viernes, 5 de octubre de 2012

El Card. Bergoglio llamó a cruzar el umbral de la fe y anunciarla

Buenos Aires (AICA): El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, consideró que en este Año de la Fe, próximo a comenzar, es necesario recuperar la imagen de puertas abiertas que es “símbolo de luz, amistad, alegría, libertad, confianza”, y contraria a la de puertas cerradas por la inseguridad tan común en estos tiempos.

Queridos hermanos:


Entre las experiencias más fuertes de las últimas décadas está la de encontrar puertas cerradas. La creciente inseguridad fue llevando, poco a poco, a trabar puertas, poner medios de vigilancia, cámaras de seguridad, desconfiar del extraño que llama a nuestra puerta. Sin embargo, todavía en algunos pueblos hay puertas que están abiertas. La puerta cerrada es todo un símbolo de este hoy. Es algo más que un simple dato sociológico; es una realidad existencial que va marcando un estilo de vida, un modo de pararse frente a la realidad, frente a los otros, frente al futuro. La puerta cerrada de mi casa, que es el lugar de mi intimidad, de mis sueños, mis esperanzas y sufrimientos así como de mis alegrías, está cerrada para los otros. Y no se trata sólo de mi casa material, es también el recinto de mi vida, mi corazón. Son cada vez menos los que pueden atravesar ese umbral. La seguridad de unas puertas blindadas custodia la inseguridad de una vida que se hace más frágil y menos permeable a las riquezas de la vida y del amor de los demás.

La imagen de una puerta abierta ha sido siempre el símbolo de luz, amistad, alegría, libertad, confianza. ¡Cuánto necesitamos recuperarlas! La puerta cerrada nos daña, nos anquilosa, nos separa.

Iniciamos el Año de la fe y paradójicamente la imagen que propone el Papa es la de la puerta, una puerta que hay que cruzar para poder encontrar lo que tanto nos falta. La Iglesia, a través de la voz y el corazón de Pastor de Benedicto XVI, nos invita a cruzar el umbral, a dar un paso de decisión interna y libre: animarnos a entrar a una nueva vida.
La puerta de la fe nos remite a los Hechos de los Apóstoles: “Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe” (Hechos 14,27). Dios siempre toma la iniciativa y no quiere que nadie quede excluido. Dios llama a la puerta de nuestros corazones: Mira, estoy a la puerta y llamo, si alguno escucha mi voz y abre la puerta entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo (Ap. 3, 20). La fe es una gracia, un regalo de Dios. “La fe sólo crece y se fortalece creyendo; en un abandono continuo en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios”

Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida mientras avanzamos delante de tantas puertas que hoy en día se nos abren, muchas de ellas puertas falsas, puertas que invitan de manera muy atractiva pero mentirosa a tomar camino, que prometen una felicidad vacía, narcisista y con fecha de vencimiento; puertas que nos llevan a encrucijadas en las que, cualquiera sea la opción que sigamos, provocarán a corto o largo plazo angustia y desconcierto, puertas autorreferenciales que se agotan en sí mismas y sin garantía de futuro. Mientras las puertas de las casas están cerradas, las puertas de los shoppings están siempre abiertas. Se atraviesa la puerta de la fe, se cruza ese umbral, cuando la Palabra de Dios es anunciada y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Una gracia que lleva un nombre concreto, y ese nombre es Jesús. Jesús es la puerta. (Juan 10:9) “Él, y Él solo, es, y siempre será, la puerta. Nadie va al Padre sino por Él. (Jn. 14.6)” Si no hay Cristo, no hay camino a Dios. Como puerta nos abre el camino a Dios y como Buen Pastor es el Único que cuida de nosotros al costo de su propia vida.

