lunes, 21 de diciembre de 2015

Una puerta santa de la misericordia en medio de los hielos

Es la puerta – imaginaria - de la capilla San Francisco de Asís, 

la primera de rito católico construida en la Antártida

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Bloques de hielo que flotan como corchos de telgopor; el twin otter vuela al ras de las aguas gélidas de la bahía Esperanza. La línea del horizonte se va acercando, la costa helada es ahora un hilo sinuoso que adquiere espesor a medida que se acorta la distancia. El avión eleva la cota y pasa por encima de los témpanos. Pocos minutos después, los esquíes entran en contacto con el hielo, el motor tose, la estructura vibra como las lengüetas de un órgano, las hélices disminuyen la velocidad hasta detenerse. El twin otter se desliza sobre la superficie hacia abajo, donde los snowcats esperan la carga.
Desembarco. Los snowcat completan el último tramo hasta la base en un recorrido que sube y baja siguiendo las caprichosas formaciones de hielo. Y llegamos a la base Esperanza, un complejo de cuarenta edificios anaranjados, diseñados para resistir los vientos helados que pueden alcanzar hasta 200 kilómetros por hora. Se puede entender el lema de la base: “Permanencia, un acto de sacrificio”.
Fue fundada un día como hoy, el 17 de diciembre de 1952 –cumpleaños del Papa Francisco- por una patrulla al mando del entonces capitán argentino Jorge Edgar Leal, con un acto donde se cantó el Himno Nacional y se izó la bandera argentina. Antes que él llegara, una ballenera sueca quedó atrapada y destruida por el hielo, y la tripulación buscó refugio en este mismo lugar. Todavía se puede ver la primera edificación de piedra donde increiblemente sobrevivieron un año, hasta que fueron rescatados por la corbeta argentina Uruguay y trasladados sanos y salvos hasta el puerto de Buenos Aires. En realidad fue un acto de misericordia que muchos migrantes de nuestros días no reciben.
En la base Esperanza hoy viven cerca de 60 personas, entre militares y civiles, que colaboran con las actividades científicas y el mantenimiento de las estructuras. Y mientras la base estadounidense McMurdo Station cierra las puertas de la “Chapel of the Snows” y el padre Dan Doyle vuelve a su casa, en la base argentina Esperanza se multiplican los servicios religiosos.
“Efecto Francisco”, bromea el padre Leónidas Adrián Torres, que también cumplió las 10 horas de vuelo reglamentarias en el Hércules desde el continente, para venir a celebrar las Primeras Comuniones y un casamiento. Fue una ceremonia sobria: la misa, el diálogo con los niños que recibían el sacramento, la Eucaristía distribuida con el majestuoso telón de fondo de la bahía poblada de pingüinos, dueños de casa indiscutidos de estas tierras heladas que la Iglesia nunca ha abandonado.
El primer sacerdote que llegó a una base antártica fue un jesuita, a bordo de un buque de carga, que desembarcó en el Observatorio Meteorológico de las islas Orcadas del Sur, de soberanía argentina. Como buen pionero de la fe en el continente de los hielos, plantó una cruz de madera de 8 metros de altura, construida en el colegio jesuita de Buenos Aires al que Bergoglio asistió en su juventud. Las crónicas antárticas adjudican a este heroico sacerdote la celebración de la primera misa, el 20 de febrero de 1946, a medianoche y en un altar portátil, con la tripulación del barco. Dejó en el lugar la imagen de la Virgen de Luján.
Algunos años más tarde lo siguió un salesiano, Juan Monicelli, quien con una “austera ceremonia” inauguró la base General San Martín, a 187 kilómetros del círculo polar antártico. Después fue un jesuita italiano, Buonaventura de Filippis di Campobasso, hasta llegar al escalabriniano Tarcisio Rubín, declarado Siervo de Dios y postulado para la beatificación por los obispos de dos provincias argentinas, Jujuy y Mendoza.
La historia de la presencia antártica argentina siempre estuvo acompañada por signos del catolicismo: capillas, cruces, Vírgenes de distintas advocaciones: de Salta, del Valle, de Loreto, del Milagro, diseminadas por todos aquellos lugares hasta donde ha llegado el hombre en la Antártida. Y también los nombres de los refugios, invariablemente religiosos: Santa Teresita, Cristo Redentor, San Roque, Virgen de las Nieves, San Antonio, San Carlos, Virgen de Loreto, Santa Bárbara.
San Francisco de Asís, en la Base Esperanza donde nos encontramos, se llama la primera capilla de rito católico en estas latitudes. Hoy se encuentra completamente restaurada por un matrimonio, una pareja que pasó aquí un año de servicio y decidió formalizar su convivencia. Un matrimonio antártico que desmiente la fama de “continente de hombres solos”. Aquí se reza, se canta, se tira arroz, y el padre Leónidas Adrián Torres abrió una imaginaria puerta de la misericordia.
“El Jubileo es en todo el mundo, no solo en Roma”, repite continuamente el Papa Francisco. A cien metros de distancia transmite Radio “Arcángel San Gabriel”, la primera y única radio del continente. En el día de su cumpleaños, recuerdan con emoción cuando fue elegido Papa su compatriota Jorge Mario Bergoglio. Aquel que los cardenales tuvieron que ir a buscar “al fin del mundo”, una expresión que se hizo famosa y aquí tiene una literalidad incomparable. Esa vez la radio interrumpió su programación habitual –santoral, gesta y biografías de los exploradores antárticos- y cuando se recuperaron de la impresión, empezaron a buscar material para difundir el evento.
Felicidades Santo Padre.

