domingo, 25 de junio de 2017

2017.06.25 Angelus Domini: Papa: ¡No teman! nos dice aún hoy Jesús

(RV).- El Papa Francisco, en la cita para el rezo del Ángelus, reiteró que el Señor nos sigue diciendo, como les decía a sus discípulos: ¡No tengan miedo!
Una vez más, el Papa señaló que también en nuestros días está presente en el mundo la persecución contra los cristianos. E invitó a rezar por nuestros hermanos y hermanas perseguidos, alabando a Dios por su valiente testimonio de fidelidad a la fe. «Su ejemplo nos ayuda a no dudar en tomar posición en favor de Cristo».
Con el Evangelio del XII domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre recordó las palabras de Jesús instruyendo a sus discípulos para misionar, diciéndoles tres veces ¡No teman!
Aunque «el envío a la misión de parte de Jesús no garantiza a los discípulos el éxito, así como no los pone a salvo de fracasos y de sufrimientos» y «ellos tienen que tener en cuenta tanto la posibilidad del rechazo, como la de la persecución», subrayó el Obispo de Roma, que habló también de las diversas formas de pruebas que se pueden presentar en el anuncio del Evangelio algunas «aparentemente» tranquilas.
Introduciendo el rezo mariano dominical, el Papa invocó a la Virgen María, «modelo de humilde y valiente adhesión a la Palabra de Dios», para que «nos ayude a comprender que en el testimonio de la fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad a Cristo, reconociendo en cualquier circunstancia, también las más problemáticas, el don inestimable de ser sus discípulos misioneros».
(CdM – RV)
Voz y texto completo de las palabras del Papa:
 
«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy (cfr Mt 10, 26-33) el Señor Jesús, después de haber llamado y enviado en misión a sus discípulos, los instruye y los prepara a afrontar las pruebas y las persecuciones que deberán encontrar. Ir en misión no es hacer turismo, y Jesús advierte a los suyos: ‘Encontrarán persecuciones’. Los exhorta así: ‘No tengan miedo de los hombres. No hay nada oculto que no deba ser revelado (…)  Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día. (…) Y no teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma’ (26-28). Y no tengan miedo de aquellos que solamente pueden matar el cuerpo y no tienen el poder de matar el alma.
El envío a la misión de parte de Jesús no garantiza a los discípulos el éxito, así como no los pone a salvo de fracasos y de sufrimientos. Ellos tienen que tener en cuenta tanto la posibilidad del rechazo, como la de la persecución. Esto asusta un poco, pero es la verdad.
El discípulo está llamado a conformar su propia vida a Cristo, que ha sido perseguido por los hombres, ha conocido el rechazo, el abandono y la muerte en la cruz. No existe la misión cristiana en tranquilidad plena; no existe la misión cristiana en tranquilidad plena. Las dificultades y las tribulaciones forman parte de la obra de evangelización y nosotros estamos llamados a encontrar en ellas la ocasión para verificar la autenticidad de nuestra fe y de nuestra relación con Jesús. Debemos considerar estas dificultades como la posibilidad para ser aún más misioneros y para crecer en aquella confianza en Dios, nuestro Padre, que no abandona a sus hijos en la hora de la tempestad. En las dificultades del testimonio cristiano en el mundo, nunca somos olvidados, sino que siempre estamos asistidos por la solicitud premurosa del Padre. Por ello, en el Evangelio de hoy, Jesús asegura tres veces a sus discípulos diciendo: ‘¡No teman!’ ¡No tengan miedo!
También en nuestros días, hermanos y hermanas, está presente la persecución contra los cristianos. Nosotros oramos por nuestros hermanos y hermanas que son perseguidos y nosotros alabamos a Dios porque, a pesar de ello, siguen testimoniando con valentía y fidelidad su fe. Su ejemplo nos ayuda a no dudar en tomar posición en favor de Cristo, testimoniándolo con valentía en las situaciones de cada día, aun en contextos aparentemente tranquilos. En efecto, una forma de prueba puede ser también la ausencia de hostilidades y de tribulaciones. Además de ‘como ovejas entre lobos’, el Señor, también en nuestro tiempo, nos manda como centinelas en medio de la gente que no quiere que la despierten del adormecimiento mundano, que ignora las palabras de Verdad del Evangelio, construyéndose sus propias verdades efímeras. Y si vamos allí o vivimos allí y decimos las Palabras del Evangelio, esto incomoda y no nos mirarán bien.
Pero en todo ello el Señor nos sigue diciendo, como les decía a los discípulos de su tiempo: ‘¡No teman!’. No olviden esta palabra: siempre, cuando tengamos alguna tribulación, alguna persecución, algo que nos haga sufrir, escuchemos la voz de Jesús en nuestro corazón: ‘¡No tengan miedo! ‘¡No tengas miedo: sigue adelante! ¡Yo estoy contigo! No tengan miedo del que se burla de ustedes y los maltrata, y no tengan miedo del que los ignora o del que por delante los honra y luego por la espalda combate contra el Evangelio. Hay tantos que por delante te sonríen, pero por la espalda combaten contra el Evangelio. Todos los conocemos. Jesús no nos deja solos porque somos preciosos para Él. Por ello no nos deja solos: cada uno de nosotros es precioso para Jesús, y nos acompaña.
Que la Virgen María, modelo de humilde y valiente adhesión a la Palabra de Dios, nos ayude a comprender que en el testimonio de la fe no cuentan los éxitos, en el testimonio de la fe no cuentan los éxitos, sino la fidelidad; la fidelidad a Cristo, reconociendo en cualquier circunstancia, también las más problemáticas, el don inestimable de ser sus discípulos misioneros»