Jesús es la puerta y llama a nuestra puerta para que lo dejemos atravesar el umbral de nuestra vida. No tengan miedo… abran de par en par las puertas a Cristo nos decía el Beato Juan Pablo II al inicio de su pontificado. Abrir las puertas del corazón como lo hicieron los discípulos de Emaús, pidiéndole que se quede con nosotros para que podamos traspasar las puertas de la fe y el mismo Señor nos lleve a comprender las razones por las que se cree, para después salir a anunciarlo. La fe supone decidirse a estar con el Señor para vivir con él y compartirlo con los hermanos.

Damos gracias a Dios por esta oportunidad de valorar nuestra vida de hijos de Dios, por este camino de fe que empezó en nuestra vida con las aguas del bautismo, el inagotable y fecundo rocío que nos hace hijos de Dios y miembros hermanos en la Iglesia. La meta, el destino o fin es el encuentro con Dios con quien ya hemos entrado en comunión y que quiere restaurarnos, purificarnos, elevarnos, santificarnos, y darnos la felicidad que anhela nuestro corazón.

Queremos dar gracias a Dios porque sembró en el corazón de nuestra Iglesia Arquidiocesana el deseo de contagiar y dar a manos abiertas este don del Bautismo. Este es el fruto de un largo camino iniciado con la pregunta ¿Cómo ser Iglesia en Buenos Aires? transitado por el camino del Estado de Asamblea para enraizarse en el Estado de Misión como opción pastoral permanente.

Iniciar este año de la fe es una nueva llamada a ahondar en nuestra vida esa fe recibida. Profesar la fe con la boca implica vivirla en el corazón y mostrarla con las obras: un testimonio y un compromiso público. El discípulo de Cristo, hijo de la Iglesia, no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. Desafío importante y fuerte para cada día, persuadidos de que el que comenzó en ustedes la buena obra la perfeccionará hasta el día, de Jesucristo. (Fil.1:6) Mirando nuestra realidad, como discípulos misioneros, nos preguntamos: ¿a qué nos desafía cruzar el umbral de la fe?

Cruzar el umbral de la fe nos desafía a descubrir que si bien hoy parece que reina la muerte en sus variadas formas y que la historia se rige por la ley del más fuerte o astuto y si el odio y la ambición funcionan como motores de tantas luchas humanas, también estamos absolutamente convencidos de que esa triste realidad puede cambiar y debe cambiar, decididamente porque “si Dios está con nosotros ¿quién podrá contra nosotros? (Rom. 8:31,37)

Cruzar el umbral de la fe supone no sentir vergüenza de tener un corazón de niño que, porque todavía cree en los imposibles, puede vivir en la esperanza: lo único capaz de dar sentido y transformar la historia. Es pedir sin cesar, orar sin desfallecer y adorar para que se nos transfigure la mirada.

Cruzar el umbral de la fe nos lleva a implorar para cada uno “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp. 2, 5) experimentando así una manera nueva de pensar, de comunicarnos, de mirarnos, de respetarnos, de estar en familia, de plantearnos el futuro, de vivir el amor, y la vocación.

Cruzar el umbral de la fe es actuar, confiar en la fuerza del Espíritu Santo presente en la Iglesia y que también se manifiesta en los signos de los tiempos, es acompañar el constante movimiento de la vida y de la historia sin caer en el derrotismo paralizante de que todo tiempo pasado fue mejor; es urgencia por pensar de nuevo, aportar de nuevo, crear de nuevo, amasando la vida con “la nueva levadura de la justicia y la santidad”. (1 Cor 5:8)

Cruzar el umbral de la fe implica tener ojos de asombro y un corazón no perezosamente acostumbrado, capaz de reconocer que cada vez que una mujer da a luz se sigue apostando a la vida y al futuro, que cuando cuidamos la inocencia de los chicos garantizamos la verdad de un mañana y cuando mimamos la vida entregada de un anciano hacemos un acto de justicia y acariciamos nuestras raíces.