El Papa : Misericordia en las relaciones cotidianas


Les pido perdón porque no hablaré de pie, tengo un poco de gripe y no me siento bien, lo haré sentado.
Queridos hermanos y hermanas,
La Navidad ya cercana nos ofrece la bella ocasión de reencontrarnos y darnos las felicitaciones.
Antes que nada deseo agradecerles por su trabajo, por el compromiso que ponen para hacer las cosas bien, siempre, también cuando no hay ningún reconocimiento. Tantas veces uno hace algo bien y no es reconocido. Quisiera agradecer en modo particular a quienes entre ustedes desde hace muchos años hacen el mismo tipo de trabajo, un trabajo a menudo escondido, y buscan hacer las cosas como se debe. Sabemos que esto es normal, es simplemente hacer el propio deber; pero sabemos también que para nosotros seres humanos no es fácil, no somos máquinas –¡gracias a Dios!- y a veces necesitamos un incentivo, o cambiar un poco… Los felicito a ustedes que sienten un justo orgullo por hacer bien las cosas normales de cada día. ¡Gracias! Vamos hacia adelante, en los diversos ámbitos del trabajo, colaborando juntos, con paciencia, buscando ayudarnos uno al otro.
Y mientras les agradezco, quiero también pedirles perdón por los escándalos que ha habido en el Vaticano. Pero quisiera que mi y su actitud, especialmente en estos días, sea sobre todo aquella de rezar, rezar por las personas involucradas en estos escándalos, para que quien se ha equivocado se arrepienta y pueda reencontrar el justo camino.
Hay otra cosa que quiero decirles, quizá la más importante: les animo a cuidar su matrimonio y a sus hijos. Cuidar, no descuidar. Jugar con los niños, con los hijos. El matrimonio es como una planta. No es como un armario, que se mete allí, en la habitación, y basta espolvorearlo de vez en cuando. Una planta está viva, se cuida cada día: se ve cómo está, se le pone agua,  y así. El matrimonio es una realidad viva: la vida de pareja nunca debe darse por sentada en ninguna fase del camino de una familia. Recordemos que el don más valioso para los hijos no son las cosas, sino el amor de los padres. Y no me refiero sólo al amor de los padres hacia los hijos, sino al amor de los padres entre ellos, es decir, la relación conyugal. Esto hace tanto bien a ustedes y ¡también a sus hijos! ¡No descuidar a la familia!
Por lo tanto, antes que nada cultivar la “planta” del matrimonio, que son ustedes esposos, y al mismo tiempo cuidar la relación con sus hijos, también aquí, centrándose más en la relación humana que sobre las cosas. Hablar con los hijos, escucharlos, preguntarles qué piensan, este diálogo entre los padres e hijos hace tanto bien, hace crecer en madurez a los hijos. Nos centramos en la misericordia, en las relaciones cotidianas, entre el marido y la mujer, entre los padres y los hijos, entre hermanos y hermanas; y cuidemos a los abuelos… Los abuelos son tan importantes en la familia. Los abuelos tienen la memoria, la sabiduría, no dejar a un lado a los abuelos, son muy importantes. Me decía una señora joven que tiene un hijo de 7 años y con ella vive la abuela de noventa años, que no está del todo bien, le han aconsejado internarla en una casa de descanso. Y esta mujer sabia ha respondido a quien le aconsejaba internar a la abuela en una casa de descanso: no, yo quiero que mi hijo crezca al lado de la abuela. Sabía, sabía el bien que hacen los abuelos a los nietos.
Cuidar la paz en la familia, ¿que se discute en las familias? Lo sabemos todos, un matrimonio que no discute parece anormal, lo importante es no terminar la jornada sin hacer las paces. Hermanos que no discuten, siempre, hacer la paz. Y ustedes padres cuando sus hijos han discutido antes de ir a la cama decirles ustedes que hagan la paz, dense la mano, dense un beso.
Aprendan esta sabiduría de hacer la paz ¿han hecho la guerra durante el día? ¿La guerra caliente? No dejen que esta guerra se haga fría porque la guerra fría del día siguiente es más peligrosa de la guerra caliente ¿Entienden? Hacer la paz en la noche siempre.
El Jubileo va vivido también en la iglesia doméstica, ¡no sólo en los grandes eventos! Más bien, el Señor ama a quien practica la misericordia en las circunstancias ordinarias. Esto quiero desearles: experimental la alegría de la misericordia, comenzando por su familia. Gracias por su trabajo, perdón por los escándalos y vayan hacia adelante en esta comunidad y lleven mis saludos y mis felicitaciones a sus seres queridos, a los ancianos y a los enfermos. Continúen por favor a rezar por mí. Gracias de nuevo y ¡feliz navidad!

