domingo, 17 de julio de 2016
miércoles, 6 de julio de 2016
sábado, 2 de julio de 2016
Mons. Guido Pozzo niega que se hayan interrumpido las conversaciones con la FSSPX
(RV/InfoCatólica) Marie Duhamel entrevista a mons. Guido Pozzo sobre el comunicado hecho público por la Fraternidad de San Pío X. ¿Lo interpreta como una interrupción del diálogo en curso?
La Comisión «Ecclesia Dei» no considera que sea una interrupción del dialogo: el comunicado no parece que entre en el fondo de las cuestiones concretas que son objeto de diálogo y discusión entre la Pontificia Comisión «Ecclesia Dei» y la Fraternidad de San Pío X. Por tanto, debe proseguir el diálogo sobre esas cuestiones concretas.
¿Como interpreta este comunicado?
No dice nada nuevo respecto a la posición bien conocida de la FSSPX respecto a la situación actual de la Iglesia. Puedo añadir, incidentalmente, respecto a la falta de reconocimiento canónico, que éste es condición esencial para que una obra católica esté en plena comunión eclesial, de acuerdo con el derecho. No hay reconocimiento canónico, estamos trabajando para que lo llegue.
Ellos hablan de distintos asuntos clave, sobre los que trabajan conjuntamente...
Se trata siempre de las mismas cuestiones de tipo doctrinal y disciplinar: las que se refieren al Magisterio, la tradición, las del Vaticano II... Pero son todas ya conocidas y no hay necesidad de volver a enumerarlas.
El Papa recibió al superior de la Fraternidad, mons. Fellay, hace poco tiempo. ¿Cuál es la frecuencia de estos encuentros director o indirectos?
No tienen una periodicidad fija. Los encuentros tienen lugar entre los miembros de la Comisión «Ecclesia Dei» o nuestros delegados y los representantes de la FSSPX. Ha sido, no obstante, un encuentro importante: una audiencia privada con el Santo Padre, en la que mons. Fellay pudo exponer sus puntos de vista al Santo Padre. Fue un encuentro muy cordial y desde luego está dentro del camino de diálogo y sobre todo de confianza recíproca que juntos estamos construyendo. Así que no se descarta que pueda haber otros encuentros, pero éstos no están ya programados...
Benedicto XVI apreciaba mucho este trabajo para poder alcanzar a la unidad con la Fraternidad. ¿Tiene el Papa Francisco la misma visión?
Sí, con toda seguridad. El Papa Francisco lleva en el corazón la unidad de la Iglesia y todo lo que pueda favorecerla. Él está siempre muy dispuesto a lograrla, y esto creo que también lo ha percibido mons. Fellay. Pero no podemos negar, evidentemente, que todavía hay problemas por resolver, por afrontar, por examinar.
Así pues, por parte de la Santa Sede hay apertura, pero firmeza...
Hay firmeza sobre lo que es esencial para ser católico. En esto no hay cambio alguno. Pero no creo que nos enfrentemos a una cuestión de firmeza. Se trata, más bien, de afrontar los problemas concretos, resolverlos y resolveros juntos. La apertura va en este sentido: en el sentido de que hemos identificado los problemas concretos a afrontar y de que los estamos afrontando. Esto llevará tiempo, naturalmente, así como una recíproca disponibilidad.
jueves, 30 de junio de 2016
La misericordia sin las obras está muerta
(RV).- Con ocasión de la Audiencia Jubilar celebrada este jueves 30 de junio en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco invitó a los peregrinos presentes a hacer un serio examen de conciencia porque “una cosa es hablar de misericordia, otra es vivir la misericordia”.
“Quien ha experimentado en la propia vida la misericordia del Padre no puede permanecer insensible frente a las necesidades de los hermanos”, remarcó el Obispo de Roma quien destacó que la enseñanza de Jesús “no permite vías de escape: Tenía hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba desnudo, prófugo, enfermo, preso y me han ayudado”.
“No se puede hacer esperar a una persona que tiene hambre: es necesario darle de comer. Jesús nos dice esto. Las obras de misericordia no son temas teóricos, sino que son testimonios concretos. Obligan a remangarse las mangas para aliviar el sufrimiento”, explicó.
En su catequesis en italiano, el Pontífice afirmó: “a nosotros, por lo tanto, se nos pide permanecer vigilantes como centinelas, para que no suceda que, frente a las pobrezas producidas por la cultura del bienestar, la mirada de los cristianos se debilite y sea incapaz de mirar lo esencial” y agregó: “mirar lo esencial ¿qué significa? Mirar a Jesús. Mirar a Jesús en el hambriento, en el preso, en el enfermo, en el desnudo, en aquel que no tiene trabajo y debe mantener a una familia. Mirar a Jesús en estos hermanos y hermanasnuestros. Mirar a Jesús en aquel que está solo, triste, en aquel que se equivoca y necesita un consejo, en aquel que necesita hacer un camino en silencio para que se sienta en compañía. Estas son las obras que Jesús nos pide. Mirar a Jesús en ellos, en esta gente. ¿Por qué? Porque Jesús a mí, a todos nosotros, nos mira así”.
Al finalizar, el Papa Francisco evocó su reciente viaje a Armenia “un pueblo que, en el curso de su larga historia, ha testimoniado la fe cristiana con el martirio” y agradeció a Dios por este viaje, a todo el pueblo armenio por haberlo acogido como peregrino de fraternidad y de paz y al Supremo Patriarca de la Iglesia Apostólica Armenia quien dijo: “fraternamente me ha hospedado por tres días en su casa”.
En esta línea, el Santo Padre recordó que en tres meses viajará a Georgia y Azerbaiyán, otros dos países de la región del Cáucaso para “por una parte valorizar las antiguas raíces cristianas presentes en aquellas tierras –siempre en espíritu de diálogo con las otras religiones y culturas- y por otra parte, animar esperanzas y senderos de paz”.