Cruzar el umbral de la fe es el trabajo vivido con dignidad y vocación de servicio, con la abnegación del que vuelve una y otra vez a empezar sin aflojarle a la vida, como si todo lo ya hecho fuera sólo un paso en el camino hacia el reino, plenitud de vida. Es la silenciosa espera después de la siembra cotidiana, contemplar el fruto recogido dando gracias al Señor porque es bueno y pidiendo que no abandone la obra de sus manos. (Sal 137)

Cruzar el umbral de la fe exige luchar por la libertad y la convivencia aunque el entorno claudique, en la certeza de que el Señor nos pide practicar el derecho, amar la bondad, y caminar humildemente con nuestro Dios. (Miqueas 6:8)

Cruzar el umbral de la fe entraña la permanente conversión de nuestras actitudes, los modos y los tonos con los que vivimos; reformular y no emparchar o barnizar, dar la nueva forma que imprime Jesucristo a aquello que es tocado por su mano y su evangelio de vida, animarnos a hacer algo inédito por la sociedad y por la Iglesia; porque “El que está en Cristo es una nueva criatura”. (2 Cor 5,17-21)

Cruzar el umbral de la fe nos lleva a perdonar y saber arrancar una sonrisa, es acercarse a todo aquel que vive en la periferia existencial y llamarlo por su nombre, es cuidar las fragilidades de los más débiles y sostener sus rodillas vacilantes con la certeza de que lo que hacemos por el más pequeño de nuestros hermanos al mismo Jesús lo estamos haciendo. (Mt. 25, 40)


Cruzar el umbral de la fe supone celebrar la vida, dejarnos transformar porque nos hemos hecho uno con Jesús en la mesa de la eucaristía celebrada en comunidad, y de allí estar con las manos y el corazón ocupados trabajando en el gran proyecto del Reino: todo lo demás nos será dado por añadidura. (Mt. 6.33)

Cruzar el umbral de la fe es vivir en el espíritu del Concilio y de Aparecida, Iglesia de puertas abiertas no sólo para recibir sino fundamentalmente para salir y llenar de evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestros tiempo.

Cruzar el umbral de la fe para nuestra Iglesia Arquidiocesana, supone sentirnos confirmados en la Misión de ser una Iglesia que vive, reza y trabaja en clave misionera.

Cruzar el umbral de la fe es, en definitiva, aceptar la novedad de la vida del Resucitado en nuestra pobre carne para hacerla signo de la vida nueva.

Meditando todas estas cosas miremos a María, que Ella, la Virgen Madre, nos acompañe en este cruzar el umbral de la fe y traiga sobre nuestra Iglesia en Buenos Aires el Espíritu Santo, como en Nazaret, para que igual que ella adoremos al Señor y salgamos a anunciar las maravillas que ha hecho en nosotros.


Card. Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires
1 de octubre de 2012. Fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús

El Papa concede indulgencia plenaria por el Año de la Fe

Ciudad de Vaticano : El papa Benedicto XVI concederá a los fieles la indulgencia plenaria con motivo del Año de la Fe que será válida desde su apertura (11 de octubre de 2012 hasta su clausura, 24 de noviembre de 2013), según informa el decreto hecho público este viernes 5 de octubre firmado por el cardenal Manuel Monteiro de Castro y por el obispo Krzysztof Nykiel, respectivamente penitenciario mayor y regente de la Penitenciaría Apostólica.


“En el día del 50º aniversario de la solemne apertura del Concilio Vaticano II -dice el texto- el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha establecido el inicio de un Año particularmente dedicado a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación, con la lectura o, mejor, la piadosa meditación de los Actos del Concilio y de los artículos del Catecismo de la Iglesia Católica”.

“Ya que se trata, ante todo, de desarrollar en grado sumo -por cuanto sea posible en esta tierra- la santidad de vida y de obtener, por lo tanto, en el grado más alto la pureza del alma, será muy útil el gran don de las indulgencias que la Iglesia, en virtud del poder conferido de Cristo, ofrece a quienes, con las debidas disposiciones, cumplen las prescripciones especiales para conseguirlas”.

