miércoles, 6 de enero de 2016

Bendecir con tiza la puerta de casa en la fiesta de la Epifanía

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Esta mañana continuará una hermosa tradición de Epifanía en mi parroquia, cuando un sacerdote la bendiga escribiendo con tiza por encima de la puerta de la iglesia al comienzo de la misa de las 10 de la mañana. Es una antigua tradición que se practica en muchos hogares de todo el mundo.
Os lo explico para que lo hagáis en casa:
La familia se reúne para pedir a Dios la bendición de su hogar y la de aquellos que lo habitan o lo visiten. Es una invitación a que Jesús sea un invitado diario en nuestro hogar, en nuestros quehaceres, ires y venires, nuestras conversaciones, nuestros trabajos y juegos, nuestras penas y alegrías.
Una forma tradicional de hacerlo es usar una tiza para escribir sobre la entrada del hogar 20 + C + M + B + 16. Las letras C, M, B tienen dos significados. Son las iniciales de los nombres tradicionales de los tres reyes magos: Gaspar (Caspar en latín), Melchor y Baltasar. También son la abreviatura de las palabras en latín Christus mansionem benedicat, es decir, «Que Cristo bendiga esta casa». El símbolo «+» representa la cruz y 2016 es el año.
Para bendecir la tiza:
  1. Nuestro Auxilio es el Nombre del Señor.
  2. Que hizo el cielo y la tierra.
  3. El Señor esté con vosotros.
  4. Y con tu espíritu.
Oremos.
Que el amor de Dios bendiga esta tiza que ha creado, que sea de ayuda a nuestra gente; y que por su Santo Nombre, por los santos nombres Gaspar, Melchor y Baltasar que escribiremos sobre la puerta de nuestro hogar, que el Señor interceda para que esta casa reciba la salud del cuerpo y la protección del alma de aquellos que la habitan y aquellos que la visiten; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Instrucciones para bendecir el hogar
Usando la tiza bendecida, escribe en el dintel de tu puerta principal lo siguiente:
20 + C + M + B + 16
…a medida que recitas:
Los tres Reyes Magos, Gaspar, Melchor y Baltasar siguieron la estrella del Hijo de Dios que se hizo hombre dos mil quince años atrás. Que el Señor bendiga este hogar y nos acompañe durante este nuevo año. Amén.
Luego ofrece la siguiente oración: Te pedimos, Señor, que bendigas esta casa y a cuantos viven en ella: que haya siempre en este hogar amor, paz y perdón; concede a sus moradores suficiencia de bienes materiales y abundancia de virtudes; que sean acogedores y sensibles a las necesidades de los demás; que en la alegría te alaben, Señor, y en la tristeza te busquen; en el trabajo encuentren el gozo de tu ayuda, y en la necesidad sientan cercano tu consuelo; cuando salgan, gocen de tu compañía, y cuando regresen, experimenten la alegría de tenerte como huésped; que esta casa sea en verdad una iglesia doméstica donde la Palabra de Dios sea luz y alimento, y que la paz de Cristo reine en sus corazones hasta llegar un día a tu casa celestial. Por Cristo, nuestro Señor.
Marcar con tiza la puerta del hogar es una forma de celebrar y, literalmente, dejar marca en ocasión de la Epifanía y por la bendición de Dios en nuestras vidas y hogares. Con el tiempo, la tiza se irá borrando. A medida que lo haga, nosotros dejaremos que el significado de las palabras latinas profundice en nuestros corazones y se manifieste en nuestras palabras y acciones: Christus mansionem benedictat, «Que Cristo bendiga esta casa».

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Intenciones de oración del Papa de enero de 2016

Los Magos nos enseñan a no contentarnos con la mediocridad, dijo el Papa a la hora del Ángelus

