdotes santos;

Tú mismo consérvalos en la santidad.

Oh Divino y Sumo Sacerdote,

que el poder de tu misericordia

los acompañe en todas partes y los proteja

de las trampas y asechanzas del demonio,

que están siendo tendidas incesantemente para las almas de los sacerdotes.

Que el poder de tu misericordia,

oh Señor, destruya y haga fracasar

lo que pueda empañar la santidad de los sacerdotes,

ya que tú lo puedes todo.

Oh mi amadísimo Jesús,

te ruego por el triunfo de la Iglesia,

por la bendición para el Santo Padre y todo el clero,

por la gracia de la conversión de los pecadores empedernidos.

Te pido, Jesús, una bendición especial y luz

para los sacerdotes,

ante los cuales me confesaré durante toda mi vida.

(Santa Faustina Kowalska)










lunes, 11 de junio de 2012

Comenzó el Congreso Eucarístico Internacional en Dublín

DUBLÍN, lunes 11 junio 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos el texto de la homilía pronunciada por el cardenal Marc Ouellet --prefecto de la Congregación para los Obispos y legado de Benedicto XVI en el 50 Congreso Eucarístico Internacional de Dublín--, en la Solemne Misa de Apertura de este evento.
*****
Saludo con afecto a todos vosotros, aquí presentes: a mis hermanos obispos y sacerdotes, a los consagrados y consagradas, y a los muchos fieles de Irlanda y del mundo que han venido aquí para este Congreso Eucarístico Internacional. Como legado de nuestro amado santo padre, papa Benedicto XVI, quiero agradecer en forma especial al arzobispo Diarmuid Martin y a sus muchos colaboradores, que han trabajado muy duro para organizar este importante evento, como también a las autoridades civiles por su valiosa cooperación. Yo agradezco especialmente a los sacerdotes por su amor y coraje en este difícil tiempo de purificación en la vida de la Iglesia.

Es muy oportuno que, en la Providencia de Dios, este encuentro tenga lugar aquí en Irlanda. Es un país conocido por su belleza natural, su hospitalidad y su rica cultura, pero muy especialmente por su larga tradición de fidelidad a la fe católica. La fuerte historia de fidelidad de Irlanda ha enriquecido no sólo estas tierras sino también, a través de sus hijos e hijas misioneros, ha ayudado a llevar el Evangelio a muchos otros, lejos de aquí.

Ahora la Iglesia en Irlanda está sufriendo y enfrentando muchos nuevos y serios desafíos para la fe. Siendo bien conscientes de estos desafíos, nosotros nos volvemos a Nuestro Señor, que renueva, sana y fortalece la fe de Su pueblo. Sé, por mi propia experiencia del último Congreso Eucarístico Internacional en la ciudad de Quebec, que un evento como éste trae muchas bendiciones a la Iglesia local y a todos los participantes, incluyendo a aquellos que lo sostienen a través de la oración, el trabajo voluntario y la solidaridad. Y por eso rezamos con confianza en el Señor Eucarístico para que esta 50º edición de este gran evento de la Iglesia universal traiga una muy especial bendición para Irlanda en estos tiempos turbulentos y para todos vosotros.

Hemos venido aquí como familia de Dios, llamada por Él a escuchar su Santa Palabra, a recordar lo que somos a la luz de historia de la salvación y a responder a Dios por medio de la mayor y más sublime oración que jamás se haya conocido en el mundo: la Sagrada Eucaristía. Que el Espíritu Santo nos ayude a ser plenamente conscientes de cuán bendecidos y privilegiados somos.

El libro del Éxodo nos recuerda la alianza de Dios con Su pueblo. La alianza estaba basada en la palabra proclamada por Moisés al pueblo y sellada con la sangre derramada sobre el altar y sobre el pueblo: “Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con vosotros” (Ex. 24, 8). El pueblo formalmente prometió su obediencia diciendo: “Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho” (Ex. 24, 7).
La sangre es uno de los símbolos más importantes en la Biblia. La sangre significa vida, y la vida pertenece a Dios. Desde el principio, a los hombres les está prohibido derramar la sangre de otros hombres ya que tal acción los corrompe y los pone fuera de la presencia de Dios y de su amistad.

Conscientes del dominio de Dios sobre la vida, y muy especialmente sobre la vida humana, la gente de la mayor parte de las religiones ha ofrecido oraciones y sacrificios a Dios con el fin de obtener Su favor o compensar acciones de muerte. En el pueblo elegido de Israel, esta búsqueda de redención y purificación alcanza su culmen en Jesucristo, el Mediador de la nueva alianza.