“Durante todo el Año de la Fe -convocado del 11 de octubre de 2012 al 24 de noviembre de 2013- podrán conseguir la Indulgencia plenaria de la pena temporal por los propios pecados impartida por la misericordia de Dios, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, todos los fieles verdaderamente arrepentidos, debidamente confesados, que hayan comulgado sacramentalmente y que recen según las oraciones del pontífice:

A)Cada vez que participen al menos en tres momentos de predicación durante las Sagradas Misiones, o al menos, en tres lecciones sobre los Actos del Concilio Vaticano II y sobre los artículos del Catecismo de la Iglesia en cualquier iglesia o lugar idóneo.

B)Cada vez que visiten en peregrinación una basílica papal, una catacumba cristiana o un lugar sagrado designado por el Ordinario del lugar para el Año de la Fe (por ejemplo basílicas menores, santuarios marianos o de los apóstoles y patronos) y participen en una ceremonia sacra o, al menos, se recojan durante un tiempo en meditación y concluyan con el rezo del padrenuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima, las invocaciones a la Virgen María y, según el caso, a los santos apóstoles o patronos.
C) Cada vez que en los días determinados por el Ordinario del lugar para el Año de la Fe, participen en cualquier lugar sagrado en una solemne celebración eucarística o en la liturgia de las horas, añadiendo la Profesión de fe en cualquier forma legítima.

D) Un día, elegido libremente, durante el Año de la Fe, para visitar el baptisterio o cualquier otro lugar donde recibieron el sacramento del Bautismo, si renuevan las promesas bautismales de cualquier forma legítima.

Los obispos diocesanos o eparquiales y los que están equiparados a ellos por derecho, en los días oportunos o con ocasión de las celebraciones principales, podrán impartir la Bendición Papal con la Indulgencia plenaria a los fieles.
El documento concluye recordando que los fieles que "por enfermedad o justa causa" no puedan salir de casa o del lugar donde se encuentren, podrán obtener la indulgencia plenaria, si “unidos con el espíritu y el pensamiento a los fieles presentes, particularmente cuando las palabras del Sumo Pontífice o de los obispos diocesanos se transmitan por radio o televisión, recen, allí donde se encuentren, el padrenuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima y otras oraciones conformes a la finalidad del Año de la Fe ofreciendo sus sufrimientos o los problemas de su vida”.+


jueves, 4 de octubre de 2012

«Ser Iglesia Misionera, prioridad renovada »

OCTUBRE es en la Iglesia el mes de las MISIONES y este año, viene cargado con varios acontecimientos que tienen una clara significación misionera. Se cumplen 50 años del inicio del Concilio Vaticano II.
Así mismo el Papa Benedicto XVI nos convoca al Año de la Fe y la realización del Sínodo de Obispos sobre la Nueva Evangelización que se celebrará en la Santa Sede.
 