(RV).- Tras la celebración de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, en la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco rezó a mediodía la oración mariana del Ángelus con los fieles y peregrinos, entre los cuales muchos niños, que se dieron cita en la Plaza de San Pedro.
Partiendo del Evangelio del día, con su relato de los Magos que desde Oriente se ponen en camino hacia Belén para adorar al Mesías, el Obispo de Romaexplicó que la fiesta de la Epifanía tiene un alcance de universalidad, que es el alcance de la Iglesia, que desea que todos los pueblos de la tierra encuentren a Jesús y experimenten su amor misericordioso.
Y añadió que desde siempre la Iglesia ha visto en los Magos la imagen de la entera humanidad, a la vez que con la celebración de la Epifanía desea guiar a todo hombre y a toda mujer de este mundo hacia el Niño que ha nacido por la salvación de todos.
Francisco también recordó que en la noche de Navidad Jesús se manifestó a los pastores, los primeros que le llevaron un poco de calor en aquella fría gruta. Después llegaron los Magos de tierras lejanas, también ellos atraídos misteriosamente por aquel Niño, y agregó que si bien los pastores y los Magos son muy diversos entre sí, están unidos por el cielo, puesto que todos ellos levantando los ojos al cielo, vieron un signo, escucharon su mensaje y lo siguieron.
Por eso el Santo Padre afirmó que los pastores y los Magos nos enseñan que para encontrar a Jesús es necesario saber levantar la mirada hacia el cielo, y no estar replegados sobre sí mismos, sino tener el corazón y la mente abiertos al horizonte de Dios.
El Pontífice concluyó su meditación pidiendo a la Virgen María que nos ayude a levantar la mirada y dejarnos guiar por la estrella del Evangelio para encontrar a Jesús y para adorarlo, de modo que podamos llevar a los demás un rayo de su luz, compartiendo con ellos la alegría del camino.
Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy, el relato de los Magos, llegados desde Oriente a Belén para adorar al Mesías, confiere a la fiesta de la Epifanía un alcance de universalidad. Y éste es el alcance de la Iglesia, que desea que todos los pueblos de la tierra puedan encontrar a Jesús, y experimentar su amor misericordioso. Es éste el deseo de la Iglesia: encontrar la misericordia de Jesús, su amor.
Cristo acaba de nacer, aún no sabe hablar y todas las gentes  – representadas por los Magos  – ya pueden encontrarlo, reconocerlo, adorarlo. Dicen los Magos: “Vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo” (Mt 2,2). Y Herodes oyó esto apenas los Magos llegaron a Jerusalén. Estos Magos eran hombres prestigiosos, de regiones lejanas y culturas diversas, y se habían encaminado hacia la tierra de Israel para adorar al rey que había nacido.
Desde siempre la Iglesia ha visto en ellos la imagen de la entera humanidad, y con la celebración de hoy, de la fiesta de la Epifanía casi quiere guiar respetuosamente a todo hombre y a toda mujer de este mundo hacia el Niño que ha nacido por la salvación de todos.
En la noche de Navidad Jesús se ha manifestado a los pastores, hombres humildes y despreciados, algunos bandidos, dicen; fueron ellos los primeros que llevaron un poco de calor en aquella fría gruta de Belén. Ahora llegan los Magos de tierras lejanas, también ellos atraídos misteriosamente por aquel Niño. Los pastores y los Magos son muy diversos entre sí; pero una cosa los une: el cielo.
Los pastores de Belén se precipitaron inmediatamente a ver a Jesús, no porque fueran especialmente buenos, sino porque velaban de noche y, levantando los ojos al cielo, vieron un signo, escucharon su mensaje y lo siguieron. De la misma manera los Magos: escrutaban los cielos, vieron una nueva estrella, interpretaron el signo y se pusieron en camino, desde lejos.
Los pastores y los Magos nos enseñan que para encontrar a Jesús es necesario saber levantar la mirada hacia el cielo, no estar replegados sobre sí mismos, en el propio egoísmo, sino tener el corazón y la mente abiertos al horizonte de Dios, que siempre nos sorprende, saber acoger sus mensajes y responder con prontitud y generosidad.
Los Magos, dice el Evangelio, al ver “la estrella se llenaron de alegría” (Mt2,10). También para nosotros hay una gran consolación al ver la estrella, o sea en el sentirnos guiados y no abandonados a nuestro destino. Y la estrella es el Evangelio, la Palabra del Señor, como dice el Salmo: “Tu palabra es una lámpara para mis pasos, y una luz en mi camino” (119,105). Esta luz nos guía hacia Cristo. ¡Sin la escucha del Evangelio, no es posible encontrarlo!
En efecto, los Magos, siguiendo la estrella llegaron al lugar donde se encontraba Jesús. Y allí “encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje” (Mt 2,11). La experiencia de los Magos nos exhorta a no contentarnos con la mediocridad, a no “vivir al día”, sino a buscar el sentido de las cosas, a escrutar con pasión el gran misterio de la vida. Y nos enseña a no escandalizarnos de la pequeñez y de la pobreza, sino a reconocer la majestad en la humildad, y saber arrodillarnos frente a ella.
Que la Virgen María, que acogió a los Magos en Belén, nos ayude a levantar la mirada de nosotros mismos, a dejarnos guiar por la estrella del Evangelio para encontrar a Jesús, y a saber abajarnos para adorarlo. Así podremos llevar a los demás un rayo de su luz, y compartir con ellos la alegría del camino.