Leemos en la Carta a los Hebreos: “¡cuánto más la sangre de Cristo, que por obra del Espíritu eterno se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para permitirnos tributar culto al Dios viviente!” (Hebreos 9, 14).
La sangre de Cristo tiene este poder de redención y purificación porque es una sangre derramada por perfecto amor por Dios y por la humanidad, una sangre divina que lleva la alianza a la perfección, no sólo para Israel sino para todos los pueblos.

En la última Cena, Jesús, después de consagrar el pan en Su Cuerpo, tomó el cáliz, volvió a dar gracias y se lo dio a sus discípulos diciendo: “Éste es el cáliz de mi sangre, la sangre de la nueva y eterna alianza, que será derramada por vosotros y por muchos” (Mc. 14, 24). “Derramada por muchos”, en lugar de “derramada por todos”, es una traducción más fiel del texto original, pero esto no quiere sugerir que el sacrificio de Jesús por todos los pueblos esté de alguna manera restringido. De hecho, el único sacrifico de Cristo ofrece salvación a todos y cada uno de los hombres. No sabemos, ni nos corresponde saber, si algunos o muchos rechazarán Su gracia al final. Sin embargo, nosotros rezamos para que la voluntad de Dios para la salvación de todos sea cumplida.

Queridos hermanos y hermanas, nosotros nos hemos reunido hoy aquí en esta Solemnidad del Corpus Domini como un símbolo de la Iglesia universal, venidos aquí desde todos los rincones de la tierra para celebrar el memorial de la nueva y eterna alianza en la sangre de Cristo.
Nuestra reunión es un acto de fe en la Sagrada Eucaristía, el tesoro de la Iglesia, que es esencial para su vida y para nuestra comunión como hermanos y hermanas en Cristo. La Iglesia vive de la Eucaristía, ella recibe su propia identidad del don del Cuerpo de Cristo. En comunión con Su Cuerpo, la Iglesia se convierte en lo que ella recibe: se convierte en un solo cuerpo con Él en el Espíritu de la nueva y eterna alianza. ¡Qué gran y maravilloso misterio! ¡Un misterio de amor!

El Señor resucitado ha desaparecido de nuestra vista pero Su amor está más cerca que nunca. Su Cuerpo resucitado ha adquirido nueva libertad y nuevas propiedades que hacen posible la maravilla de la Sagrada Eucaristía. Por el poder de Su divina palabra y Espíritu, Él convierte el pan y el vino realmente en Su Cuerpo y Sangre. Como nos enseña el papa San León Magno: “La divina presencia de nuestro Redentor ha pasado a los sacramentos” (Sermo 2 de Ascensione 1- 4: PL 54, 397-399).

Cuando recibimos la Comunión, el Espíritu del Señor presente en el Cuerpo de Cristo pasa a nuestros corazones y a nuestros cuerpos, haciéndonos un nuevo cuerpo eclesial, el cuerpo místico del Señor. Este cuerpo eclesial es nuestra más profunda identidad. Cada domingo y cada día especial de fiesta nosotros vamos a la iglesia a encontrarnos con el Señor resucitado, a fortalecer nuestro vínculo de amor con Él por la participación en la Sagrada Eucaristía. Si bien a los ojos del mundo puede parecer que nos reunimos por razones sociales o según nuestras tradiciones religiosas y culturales, de hecho somos convocados juntos por el mismo Señor, el Señor de la alianza nueva y eterna, que quiere que seamos un solo cuerpo con Él en una real y fiel alianza de amor.

A estas reuniones nosotros venimos como somos, pobres pecadores, y es posible que no siempre tengamos la adecuada disposición para recibir la Comunión. Pero, como nos recuerda el documento preparatorio para este Congreso Eucarístico, todos son capaces de vivir lo que se llama “comunión espiritual”, en el sentido de un acto de alabanza en el que cada uno se une a la dinámica de entrega personal que se celebra en la Misa (cfr. The Eucharist: Communion with Christ and with oneanother, n. 121).
Incluso cuando no se recibe la Comunión sacramental, nosotros podemos compartir en la gracia que fluye del Cuerpo y Sangre de Cristo a Su cuerpo eclesial. Esta participación consciente y activa significa pertenecer a un solo cuerpo y recibir de él amor, paz, esperanza y coraje para seguir adelante, aceptando nuestra propia cuota de sufrimiento. El Papa Benedicto nos dice: “Aun cuando no es posible acercarse a la Comunión sacramental, la participación en la santa Misa sigue siendo necesaria, válida, significativa y fructuosa” (Sacramentum Caritatis, n. 55).

Por lo tanto, abrámonos a la Palabra de Dios, que nos está llamando a ser más fieles colaboradores de la nueva alianza. Seamos más conscientes del inconmensurable don de la Sagrada Eucaristía. Dios merece mucha más adoración y gratitud por este regalo de amor.
Que nuestro testimonio de amor mutuo y servicio a nuestros hermanos y hermanas sea una humilde proclamación de la buena noticia de la Sagrada Eucaristía.