El Papa destaca en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones, el carácter misionero del Concilio Vaticano II por la presencia y participación de Iglesias jóvenes del 3er. Mundo. Estas, representadas por Obispos de África, Asia y América Latina, eran el fruto de testimonios misioneros que han sembrado el Evangelio en esas tierras, que en ese entonces ya tenían una entidad propia y vitalidad. Esta realidad llevo a la reflexión y a implantar una Eclesiología misionera como lo menciona Benedicto XVI. Uno de los frutos es el decreto conciliar Ad-Gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia.
Este documento fue fruto de largos y fecundos años de acción misionera de la Iglesia en pueblos y continentes que aún no conocían a Cristo. Fue inspirador de un fecundo magisterio posterior de los Papas Pablo VI, Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI y también iluminó a conferencias continentales y nacionales para asumir el desafío de una Nueva Evangelización.
En América Latina tenemos el acontecimiento de Aparecida: es un hito reciente en esta proyección misionera de nuestra fe y nos plantea, como comunidad eclesial, el llamado a una conversión pastoral en clave misionera que nos lleve a vivir como Iglesia en estado de Misión permanente.
Este espíritu debe atravesar toda la pastoral de las Iglesias, renovándola y proponiendo acciones programáticas de misión, no solo de eventos misioneros, sino que es un llamado a la “conversión pastoral” donde estamos implicados todos como Iglesia. Nos corresponde en primer lugar a los Obispos, pero en este llamado urgente están incluidos todos los bautizados, ya que somos “discípulos-misioneros” de Jesucristo.
En este sentido el Papa en su mensaje afirma “para un Pastor, pues, el mandato de predicar el Evangelio no se agota en la atención por la parte del Pueblo de Dios que se le ha confiado a su cuidado pastoral…Debe implicar todas las actividades de la Iglesia local, todos sus sectores y en resumidas cuentas, todo su ser y su trabajo.” Esto puede traducirse cuando DA habla de “conversión pastoral”. Es el desafío constante de “dejar estructuras caducas” o estilos pasivos o de conservación: cuando son muchedumbres inmensas las que aún no conocen el amor de Dios manifestado en Jesucristo, o de tantos que abandonaron nuestras comunidades. Es una conversión que toca al corazón de la Iglesia: en sus responsables pastorales y en todos los proyectos y realizaciones. Es un cambio de estilo y de actitud, ya que implica “salir de uno mismo, de lo que se hace habitualmente y de las seguridades que nos brindan nuestros lugares y grupos; es un llamado a desinstalarnos.
 
“…el inmenso horizonte de la misión de la Iglesia, la complejidad de la situación actual, requieren hoy nuevas formas para poder comunicar eficazmente la Palabra de Dios” Verbum Domini, 97. Para comunicar la novedad del Evangelio debemos “recomenzar desde Cristo”: convertir las actividades de la Iglesia en espacios donde el anuncio kerigmático, conduzca a un “encuentro con Cristo como Persona viva, que colma la sed del corazón y que nos impulse a compartir con otros el gozo de esta presencia y de hacerla conocer, para que todos la puedan experimentar.” Cuando se logra esto se renueva la fe en Jesús y en su Reino, se siente más hondamente el vacío, la soledad, el abandono y marginación de tantos hermanos. Se siente compasión verdadera y se quiere comunicar lo vivido. Esto lleva a superar fronteras. Ya no podemos quedarnos tranquilos.
El llamado urgente a renovar nuestro compromiso misionero no puede estar ausente la “misión ad-gentes, según el Papa “debe ser el horizonte constante y el paradigma en todas las actividades eclesiales.” ¿Cómo despertar ese interés misionero en nuestras diócesis, parroquias, congregaciones y movimientos? Esto es la tarea específica de los Equipos Diocesanos de ANIMACION MISIONERA.
Una manera es dar a conocer acerca de misioneros/as principalmente de nuestro país que están trabajando y sirviendo en tierras de misión ya que “Nadie ama lo que no conoce”.
¿Conocemos misioneros argentinos que están dando su vida en tierras y pueblos de misión? ¿Tenemos algún contacto personal o comunitario con ellos? ¿Como publicitamos en nuestras comunidades las actividades de estos misioneros?
La vida de santos misioneros despertó muchas vocaciones de consagración a la misión. El conocimiento de nuestros misioneros despierta interés, deseos de colaboración y porque no pensar que pueden ser instrumentos de nuevas vocaciones misioneras. Hay testimonios maravillosos de misioneros: válidos para nuestra juventud y para nuestras familias. Cuando conocemos sus vidas, su acción, su pasión por el Reino, sus grandes necesidades, nacen deseos de ayudar, de rezar por ellos, de comunicarnos para alentarlos y surgen laicos y familias, que después de un sincero discernimiento van a la misión ad-gentes: colaborando con misioneros que ya están en esos frentes.
Corremos con el riesgo de encerrarnos en nuestros horizontes reducidos y perdemos la dimensión universal del llamado de Jesús: “vayan a todos los pueblos de la tierra”. Somos pocos los evangelizadores para tantas necesidades y urgencias entre nosotros. Vuelve a la memoria lo que nos decía el Documento de Puebla: “debemos dar desde nuestra pobreza”. Muchos que han hecho esa opción, en medio de necesidades locales, y hoy el Señor ha bendecido a esas comunidades con nuevas vocaciones y florecimiento de las comunidades eclesiales: tanto diocesanos como de la vida consagrada.
Que María, Reina de las Misiones, nos alcance la gracia de renovar nuestro fervor misionero para que el Señor nos lleve hacia nuestros hermanos hambrientos de Pan, Verdad y Amor, aquí y mas allá de las fronteras.