martes, 5 de enero de 2016

«Sigamos la luz que Dios nos da», invitación del Papa Francisco en la Solemnidad de la Epifanía del Señor

(RV).-  «Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel». Lo dijo el Papa Francisco este miércoles 6 de enero, en laSolemnidad de la Epifanía del Señor, presidiendo la Santa Misa en la Basílica Vaticana.
Reflexionando sobre las palabras que el profeta Isaías dirigió a la ciudad santa de Jerusalén, « ¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1), una invitación a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz de Jesús que ilumina nuestras vidas, el Papa señaló que la Iglesia no puede pretender brillar con luz propia porque “Cristo es la luz verdadera que brilla” y “en la medida en que la Iglesia está unida a él” y “se deja iluminar por él”, ilumina “la vida de las personas y de los pueblos”.
De este modo los Magos que aparecen en el Evangelio representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios: “delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura”, dijo, y “la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno”. Entre las muchas estrellas del cielo, los Magos siguieron una “distinta, nueva, mucho más brillante para ellos”, y  esto “encierra una enseñanza para nosotros”. También hoy muchas personas, como los Magos, viven con el “corazón inquieto”, “haciéndose preguntas a las que no encuentran respuestas seguras”, “reconozcamos que laverdadera sabiduría” se esconde en el rostro de Cristo, y que “en la sencillez de Belén”, “encuentra su síntesis la vida de la Iglesia”.  
(GM – RV)
Voz y texto completo de la Homilía del Papa Francisco:
         
Las palabras que el profeta Isaías dirige a la ciudad santa de Jerusalén nos invitan levantarnos, a salir; a salir de nuestras clausuras, a salir de nosotros mismos, y a reconocer el esplendor de la luz que ilumina nuestras vidas: «¡Levántate y resplandece, porque llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!» (60,1). «Tu luz» es la gloria del Señor. La Iglesia no puede pretender brillar con luz propia, no puede. San Ambrosio nos lo recuerda con una hermosa expresión, aplicando a la Iglesia la imagen de la luna, y dice así: «La Iglesia es verdaderamente como la luna: […] no brilla con luz propia, sino con la luz de Cristo. Recibe su esplendor del Sol de justicia, para poder decir luego: “Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí”» (Hexameron, IV, 8, 32). Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos. Por eso, los santos Padres veían a la Iglesia como el «mysterium lunae».
Necesitamos de esta luz que viene de lo alto para responder con coherencia a la vocación que hemos recibido. Anunciar el Evangelio de Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una profesión. Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su propia naturaleza: es decir, dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. Éste es su servicio. No hay otro camino. La misión es su vocación: hacer resplandecer la luz de Cristo es su servicio. Muchas personas esperan de nosotros este compromiso misionero, en este sentido, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre.
Los Magos, que aparecen en el Evangelio de Mateo, son una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel. Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno.  Éste es el servicio de la Iglesia, con la luz que refleja: hacer emerger el anhelo de Dios que cada uno lleva en sí mismo. Como los Magos, también hoy muchas personas viven con el «corazón inquieto», haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras; es la inquietud del Espíritu Santo que se mueve en los corazones. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén.
¡Cuántas estrellas hay en el cielo! Y, sin embargo, los Magos han seguido una distinta, nueva, mucho más brillante para ellos. Durante mucho tiempo, habían escrutado el gran libro del cielo buscando una respuesta a sus preguntas  - tenían el corazón inquieto - y, al final, la luz apareció. Aquella estrella los cambió. Les hizo olvidar los intereses cotidianos, y se pusieron de prisa en camino. Prestaron atención a la voz que dentro de ellos los empujaba a seguir aquella luz; - es la voz del Espíritu Santo, que trabaja en todas las personas - y ella los guió hasta que en una pobre casa de Belén encontraron al Rey de los Judíos.
Todo esto encierra una enseñanza para nosotros. Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo» (Mt 2,2). Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad. Estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. ¡Sigamos la luz que Dios nos da, pequeñita! El himno del breviario nos dice poéticamente que los Magos “lumen requirunt lumine”, aquella pequeña luz. La luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad. Y, una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor. La verdadera sabiduría se esconde en el rostro de este Niño. Y es aquí, en la sencillez de Belén, donde encuentra su síntesis la vida de la Iglesia. Aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas en el mundo y guía a los pueblos por el camino de la paz.
VER MAS: http://es.radiovaticana.va/news/2016/01/05/%C2%ABsigamos_la_luz_que_dios_nos_da%C2%BB,_invitaci%C3%B3n_del_papa_franci/1199033