viernes, 23 de junio de 2017

Hay que hacerse pequeños para escuchar la voz del Señor...


recordó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.  
El Señor nos ha elegido, se “ha implicado con nosotros en el camino de la vida” y “nos ha dado a su Hijo y la vida de su Hijo por nuestro amor”. Aludiendo a la Primera Lectura del día tomada del libro del Deuteronomio, en que Moisés dice que Dios nos ha elegido para ser su pueblo de entre todos los pueblos de la tierra, Francisco explicó el modo de alabar a Dios porque “en el corazón de Jesús nos da la gracia de celebrar con alegría los grandes misteriosde nuestra salvación, de su amor por nosotros”, es decir, celebrando “nuestra fe”.
De modo especial el Pontífice se detuvo en dos palabras contenidas en el pasaje bíblico, a saber: elegir y pequeñez. De la primera dijo que no hemos sido nosotros quienes lo elegimos a Él, sino que es Dios quien se ha hecho “nuestro prisionero”:
“Se ha ligado a nuestra vida, no puede separarse. ¡Ha jugado fuertemente! Y permanece fiel en esta actitud. Hemos sido elegidos por amor y ésta es nuestra identidad. ‘Yo he elegido esta religión, he elegido…’: No, tú no has elegido. Es Él quien te ha elegido a ti, te ha llamado y se ha unido. Y ésta es nuestra fe. Si nosotros no creemos esto, no entendemos lo que es el mensaje de Cristo, no comprendemos el Evangelio”.
En cuanto a la segunda palabra, el Obispo de Roma recordó que Moisés especifica que el Señor ha elegido al pueblo de Israel porque es “el más pequeño de todos los pueblos”:
“Se ha enamorado de nuestra pequeñez y por esto nos ha elegido. Él elige a los pequeños: no a los grandes, a los pequeños. Y Él se revela a los pequeños: ‘Has escondido estas cosas a los sabios y a los doctos y las has revelado a los pequeños’. Él se revela a los pequeños: si tú quieres comprender algo del misterio de Jesús, abájate: hazte pequeño. Reconoce que eres nada. Y no sólo elige y se revela a los pequeños, sino que llama a los pequeños: ‘Vengan a mí, todos ustedes que están cansados y oprimidos: yo les daré descanso’. Ustedes que son los más pequeños, por los sufrimientos, por el cansancio… Él elige a los pequeños, se revela a los pequeños y llama a los pequeños. Pero, ¿a los grandes no los llama? Su corazón está abierto, pero los grandes no logran oír su voz porque están llenos de sí mismos. Para escuchar la voz del Señor, es necesario hacerse pequeños”.
De este modo, se llega al misterio del corazón de Cristo, que no es, “como alguien dice” – recordó el Papa Francisco – una “imagencita” para los devotos: el corazón traspasado de Cristo es “el corazón de la revelación, el corazón de nuestra fe porque Él se ha hecho pequeño, ha elegido este camino”.
El Santo Padre subrayó que la elección de humillarse a sí mismo y de “anonadarse hasta la muerte” en la Cruz “es una elección hacia la pequeñez para que la gloria de Dios se manifieste”. Del cuerpo de Cristo traspasado por el soldado con una lanza “salió sangre y agua” – agregó el Papa – y “éste es el misterio de Cristo”, en esta celebración de un “corazón que ama, que elige, que es fiel” y que “se une a nosotros, se revela a los pequeños, llama a los pequeños, se hace pequeño”:
Creemos en Dios, sí; sí, también en Jesús, sí… – ‘¿Jesús es Dios?’ – ‘Sí’. Y el misterio es éste. Ésta es la manifestación, ésta es la gloria de Dios. Fidelidad al elegir, al unirse y pequeñez también para sí mismo: llegar a ser pequeño, anonadarse. El problema de la fe es el núcleo de nuestra vida: podemos ser tan, tan virtuosos, pero con nada o poca fe; debemos comenzar desde aquí, del misterio de Jesucristo que nos ha salvado con su fidelidad”.
Francisco concluyó pidiendo al Señor que nos conceda la gracia de celebrar en el corazón de Jesucristo “las grandes gestas, las grandes obras de la salvación, las grandes obras de la redención”.