Mons. Vicente Bokalic, MC.
Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones (CEA)

miércoles, 3 de octubre de 2012

San Juan de Ávila ayudará a reevangelizar una sociedad "de espaldas a Dios"

MADRID, 03 Oct. 12 / 11:02 am (Europa Press).- La figura y el pensamiento de San Juan de Ávila, santo español del siglo XVI que este domingo será declarado Doctor de la Iglesia Universal por el Papa Benedicto XVI en Roma coincidiendo con la apertura del Sínodo de los Obispos, puede ayudar a marcar el camino de la Nueva Evangelización, pues él ya reevangelizó la Andalucía de su siglo, y también a favorecer el diálogo entre religiones, según han afirmado los expertos en la vida y obra del santo.


En declaraciones a Europa Press, la postuladora de la causa del Doctorado de San Juan de Ávila en representación de la Conferencia Episcopal Española (CEE), María Encarnación González, apuntó que, aunque Juan de Ávila viviera hace 500 años, es "tremendamente actual" porque fue "un gran evangelizador".

Según relató, San Juan nació cuando Cristóbal Colón acababa de descubrir América y, por ello, quiso irse a evangelizar al nuevo continente, pero el arzobispo de Sevilla le retuvo para que se quedara a evangelizar en Andalucía donde por aquel entonces todavía convivían musulmanes, judíos y cristianos y donde la fe de muchos cristianos se había "enfriado".

Precisamente, González ha asegurado que "indudablemente" el pensamiento de San Juan ayudaría, como lo hizo en su época, al diálogo entre religiones aunque "sin tratar de imponer" ya que, según ha explicado la postuladora, "la verdad se abre camino por sí sola y hay que conectar con la gente".

En este sentido, recordó que el mensaje de los escritos del santo que recuperaría para los jóvenes de hoy en día sería "que Dios es amor" pues ese fue el "gran descubrimiento" de San Juan de Ávila teniendo en cuenta la "hondura" con que profundizó en esta idea.

A su juicio, depende de todos que la declaración de San Juan de Ávila como Doctor pueda marcar "un antes y un después" y aunque para González es un santo que "siempre ha estado presente", considera que la inminencia de su doctorado permitirá conocerle más a fondo y por más fieles.

"Hambre de Dios"
Para el Arzobispo castrense, Mons. Juan del Río, que es miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia", este santo español es actual porque a la vez que predicador es hombre de cultura y porque en sus escritos "se encuentran respuestas a los desafíos que tiene la Iglesia en el siglo XXI".

"Lejano en el tiempo y cercano en la actualidad". Así es San Juan de Ávila para monseñor Del Río que ha insistido, en una entrevista concedida a Europa Press, en que el pensamiento del santo puede ayudar en una sociedad del siglo XXI "que vive de espaldas a Dios", gracias a su doctrina "perenne".

Además, destacó también que el mensaje avilista de 'Dios es amor' enlaza con el pensamiento del cardenal Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, pues ambos siguen la línea de San Agustín. A su juicio, con su mensaje se puede construir una sociedad "más humana" y "no desde el nihilismo que demanda hoy la cultura".