El Ipad y sus equivalentes no deben ser usados en la liturgia

Wellington (Nueva Zelanda) , 11 Jun. 12 (AICA)


Los obispos de Nueva Zelanda realizaron una singular advertencia al clero, posible solamente por la penetración cada vez mayor de las nuevas tecnologías: durante la liturgia, los presbíteros deben hacer uso de los libros impresos dispuestos para tal fin y no utilizar ayudas tecnológicas como las tabletas o los celulares inteligentes.

“Todos los credos tienen libros sagrados que son reservados para aquellos rituales y actividades que están en el corazón de la fe”, señalaron los prelados, quienes advirtieron que esta realidad es palpable también dentro de la Iglesia Católica: “el Misal Romano es uno de nuestros libros sagrados. Su forma física es un indicador de su papel especial en el culto”.

Los obispos no demeritaron el valor que los nuevos aparatos electrónicos pueden tener para actividades de la vida diaria de los presbíteros y reconocieron que algunos de ellos son “excelentes para propósitos de estudio”.

Sin embargo aclararon que “el Ipad (la popular tableta electrónica) y sus equivalentes, los lectores de libros electrónicos y los teléfonos móviles no deben ser usados por el sacerdote en la liturgia”.+





domingo, 10 de junio de 2012

LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA, EXPERIENCIA DE SER IGLESIA

ROMA, jueves 7 junio 2012 (ZENIT.org).- A las 19 horas de este jueves, Solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, el santo padre Benedicto XVI celebró la Santa Misa ante la basílica de San Juan de Letrán. Presidió luego la procesión eucarística que, recorriendo via Merulana, llegó hasta la basílica de Santa María la Mayor. Publicamos la homilía que el papa dirigió a los fieles en el curso de la celebración eucarística.



¡Queridos hermanos y hermanas!

Esta tarde querría meditar con vosotros sobre dos aspectos, entre ellos conectados, del Misterio eucarístico: el culto de la Eucaristía y su sacralidad.

Es importante volverlos a tomar en consideración para preservarlos de visiones no completas del Misterio mismo, como aquellas que se han dado en el reciente pasado.

Sobre todo, una reflexión sobre el valor del culto eucarístico, en particular de la adoración del Santísimo Sacramento. Es la experiencia que también esta tarde viviremos tras la Misa, antes de la procesión, durante su desarrollo y al término. Una interpretación unilateral del Concilio Vaticano II ha penalizado esta dimensión, restringiendo en práctica la Eucaristía al momento celebrativo. En efecto, ha sido muy importante reconocer la centralidad de la celebración, en la que el Señor convoca a su pueblo, lo reúne en torno a la doble mesa de la Palabra y del Pan de vida, lo nutre y lo une a Sí en la ofrenda del Sacrificio. Esta valorización de la asamblea litúrgica, en la que el Señor actúa y realiza su misterio de comunión, sigue siendo naturalmente válida, pero debe resituarse en el justo equilibrio. En efecto –como a menudo sucede- para subrayar un aspecto se acaba por sacrificar otro. En este caso, la acentuación sobre la celebración de la Eucaristía ha ido en detrimento de la adoración, como acto de fe y de oración dirigido al Señor Jesús, realmente presente en el Sacramento del altar. Este desequilibrio ha tenido repercusiones también sobre la vida espiritual de los fieles. En efecto, concentrando toda la relación con Jesús Eucaristía en el único momento de la Santa Misa, se corre el riesgo de vaciar de su presencia el resto del tiempo y del espacio existenciales. Y así se percibe menos el sentido de la presencia constante de Jesús en medio de nosotros y con nosotros, una presencia concreta, cercana, entre nuestras casas, como “Corazón latiente” de la ciudad, del país, del territorio con sus diversas expresiones y actividades. El Sacramento de la Caridad de Cristo debe permear toda la vida cotidiana.

En realidad es equivocado contraponer la celebración y la adoración, como si estuvieran en competencia. Es justo lo contrario: el culto del Santísimo Sacramento es como el “ambiente” espiritual dentro del que la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. Sólo si es precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración, la acción litúrgica puede expresar su pleno significado y valor. El encuentro con Jesús en la Santa Misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que El, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa, y luego, después de que la asamblea se ha disuelto, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión, recogiendo nuestro sacrificios espirituales y ofreciéndolos al Padre.

