martes, 24 de febrero de 2009

VIVE LA CUARESMA EN EL MUNDO SIN SER DEL MUNDO

Espérala / Cuaresma / Conversión
PARA UNA BUENA CONFESIÓN Me pesa de todo corazón haberte ofendido, porque eres bueno conmigo.Confío me perdonarás. Ver más
LA LUZ DE LA CRUZ En nuestro mundo actual hacerle frente a los problemas es una misión que hay que abrazar por amor y con amor Ver más
EL PERDÓN TRAS LAS REJAS Aunque cambies de canal, creo que puede hacerte bien oír algo sobre este asunto y usarlo al menos una vez en la vida. Yo le llamo el "Sacramento del susto" y todavía más, el "Sacramento del sustísimo". Ver más
EL ÚNICO CAMINO DE LA PAZ ES EL PERDÓN La clave del perdón está en el amor, porque perdonar es un acto de misericordia. Sólo quien de verdad ama es capaz de perdonar. El perdón es un acto de la voluntad Ver más
A LA BÚSQUEDA DE SU MISERICORDIA El pecado es una ofensa a Dios, a quien desobedecemos en vez de responder a su amor. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ver más
LA MISERICORDIA ES MÁS FUERTE QUE EL PECADO Es cierto que nos cuesta reconocer que hemos pecado. Pero hacerlo es propio de corazones honestos y valientes: llamamos a las cosas por su nombre, y reconocemos que nuestra vida está profundamente relacionada con Dios y con su Amor hacia nosotros. Ver más
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miércoles, 18 de febrero de 2009

“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

25 de febrero de 2009
Miércoles de Ceniza: el inicio de la Cuaresma
La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:
“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"
“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Origen de la costumbre Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse. En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada. También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno. La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.


lunes, 16 de febrero de 2009

MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2009

Jesus después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches,al fin sintió hambre".(Mat.4, 1-2)

¡Queridos hermanos y hermanas!
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor: la oración, el ayuno y la limosna, para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual).
En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2).
Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.
Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que "el ayuno ya existía en el paraíso", y "la primera orden en este sentido fue dada a Adán". Por lo tanto, concluye: "El ‘no debes comer’ es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia" (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98).
Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar "para humillarnos -dijo- delante de nuestro Dios" (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: "A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos" (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y los perdonó.
En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal", con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.
La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: "El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le suplica" (Sermo 43: PL 52, 320, 332).
En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios.
En la Constitución apostólica “Pænitemini” de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no "vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos" (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primero y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).
La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía "retorcidísima y enredadísima complicación de nudos" (Confesiones, II, 10.18), en su tratado “La utilidad del ayuno”, escribía: "Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura" (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.
Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. “Deus caritas est”, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño.
Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.
Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: "Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia – Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención".
Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. Enc. “Veritatis Splendor”, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical.
Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, “Causa nostræ laetitiæ”, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios". Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.




