miércoles, 7 de diciembre de 2016

La esperanza no desilusiona, afirmó el Papa en la Catequesis...

(RV).- En la segunda semana de Adviento, primer período del nuevo Año litúrgico, el Papa Francisco dio inicio a la nueva serie de catequesis sobre el tema de la esperanza cristiana. En un tiempo en el que a veces nos sentimos perdidos ante el mal y la violencia que nos rodean, ante el dolor de tantos hermanos nuestros, la esperanza es un tema muy importante – dijo el Papa - porque la esperanza no desilusiona. “El optimismo desilusiona, pero la esperanza, no”, puntualizó.
«¡Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice su Dios!» Tras leer a los fieles presentes las palabras del profeta Isaías, “el gran profeta del Adviento”, Francisco explicó el mensaje de esperanza en ellas contenidas. Así se expresó en nuestro idioma: “Queridos hermanos y hermanas: hoy comenzamos una nueva serie de catequesis sobre la esperanza cristiana. En esta primera reflexión, el profeta Isaías nos invita a llevar el consuelo de Dios a nuestros hermanos. Isaías habla a un pueblo en el exilio y le presenta la posibilidad de regresar a su hogar, que en definitiva es volver a Dios. Para ello hay que eliminar los obstáculos que nos detienen, preparar un camino llano y ancho, un camino de liberación y esperanza que se extiende por el desierto”.
En este punto, en la catequesis en italiano, el Obispo de Roma detalló el momento dramático que vivía entonces el pueblo de Israel, cuando lo había perdido todo: la tierra, la libertad, la dignidad, e incluso la fe en Dios. En ese momento el profeta anuncia el consuelo del Padre que inicia con laposibilidad de caminar en la vía del Señor, en ese camino de regreso que se presenta nuevo, ancho y cómodo, de modo de poderlo atravesar sin dificultad para regresar a la patria, lo que significa también regresar a Dios, y volver a esperar y a sonreír.
Cuando nosotros estamos en la oscuridad, en las dificultades, no sonreímos. El Santo Padre siguió con la observación de que una de las primeras cosas que suceden a las personas que se alejan de Dios, es que son “personas sin sonrisa”: “tal vez son capaces de dar una gran carcajada, una detrás de otra; un chiste, una carcajada… ¡Pero falta la sonrisa! La sonrisa solamente la da la esperanza”. “La esperanza es la que nos enseña a sonreír en aquel camino para encontrar a Dios”. 
Convertirse para abrirse a la esperanza. “San Juan Bautista retomando las palabras de Isaías, nos llama a la conversión, para que abramos un camino de esperanza en nuestros corazones”. Extendiéndose en la catequesis en italiano, el Papa precisó que cuando el Bautista anunció la llegada de Jesús, la situación se presentaba como si los israelitas estuvieran aún en el exilio, porque se encontraban bajo el dominio romano lo que los hacía extranjeros en su misma patria, gobernados por los poderosos ocupantes que decidían sobre sus vidas. Pero la verdadera historia, continuó, no es aquella hecha por los poderosos, sino aquella hecha por Dios junto con sus pequeños: “Dios con María, Dios con Jesús, Dios con José, Dios con los pequeños”, porque “son los pequeños, hechos grandes por su fe, quienes saben seguir esperando. La esperanza es la virtud de los pequeños. Los grandes, los satisfechos, no conocen la esperanza. No saben qué es”.
De allí la invitación del Sucesor de Pedro a todos los cristianos a hacerse pequeños como los personajes del Evangelio, María y José, Zacarías e Isabel o los pastores, quienes “eran insignificantes para los grandes y poderosos de entonces, pero cuyas vidas estaban llenas de esperanza, abiertas a la consolación de Dios”, y también el pedido al Señor de “la gracia de trasformar el desierto de nuestra vida, de nuestro sufrimiento y de nuestra soledad, en un camino llano que nos lleve al encuentro con el Señor y con los hermanos

martes, 29 de noviembre de 2016

La humildad cristiana es la virtud de los pequeños...