"El maestro Ávila"
Según el Arzobispo castrense, San Juan de Ávila puede ser un ejemplo para futuros pensadores que, a su juicio, hacen falta en la Iglesia, que sean capaces de sintetizar y "abrir un horizonte de esperanza en una Iglesia con síntomas de cansancio". Además, afirmó que los nuevos sacerdotes encontrarán en él un modelo de entrega, coherencia de vida y austeridad.
No obstante, como "hombre que rompe moldes", San Juan de Ávila también despertó celos clericales y de gente devota y, por ello, según ha explicado Del Río, fue denunciado a la Inquisición y recluido en las cárceles inquisitoriales, de las que salió demostrando su inocencia.

"En el maestro Ávila se encuentra a un creyente sin miedo a los escenarios culturales y sociales donde se tiene que desarrollar el anuncio del Evangelio", ha remarcado, al tiempo que ha destacado su entrega en la creación de colegios de enseñanza para los más pobres, en un momento en que la cultura solo llegaba a unos pocos".
En la actualidad, sin embargo, según ha apostillado Del Río, se ha superado el analfabetismo y hay cultura pero está "vacía de Dios". "Hay hambre de Dios, no de un Dios lejano sino amigo del hombre", subrayó.

"Llegaba a todos"
Por su parte, el profesor y director de la biblioteca de la Universidad Pontificia de Salamanca, Miguel Anxo Pena González, indicó que la declaración le parece "muy oportuna" y ha destacado que San Juan de Ávila era un hombre "de gran talla intelectual" que se caracterizaba sobre todo por su apuesta por la concordia ya que conseguía "integrar mundos de conflicto".
Además, destacó su capacidad para llegar a la gente no a través de un discurso teórico sino utilizando palabras de Dios "comprensibles". Asimismo, según ha recordado, predicaba con hechos por medio de los proyectos que puso en marcha como colegios para aquellos que más los necesitaban y hasta una universidad. "Hablaba para todos. Nadie quedaba excluido", remarcó.

VER MAS:
"SAN JUAN DE AVILA: EL HOMBRE QUE LLEVA A LAS PERSONAS A DIOS": http://es.gloria.tv/?media=180832



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martes, 2 de octubre de 2012

El laico es el corazón de la Iglesia en medio del mundo

Entrevista con el presidente de la Conferencia Episcopal Brasileña Raymundo Damasceno



BRASILIA, lunes 1 octubre 2012 (ZENIT.org).- El mes de octubre quedará marcado por eventos importantes en la Iglesia. El día 11 se abrirá el Año de la Fe, convocado por Benedicto XVI con la carta apostólica Porta Fidei; del 7 al 28 de octubre, se celebrará el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización; además de otras importantes celebraciones.

En esa línea, publicamos una entrevista concedida a ZENIT por el cardenal Raymundo Damasceno de Assis, presidente de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB).

¿A qué punto está la apertura del Año de la Fe?

--Card. Damasceno: Para la apertura del Año de la Fe, el día 11 de octubre en Roma, estaré presente concelebrando con el santo padre. Fui invitado junto con los demás presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo. Coincide con la celebración de otros tres eventos: los 50 años del inicio del Vaticano II, los 20 años del Catecismo de la Iglesia Católica, y la realización de la 13 Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos que tiene como tema “La nueva evangelización para la transmisión de la fe”.

La Iglesia en Brasil abrirá el Año de la Fe, como Conferencia, oficialmente, en Aparecida, el día 12 de octubre que es la fiesta de la patrona de Brasil. Representará a la Presidencia de la Conferencia Episcopal el cardenal Claudio Hummes, que presidirá la misa principal en Aparecida, dado que nosotros, quienes integramos la Presidencia, estaremos en Roma.

La Comisión de Catequesis de la CNBB ha preparado una serie de eventos y de iniciativas que se realizarán a lo largo del Año de la Fe, y también de los cuatro años de celebración de los 50 años del Concilio Vaticano II. Dentro de ellos, destacaría que ya se hizo un gran congreso sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, realizado en Curitiba, en el mes de septiembre, con la presencia del secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la participación de más de doscientas personas, en la Universidad Pontificia de Paraná, de los Maristas. Después publicará algunos materiales para ayudar a nuestros fieles a profundizar su fe y también dar razón de la misma.