martes, 10 de febrero de 2009

La muerte de Eluana Englaro no es la última palabra

ROMA, lunes, 9 febrero 2009 (ZENIT.org).- La muerte de Eluana Englaro, la mujer italiana de 38 años, en estado vegetativo desde hace 17, fallecida en la noche de este lunes no tiene la última palabra, asegura el portavoz vaticano.
El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, ha comentado el desenlace terreno de esta frágil vida, que tuvo lugar, mientras en el Senado de Italia se debatía un proyecto de ley para prohibir la suspensión de la nutrición e hidratación que mantenía a la joven a con vida.
El sacerdote ha recordado a Eluana como "una persona a la que hemos querido mucho y que en los últimos meses se ha convertido en parte de nuestra vida''.
"Ahora, que Eluana está en la paz, esperamos que su caso, después de tantas discusiones, sea motivo para todos de una reflexión serena y de búsqueda responsable de los mejores caminos para acompañar a las personas más débiles, con amor y cuidadosa atención, con el debido respeto del derecho a la vida", afirma en una nota difundida a través de Radio Vaticano.
Citando las palabras que Benedicto XVI pronunció durante el Ángelus de este domingo, su portavoz mencionó especialmente a las personas que "no pueden valerse por sí mismas, sino que dependen totalmente de los demás".
"La muerte de Eluana nos deja necesariamente una sombra de tristeza por las circunstancias en las que ha tenido lugar", reconoce el padre Lombardi. "Pero la muerte física no es nunca para el cristiano la última palabra. Por tanto, en nombre de Eluana, seguiremos buscando los caminos más eficaces para servir a la vida", concluye. La muerte de Eluana tuvo lugar cuando cumplía el tercer día sin alimentos ni hidratación en la clínica "La Quiete" de la ciudad de Údine.
Los obispos italianos habían pedido repetidas veces que se le mantuviera en vida, pues no dependía de máquinas para vivir, sino únicamente del suministro de alimentación e hidratación.
Al hacerse pública la noticia de su muerte, la Conferencia Episcopal Italiana publicaba un comunicado para manifestar su "grandísimo dolor" y expresar la esperanza de que su muerte una "a quienes creen en la dignidad de la persona y el valor inviolable de la vida, sobre todo cuando es indefensa". "Dirigimos un llamamiento a todos para que no desfallezca esta pasión por la vida humana, desde su concepción hasta su ocaso natural", concluyen los prelados italianos.

¡ESTOS SON LOS PADRES

DE ELUANA !

lunes, 9 de febrero de 2009

"Eluana es una mujer sana", confirma neurólogo de la familia Englaro

En una entrevista concedida al diario italiano Corriere della Sera, el neurólogo de la familia Englaro y autor del protocolo con el que se está dejando de hidratar y alimentar a Eluana; Carlo Alberto Defanti, confirmó que "Eluana es una mujer sana. Nunca ha tenido enfermedades y no ha necesitado ni siquiera un antibiótico".
Al respecto de este caso que tiene en vilo a toda Italia y a la comunidad internacional, similar al de la recordada estadounidense Terri Schiavo quien falleciera tras 13 días de agonía, la Asociación Scienza & Vita (Ciencia y Vida) expresó que éstas han sido "palabras honestas que confirman exactamente lo que desde hace tiempo sosteníamos, es decir que Eluana necesita, poco, poquísimo para seguir viviendo".
"Por ello –precisa la asociación– aparece mucho más incomprensible quitarle el cuidado de las hermanas de Lecco que hace poco garantizaban su cuidado como un simple y genuino gesto de amor".
Asimismo, el neurólgo Defanti señaló que en Eluana Englaro "el estado físico es óptimo. Probablemente, y subrayo el adverbio, estará en capacidad de resistir incluso más allá del promedio. Desde el momento de la suspensión (de la hidratación y alimentación iniciada el viernes 6 de febrero) podrían pasar más de 12-14 días".
Además, explica el médico, Eluana "no tiene órganos vitales internos heridos o lesionados. Los exámenes que le hemos hecho en la clínica de Lecco, poco antes de su partida (a la clínica La Quiete en Udine donde se encuentra actualmente) eran perfectos".
Defanti comenta además un episodio de la salud de Eluana en octubre, cuando sufrió una hemorragia interna. "Se recuperó sola, sin ayuda externa. Había perdido muchísima sangre. Se puso bien sola, sin transfusiones, signo de una buena condición física".
Por estas razones, finaliza la declaración de Scienza & Vita "si entonces Eluana es una persona viva y sana, es entonces más necesario apoyar cualquier intento para interrumpir la cuenta regresiva en Udine. Es decir, ni bien se apruebe en el Parlamento el proyecto de ley que consentiría volver a darle (a Eluana Englaro) la alimentación e hidratación" que necesita.




"DIOS PERDONA SIEMPRE,

AL HOMBRE PERDONA A VECES

LA NATURALEZA
NO PERDONA NUNCA..."