(RV).- El Señor revela el Misterio de la Salvación a los pequeños, no a los eruditos ni a los sabios. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco se detuvo a considerar la virtud de los pequeños que – explicó –  es el temor del Señor, no el miedo, sino la humildad.
“La alabanza de Jesús al Padre”, que narra el Evangelio del día, según san Lucas, es porque “el Señor revela a los pequeños los misterios de la Salvación, el misterio de sí mismo”.
A los pequeños se les ha revelado el Misterio de la Salvación
El Santo Padre se inspiró en el evangelista para subrayar la preferencia de Dios por quien sabe comprender sus misterios, no los doctos y los sabios, sino “el corazón de los pequeños”. Y observó que también la Primera Lectura, llena “de pequeños detalles va por este camino”. En efecto, el profeta Isaías se refiere a “un pequeño vástago” que “brotará del tronco de Jesé”, y no de “un ejército” que producirá la liberación. Y los pequeños también son los protagonistas de la Navidad:
“Después, en Navidad, veremos esta pequeñez, esta cosa pequeña: un niño, un establo, una mamá, un papá… Las cosas pequeñas. Corazones grandes pero actitud de pequeños. Y sobre este vástago se posará el Espíritu del Señor, el Espíritu Santo, y este pequeño brote tendrá la virtud de los pequeños, y el temor del Señor. Caminará en el temor del Señor. Temor del Señor que no es miedo. No. Es hacer vida el mandamiento que Dios ha dado a nuestro padre Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé irreprensible’. Humilde. Esto es humildad”.
El Pontífice subrayó que sólo los pequeños “son capaces de entender” plenamente “el sentido de la humildad”, el “sentido del temor del Señor”, porque “caminan ante el Señor”, mirados y custodiados, “sienten que el Señor les da la fuerza para ir adelante”. Y explicó que es ésta la verdadera humildad:
Caminar bajo la mirada del Señor: no a la humildad un poco de teatro
“Vivir la humildad, la humildad cristiana, es tener este temor del Señor que – repito – no es miedo, sino que es: ‘Tú eres Dios, yo soy una persona, yo voy adelante así, con las pequeñas cosas de la vida, pero caminando en Tu presencia y tratando de ser irreprensible’. La humildad es la virtud de los pequeños, la verdadera humildad, no la humildad un poco de teatro: no, esa no. La humildad de aquel que decía: ‘Yo soy humilde, pero orgulloso de serlo’. No, esa no es la verdadera humildad. La humildad del pequeño es aquella que camina en la presencia del Señor, no habla mal de los demás, ve sólo el servicio, se siente el más pequeño… Allí está la fuerza”.
Pidamos al Señor la gracia de la humildad, de caminar en Su presencia
Es “humilde, muy humilde” – observó el Obispo de Roma con su pensamiento dirigido hacia la Navidad –  también la muchacha que Dios “mira” para “enviar a Su Hijo”, y que inmediatamente después va a ver a su prima Isabel, y no dice nada “de lo que había sucedido”. La humildad “es así” –dijo Francisco – “caminar en la presencia del Señor”, felices, gozosos porque “mirados por Él”, “exultantes en la alegría porque humildes”, precisamente como se narra de Jesús en el Evangelio del día:
“Mirando a Jesús que exulta en la alegría porque Dios revela su misterio a los humildes, podemos pedir para todos la gracia de la humildad, la gracia del temor de Dios, de caminar en su presencia tratando de ser irreprensibles. Y así, con esta humildad, podemos ser vigilantes en la oración, activos en la caridad fraterna y exultantes de alegría en la alabanza”.

viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Comulgar sin participar de la fe y de la vida de la Iglesia?

PREGUNTA: ¿Qué puedo contestar a quien me dice “comulgo porque lo importante es la relación directa con Dios. No soy parte de la Iglesia ni de sus ritos, porque no creo en ella.., pero sí creo en el Dios cristiano”?