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cuando recen, acuérdense de mí como yo me acuerdo de ustedes, invitación del Papa a los niños

RV).- Luego de pedir nuestra oración también por los hermanos de la India que están sufriendo por diversos desastres naturales,  el Obispo de Roma saludó a los fieles y peregrinos congregados, y de manera especial a los muchos chicos y chicas presentes  este domingo en la Plaza de San Pedro que trajeron los niños de sus belenes para que el Papa los bendiga. “Queridos niños, cuando recen delante de sus pesebres, acuérdense también de mí, como yo me acuerdo de ustedes” fue la cálida invitación de Francisco a los pequeños.
Saludo del Papa
 
Mi pensamiento va en este momento a las queridas poblaciones de la India, golpeadas recientemente por un grave aluvión. Recemos por estos hermanos y hermanas, que sufren a causa de tal calamidad, y confiemos las almas de los difuntos a la misericordia de Dios. Recemos por todos estos hermanos de la India un Ave Maria a la Virgen: Ave Maria, …
Saludo con afecto a todos ustedes, queridos peregrinos provenientes de varios países para participar en este encuentro de oración. Hoy el primer saludo está dedicado a los niños de Roma, venidos para la tradicional bendición de los “Niñitos”, organizada por el Centro de Oratorios Romanos. Estos niños si que saben hacer bulla, ¿eh? Queridos niños escuchen bien, cuando recen delante de sus pesebres, acuérdense también de mí, como yo me acuerdo de ustedes. Les  agradezco, y ¡feliz Navidad!
Saludo a las familias de la comunidad “Hijos en el Cielo” y aquellas ligadas, en la esperanza y en el dolor, al Hospital Bambino Gesù. Queridos padres, les aseguro mi cercanía espiritual y los estimulo a continuar su camino de fe y de fraternidad.
Saludo a la coral polifónica de Racconigi,  al grupo de oración “I ragazzi del Papa” – ¡gracias por su  apoyo! – y a los fieles de Parma.
Auguro a todos un buen domingo y una Navidad de esperanza, y llena de estupor, del estupor que nos da Jesús, lleno de amor y de paz. No se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