En este sentido, me gusta subrayar la experiencia que viviremos esta tarde juntos. En el momento de la adoración, estamos todos al mismo nivel, de rodillas ante el Sacramento del Amor. El sacerdocio común y el ministerial se encuentran unidos en el culto eucarístico. Es una experiencia muy bella y significativa, que hemos vivido diversas veces en la basílica de San Pedro, y también en las inolvidables vigilias con los jóvenes, recuerdo por ejemplo las de Colonia, Londres, Zagreb y Madrid. Es evidente a todos que estos momentos de vela eucarística preparan la celebración de la Santa Misa, preparan los corazones al encuentro, de manera que este resulta incluso más fructuoso. Estar todos en silencio prolongado ante el Señor presente en su Sacramento, es una de las experiencias más auténticas del nuestro ser Iglesia, que se acompaña en modo complementario con la de celebrar la Eucaristía, escuchando la Palabra de Dios, cantando, acercándose juntos a la mesa del Pan de vida. Comunión y contemplación no se pueden separar, van juntos. Para comunicar verdaderamente con otra persona debo conocerla, saber estar en silencio cerca de ella, escucharla, mirarla con amor. El verdadero amor y la verdadera amistad viven siempre de esta reciprocidad de miradas, de silencios intensos, elocuentes, plenos de respeto y veneración, de manera que el encuentro se viva profundamente, de modo personal y no superficial. Y lamentablemente, si falta esta dimensión, incluso la misma comunión sacramental puede llegar a ser, por nuestra parte, un gesto superficial. En cambio, en la verdadera comunión, preparada por el coloquio de la oración y de la vida, podemos decir al Señor palabras de confianza, como las que han resonado hace poco en el Salmo responsorial: “Yo soy tu siervo, hijo de tu esclava:/ tu has roto mis cadenas./ Te ofreceré un sacrificio de alabanza/ e invocaré el nombre del señor” (Sal 115,16-17).
Ahora querría pasar brevemente al segundo aspecto: la sacralidad de la Eucaristía. También aquí hemos sufrido en el pasado reciente un cierto malentendido del mensaje auténtico de la Sagrada Escritura. La novedad cristiana respecto al culto ha sido influenciada por una cierta mentalidad secular de los años sesenta y setenta del siglo pasado. Es verdad, y sigue siendo siempre válido, que el centro del culto ya no está en los ritos y en los sacrificios antiguos, sino en Cristo mismo, en su persona, en su vida, en su misterio pascual. Y sin embargo de esta novedad fundamental no se debe concluir que lo sacro no exista ya, sino que ha encontrado su cumplimiento en Jesucristo, Amor divino encarnado. La Carta a los Hebreos, que hemos escuchado esta tarde en la segunda lectura, nos habla precisamente de la novedad del sacerdocio de Cristo, “sumo sacerdote de los bienes futuros” (Heb 9,11), pero no dice que el sacerdocio se haya acabado. Cristo “es mediador de una alianza nueva” (Heb 9,15), establecida en su sangre, que purifica “nuestra conciencia de las obras de muerte” (Heb 9,14). El no ha abolido lo sagrado, sino que lo ha llevado a cumplimiento, inaugurando un nuevo culto, que es sí plenamente espiritual pero que sin embargo, mientras estamos en camino en el tiempo, se sirve todavía de signos y ritos, que desaparecerán sólo al final, en la Jerusalén celeste, donde no habrá ya ningún templo (cfr Ap 21,22). Gracias a Cristo, la sacralidad es más verdadera, más intensa, y, como sucede para los mandamientos, ¡también más exigente! No basta la observancia ritual, sino que se exige la purificación del corazón y la implicación de la vida.

Me gusta también subrayar que lo sacro tiene una función educativa, y su desaparición inevitablemente empobrece la cultura, en especial la formación de las nuevas generaciones. Si, por ejemplo, en nombre de una fe secularizada y no necesitada ya de signos sacros, fuera abolida esta procesión ciudadana del Corpus Domini, el perfil espiritual de Roma resultaría “aplanado”, y nuestra conciencia personal y comunitaria quedaría debilitada. O pensemos en una madre o un padre que, en nombre de una fe desacralizada, privaran a sus hijos de toda ritualidad religiosa: en realidad acabarían por dejar el campo libre a los tantos sucedáneos presentes en la sociedad de los consumos, a otros ritos y otros signos, que más fácilmente podrían convertirse en ídolos. Dios, nuestro Padre, no ha hecho así con la humanidad: ha enviado a su Hijo al mundo no para abolir, cino para dar cumplimiento también a lo sacro. En el culmen de esta misión, en la Última Cena, Jesús instituyó el Sacramento pascual. Actuando así se puso a sí mismo en el lugar de los sacrificios antiguos, pero hizo dentro de un rito, que mandó a los apóstoles perpetuar, como signo supremo del verdadero Sacro, que es El mismo. Con esta fe, queridos hermanos y hermanas, celebramos hoy y cada día el Misterio eucarístico y lo adoramos como centro de nuestra vida y corazón del mundo. Amén.