En primer lugar -como siempre en el apostolado- tendrás que rezar por esa persona.
Y tratar de explicar las cosas con calma, sin pretender “convencerla”, ya que en las discusiones cada persona se cierra más en su postura, en lugar de abrirse a entender…
Habría que explicarle que una religión supone coherencia con ella. Si yo participara de unos ritos en los que no creo, estaría faltando sinceridad: los ritos de los que participo expresan exteriormente mi adhesión interior a lo que significan. Y además, con ello ofendería a los creyentes, ya que implícitamente les estaría diciendo que no valoro sus creencias.
Se trata de una ofensa a una fe de la que no se participa: una cosa es no tener fe y otra muy distinta simular esa fe buscando no se sabe qué tipo de unión con Dios…
Los cristianos creemos que en el Eucaristía está presente Jesucristo, y que por eso, recibirlo sin las debidas condiciones (la primera de las cuales es la fe) supone un grave sacrilegio.
A quien comulgara sin fe en la Iglesia, le pediría con cariño que no lo haga. Si no cree en la Iglesia, comulgar sería una farsa. Realizaría un gesto de comunión sin la menor comunión… estaría mintiendo.
También tendría que darse cuenta que ofende a Dios: quien creen en la Eucaristía cree que no es un trozo de pan, sino Cristo mismo. Por eso, comulgar sin fe, es una ofensa a Dios. Sería pretender unirme con Él a través de algo en lo que no creo… profanaría el signo de unión en el que no creo.
Si no cree, tendría que mostrar su respeto por la fe que no tiene, no participando de ella.
En cuanto a que lo importante es la relación con Dios, esto eso es obvio. Pero… esa relación tiene un cauce concreto…
Dios quiso hacer nuestra relación con Él más cercana, accesible a nuestra experiencia. Siendo espíritu puro, no tenemos experiencia física de Él: ¿cómo podríamos tener una relación con un Dios con el que no pudiéramos tener contacto?
Por eso se hizo Hombre: para que encontráramos a Dios en Jesucristo.
Y Jesús para eso envío el Espíritu Santo e instituyó la Iglesia: para que el Espíritu actuando en la Iglesia hiciera posible nuestro encuentro con Él.
Sin la Iglesia no podríamos tener a Jesús: la Iglesia nos transmite su palabra en la Sagrada Escritura y nos da su gracia en los sacramentos (que Jesús instituyó y confió a la Iglesia), sobretodo el don más precioso que es la Eucaristía.
Por todo eso tendría que aclararse a sí misma, analizar qué significa cuando dice que cree en el Dios cristiano… sin creer en la Iglesia, ni en sus enseñanzas… Aclararse qué es creer y qué es en concreto lo que cree…
El Dios cristiano es un Dios que se ha revelado… Por eso no es coherente con su concepción querer decidir qué es importante y qué no en la relación con Dios: nosotros no somos Dios…, no decidimos la fe… la recibimos de Él.
Por ser una religión revelada no surge de nosotros, la recibimos de Dios. Esto no lo podemos demostrar matemáticamente… pero lo creemos firmemente. Se puede creer o no creer, aceptarla o no; pero no tiene sentido “usar” ritos en los que no se cree buscando una experiencia de lo divino.

BLOG DEL P. EDUARDO VOLPACCHIO:https://algunasrespuestas.wordpress.com/2016/07/18/comulgar-sin-participar-de-la-fe-y-de-la-vida-de-la-iglesia/

El Adviento

Del 27 de noviembre al 24 de diciembre del 2016. El Adviento, Vísperas de Navidad, Ideas para vivir el Adviento, Corona de Adviento y otros recursos 



Del 27 de noviembre al 24 de diciembre del 2016
El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo más próximo al 27 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.
El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia
Conferencias  del P. José María Iraburu en www.gratistade.net
Consulta también nuestro especial de Navidad.
MAS: http://es.catholic.net/op/articulos/13352/el-adviento.html#

jueves, 24 de noviembre de 2016

La corrupción es una forma de blasfemia...