La Espiritualidad Jesuita en la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús - A...

miércoles, 21 de junio de 2017

El Papa: nos sostiene la presencia poderosa de la mano de Dios...


(RV).- “Que el Señor nos conceda la gracia de ser santos, de convertirnos en imágenes de Cristo para este mundo, tan necesitado de esperanza, de personas que rechazando el mal, aspiren a la caridad y a la fraternidad”.
Fue el deseo que expresó el Santo Padre al saludar a los peregrinos de nuestro idioma – que se dieron cita en la Plaza de San Pedro – para participar en la Audiencia General del tercer miércoles de junio.
Prosiguiendo con su ciclo de catequesis dedicado a la esperanza cristiana, en esta ocasión el Papa Francisco reflexionó acerca de los santos, en su calidad de testigos y compañeros de esperanza. Y lo hizo a partir de un pasaje de la Carta a los Hebreos que define a esta compañía que nos rodea como “una verdadera nube de testigos”.
Hablando en italiano el Pontífice comenzó recordando que en el día de nuestro Bautismo resonó para nosotros la invocación de los santos. De manera que a partir de aquella primera vez se nos regala esta compañía de hermanos y hermanas “mayores”, que transitaron por el mismo camino, que conocieron nuestras mismas fatigas y que viven ahora para siempre en el abrazo de Dios.
Después de afirmar que los cristianos, en su combate contra el mal, no se desesperan, el Sucesor de Pedro explicó que el cristianismo cultiva una confianza tal que no le permite creer que las fuerzas negativas y disgregadoras puedan prevalecer. De hecho – afirmó textualmente –  “la última palabra sobre la historia del hombre no es el odio, no es la muerte, y no es guerra”. No. Porque en cada momento de la vida nos asiste la mano de Dios, y también la discreta presencia de todos los creyentes que nos precedieron con el signo de la fe.
Francisco también expresó que nos consuela saber que no estamos solos, que la Iglesia está hecha de innumerables hermanos, con frecuencia anónimos, que nos han precedido y que por la acción del Espíritu Santo están implicados en las vicisitudes de quien aún vive en la tierra.
Por otra parte, el Santo Padre recordó que también cuando una pareja consagra su amor en el Sacramento del Matrimonio, se invoca sobre los novios la intercesión de los santos. Y, de la misma manera, los sacerdotes custodian el recuerdo de una invocación de los santos pronunciada sobre ellos en el momento de la liturgia de ordenación, en el que los candidatos se extienden en el suelo.
Al concluir esta reflexión el Papa Bergoglio dijo que “somos polvo que aspira al cielo”. E invocó del Señor la gracia de creer en él y llegar a ser imagen de Cristo para este mundo, aceptando incluso el sufrimiento.