Voz y texto completo de la catequesis del Papa Francisco:
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
¡Cuántas veces, durante estos primeros meses del Jubileo, hemos escuchado hablar de las obras de misericordia! Hoy el Señor nos invita a hacer un serio examen de conciencia. Es bueno, de hecho, no olvidar nunca que la misericordia no es una palabra abstracta, sino un estilo de vida. Una persona puede ser misericordiosa o puede ser no misericordiosa. Es un estilo de vida, yo elijo vivir como misericordioso o elijo vivir como no misericordioso. Una cosa es hablar de misericordia, otra es vivir la misericordia. Parafraseando las palabras del apóstol Santiago (cfr 2,14-17) podemos decir: la misericordia sin las obras está muerta en sí misma. ¡Propiamente! Lo que hace viva la misericordia es su constante dinamismo para ir hacia el encuentro de las necesidades de aquellos que están en dificultad espiritual y material. La misericordia tiene ojos para ver, oídos para escuchar, manos para levantar…
La vida cotidiana nos permite tocar con las propias manos tantas exigencias de las personas más pobres y más probadas. A nosotros se nos pide aquella atención particular que nos lleva a darnos cuenta del estado de sufrimiento y necesidad en el que están tantos hermanos y hermanas. A veces, pasamos delante de situaciones de dramática pobreza y parece que no nos tocan; todo continúa como si nada pasara, en una indiferencia que al final nos hace hipócritas y, sin que nos demos cuenta, termina en una forma de letargo espiritual que hace insensible el ánimo y estéril la vida.
Hay gente que pasa por la vida, que va por la vida, sin notar las necesidades de los otros, sin ver tantas necesidades, espirituales y materiales, es gente que pasa sin vivir, es gente que no sirve a los otros. Y recuerden bien: quien no vive para servir, no sirve para vivir.
¡Cuántos son los aspectos de la misericordia de Dios hacia nosotros! Del mismo modo, cuántos rostros se dirigen a nosotros para obtener misericordia. Quien ha experimentado en la propia vida la misericordia del Padre no puede permanecer insensible frente a las necesidades de los hermanos. La enseñanza de Jesús que hemos escuchado no permite vías de escape: Tenía hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba desnudo, prófugo, enfermo, preso y me han ayudado (cfr Mt 25,35-36). No se puede hacer esperar a una persona que tiene hambre: es necesario darle de comer. Jesús nos dice esto. Las obras de misericordia no son temas teóricos, sino que son testimonios concretos. Obligan a remangarse las mangas para aliviar el sufrimiento.
A causa de los cambios de nuestro mundo globalizado, algunas pobrezas materiales y espirituales se han multiplicado: demos, pues, espacio a la fantasía de la caridad para individuar nuevas modalidades operativas. De este modo, el camino de la misericordia será siempre más concreto. A nosotros, por lo tanto, se nos pide permanecer vigilantes como centinelas, para que no suceda que, frente a las pobrezas producidas por la cultura del bienestar, la mirada de los cristianos se debilite y sea incapaz de mirar lo esencial.
Mirar lo esencial ¿qué significa? Mirar a Jesús. Mirar a Jesús en el hambriento, en el preso, en el enfermo, en el desnudo, en aquel que no tiene trabajo y debe mantener a una familia. Mirar a Jesús en estos hermanos y hermanas nuestros. Mirar a Jesús en aquel que está solo, triste, en aquel que se equivoca y necesita un consejo, en aquel que necesita hacer un camino en silencio para que se sienta en compañía. Estas son las obras que Jesús nos pide. Mirar a Jesús en ellos, en esta gente. ¿Por qué? Porque Jesús a mí, a todos nosotros, nos mira así.
Ahora pasamos a otra cosa…
Hace unos días el Señor me ha concedido visitar Armenia, la primera nación que abrazó el cristianismo, al inicio del siglo IV. Un pueblo que, en el curso de su larga historia, ha testimoniado la fe cristiana con el martirio. Doy gracias a Dios por este viaje, y estoy vivamente agradecido al Presidente de la República de Armenia, al Catholicós Karekin II, al Patriarca, a los Obispos Católicos y a todo el pueblo armenio por haberme acogido como peregrino de fraternidad y de paz.
Dentro de tres meses haré, si Dios quiere, otro viaje a Georgia y Azerbaiyán, otros dos países de la región del Cáucaso. He recibido la invitación a visitar estos países por dos motivos: por una parte valorizar las antiguas raíces cristianas presentes en aquellas tierras –siempre en espíritu de diálogo con las otras religiones y culturas- y por otra parte, animar esperanzas y senderos de paz. La historia nos enseña que el camino de la paz requiere una gran tenacidad y continuos pasos, comenzando por aquellos pequeños y poco a poco haciéndoles crecer, yendo el uno al encuentro del otro. Precisamente por esto, mi deseo es que todos y cada uno den su propia contribución para la paz y la reconciliación.
Como cristianos estamos llamados a reforzar entre nosotros la comunión fraterna, para dar testimonio del Evangelio de Cristo y para ser levadura de una sociedad más justa y solidaria. Por esto, toda la visita ha sido compartida con el Supremo Patriarca de la Iglesia Apostólica Armenia, quien fraternamente me ha hospedado por tres días en su casa.
Renuevo mi abrazo a los Obispos, a los sacerdotes, a las religiosas y a los religiosos y a todos los fieles en Armenia. La Virgen María, nuestra Madre, los ayude a permanecer firmes en la fe, abiertos al encuentro y generosos en las obras de misericordia. Gracias.
miércoles, 29 de junio de 2016
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