(RV).- En su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el Papa afirmó que la corrupción es una forma de blasfemia, a la vez que se refirió al lenguaje de Babilonia según el cual “no hay Dios” sino que sólo existe “el dios dinero, el dios bienestar, el dios explotación”. Franciscorecordó asimismo que en la última semana del Año litúrgico la Iglesia invita a reflexionar sobre el fin del mundo y sobre nuestro fin.
El Pontífice se refirió ante todo a la Lectura del Apocalipsis que alude a tres voces. La primera es el grito del ángel: “Ha caído Babilonia”, la gran ciudad, “la que sembraba la corrupción en los corazones de la gente” y que nos lleva “a todos nosotros por el camino de la corrupción”. “La corrupción es el modo de vivir en la blasfemia, la corrupción es una forma de blasfemia” – continuó explicando el Santo Padre – “el lenguaje de esta Babilonia, de esta mundanidad, es una blasfemia, no hay Dios: existe sólo el dios dinero, el dios bienestar, el dios explotación”. Y añadió que esta mundanidad que seduce a los grandes de la tierra caerá:
“Pero ésta caerá, esta civilización caerá y el grito del ángel es un grito de victoria: ‘Ha caído’, ha caído ésta que engañaba con sus seducciones. Y el imperio de la vanidad, del orgullo, caerá, como ha caído Satanás, caerá”.
Contrariamente al grito del ángel, que era un grito de victoria por la caída de “esta civilización corrupta”, hay otra voz potente – subrayó el Obispo de Roma –  el grito de la muchedumbre que alaba a Dios: “Salvación, gloria y potencia son de nuestro Dios”:
“Es la voz poderosa de la adoración, de la adoración del pueblo de Dios que se salva y también del pueblo en camino, que aún está en la tierra. El pueblo de Dios, pecador pero no corrupto: pecador que sabe pedir perdón, pecador que busca la salvación de Jesucristo”.
Este pueblo se alegra cuando ve el fin, y la alegría de la victoria se hace adoración. No se puede permanecer sólo con el primer grito del ángel, sin “esta voz poderosa de la adoración de Dios”. Pero para los cristianos – dijo también el Papa – “no es fácil adorar”: “Somos buenos cuando rezamos pidiendo algo”, pero la oración de alabanza “no es fácil hacerla”. Sin embargo, es necesario aprenderla, “debemos aprenderla desde ahora para no tener que aprenderla de prisa cuando llegaremos allá” – fue su advertencia – a la vez que subrayó la belleza de la oración de adoración ante el Tabernáculo. Una oración que sólo dice: “Tú eres Dios. Yo soy un pobre hijo amado por ti”.
En fin, la tercera voz es un susurro. El ángel que pide que se escriba: “¡Bienaventurados los invitados al banquete nupcial del Cordero!”. En efecto, la invitación del Señor no es el grito, sino “una voz suave”. Como cuando Dios habla a Elías. El Papa Bergoglio subrayó la belleza de hablar al corazón con voz suave. “La voz de Dios – dijo Francisco – cuando habla al corazón es así: como un hilo de silencio sonoro”. Y esta invitación a las “bodas del Cordero” será el final, “nuestra salvación”.
En efecto – añadió – aquellos que hayan entrado al banquete, según la parábola de Jesús, son los que estaba en las encrucijadas de los caminos, “buenos y malos, ciegos, sordos, cojos, todos nosotros pecadores, pero con la suficiente humildad como para decir: ‘Soy un pecador y Dios me salvará’”. “Y si tenemos esto en el corazón Él nos invitará” y sentiremos “esta voz susurrada” que nos invita al banquete:
“Y el Evangelio termina con esta voz: ‘Cuando comiencen a suceder estas cosas – o sea la destrucción de la soberbia, de la vanidad, todo esto – levántense y eleven la cabeza, su liberación está cerca’, es decir, te están invitando a las bodas del Cordero. Que el Señor nos dé la gracia de esperar aquella voz, de prepararnos a sentir esta voz: ‘Ven, ven, ven siervo fiel – pecador pero fiel– ven, ven al banquete de tu Señor”.