Y estaremos presentes en el Sínodo también con nuestros delegados elegidos por la asamblea. De modo que, el Año de la Fe, según el papa, mira justamente a eso: redescubrir la importancia de nuestra fe en Jesucristo. Y también hacer de esa fe una fe no sólo profesada sino también vivida en el día a día.

Y en ese escenario de Nueva Evangelización, ¿cuál es el papel de los laicos en la Iglesia aquí en Brasil?

--Card. Damasceno: Creo que el laico tiene un papel fundamental en la Nueva Evangelización. Primero porque es la mayor parte de la Iglesia. La Iglesia es el Pueblo de Dios. Sabemos que en medio de ese Pueblo están los ministros ordenados (el papa, los obispos, sacerdotes, diáconos), también los religiosos y religiosas... Pero, la mayor parte de ese Pueblo de Dios está formada por laicos, cristianos bautizados, confirmados... de modo que la misión también de evangelizar es derecho y deber del laico, en virtud de su bautismo.

Debe trabajar, está claro, en comunión con los pastores de su Iglesia local, el sacerdote de su parroquia pero no necesita licencia para ejercer su misión evangelizadora. Es un derecho y un deber, que deriva del bautismo. Está claro que debe ejercer ese servicio, la evangelización, siempre en comunión con la Iglesia, con el pastor local, con el sacerdote... porque la comunión en la Iglesia fortalece la misión, y la misión también es para la comunión. De modo que el laico no debe y no puede nunca ser excluido de ese derecho y de ese deber suyo de evangelizar, como miembro de la Iglesia, como Iglesia que es.

De ahí la importancia de la formación del laico, la formación de discípulos, y de discípulos misioneros como recuerda el documento de Aparecida. Y un gran desafío para la Iglesia en América Latina, y en Brasil, está claro que es la formación de nuestro laicado, formación de los verdaderos discípulos misioneros en nuestro continente. Y la Iglesia está trabajando. Tiene una serie de iniciativas de ámbito parroquial, diocesano, nacional, en el sentido de formar a nuestros laicos para que puedan participar de esa misión de una manera más efectiva; y también porque el laico es el corazón de la Iglesia en medio del mundo, donde este, como profesional, como esposo, como padre, está llamado a ser evangelizador, educador de la fe, transmisor de la fe, por el anuncio, por la catequesis aunque también por su testimonio de vida.
Eso es fundamental. Sin eso no conseguiremos realizar ese proyecto de la Nueva Evangelización que es el de alimentar a nuestras comunidades con la Palabra, con los Sacramentos y con la Vida Comunitaria, y también llegar a aquellos que conocen poco a Jesucristo o que no conocen o se sienten alejados de nuestras comunidades. Ahí, el laico es fundamental. Y la célula básica en la que se da ese primer testimonio de fe, de educación de la fe es la familia, sin duda ninguna.

¿Cuál es la experiencia de la Iglesia en Brasil respecto a la Evangelización a través de los Medios de Comunicación?

--Card. Damasceno: La Iglesia en Brasil es pionera respecto al uso de los medios modernos de comunicación. La radio, claro, la más antigua; la televisión hoy, internet, con sus diversas trayectorias: Youtube, blogs, redes sociales, etc. Pienso que la Iglesia en Brasil está avanzando en ese campo. Y esto está contribuyendo a la Evangelización sin ninguna duda. Creo que es también una aportación que los padres sinodales, elegidos por nuestra Conferencia o nombrados por el santo padre, podrán dar en la Asamblea del próximo Sínodo en Roma.

En ese contexto, ¿cuál es su opinión sobre el trabajo de ZENIT?

---Card. Damasceno: Felicito a ZENIT por su trabajo, por la divulgación de tantas noticias de la Iglesia, noticias de interés de la Iglesia, de los laicos, de los religiosos, de los sacerdotes... es una comunicación que gira por el mundo a través de internet, de modo que están de enhorabuena y deben seguir en esa misión.