Monjes de Santo Domingo de Silos

sábado, 19 de diciembre de 2015

El impresionante testimonio de fe de una miss

Miss Suiza
“La religión es un hilo que puede desenrollarse a través del tiempo para acercarnos a los diferentes contextos de pensamiento”. ¿Lo creerías si te dijéramos que esta frase la hapronunciado una miss? Pues es cierto; se trata de la nueva miss Suiza, elegida el pasado 7 de noviembre: Lauriane Sallin, de 22 años.
Esta joven, estudiante de Historia del Arte y de lengua francesa en la Universidad de Friburgo, no es en absoluto una reina de la belleza habitual.
Durante una entrevista al sitio web de información católica Cath.ch, la más hermosa de los helvecios se sinceró completamente hablando sobre su espiritualidad, su fe católica y su visión de Dios.
Sus palabras desvelan un discurso profundo y lleno de sentido común. Después de haberse preguntado muchas veces sobre el sentido de la existencia, la joven ha tomado conciencia de que “la humanidad no cesa de enfrentarse a ciertas realidades”, en particular a la cuestión de la felicidad.
Creo que la felicidad es posible, pero aún hace falta precisar en qué consiste”, remarca la joven. “Personalmente,yo me acerco más a la felicidad con ciertos principios básicos de la fe cristiana: el respeto y el amor al prójimo”.
Ya está dicho: miss Suiza es tan bella como creyente en la fe católica. Aunque reconoce que “en [su] familia todo el mundo es creyente”, para ella la religión no es una cuestión de condicionamiento.
Para mí, la fe no es en absoluto una exigencia de mis padres, sino algo personal. Es mi elección. Se ha desarrollado a través de mis lecturas, desde Aristóteles a Descartes, pasando por el Evangelio según Lucas. Yo quise entender este relato evangélico y, para ello, tuve que “currar” mucho estudiando su contexto. Se requiere esfuerzo, pero es la única manera de entender su significado”, sostiene Lauriane.
“En cada persona hay una parte del Reino de Dios”
Y así, poco a poco, empezó a darse cuenta de hasta qué punto la religión le ayuda a ganar perspectiva “en un mundo donde se vive siempre al instante”, subraya.
Una toma de conciencia suscitada en especial a causa de la pérdida de su hermana: “Con la muerte de mi hermana, ya no podía permanecer centrada en el instante, en las experiencias vividas al segundo, porque lo que vivía a cada segundo era mi hermana muriéndose. Había que mirar más allá”.
A este “más allá” accede a través de un amigo que, cierto día, pronunció estas palabras: “En cada persona hay una parte del Reino de Dios”, una frase que marcó profundamente a Lauriane.
Poco a poco, Dios se convirtió en el que la ayudaba a avanzar: “Para mí, la posibilidad es Dios. Él es quien nos ayuda a superarnos”.
La joven se muestra lúcida al hablar sobre la muerte: “Ya lo sabéis, la reglas del juego son claras: estamos vivos, así quetodos tendremos que morir. Pero ahí no está el drama, sino en la mentira que nos contamos a nosotros mismos, convenciéndonos de que es imposible que muramos con 24 años”.
En relación al concurso de miss y sobre la belleza en general, la suiza nos da una respuesta muy perspicaz: “La belleza y la armonía de las formas desde siempre han atraído y tranquilizado al ojo. Como cuando me planteo la cuestión de la felicidad, busco comprender qué es la belleza. Para captar su significado, hay que ir más allá de la plasticidad. Para mí, la belleza es un camino hacia la armonía”, concluye, a lo que añade: “Intento ser un poco como una alegoría que lleve más lejos a las personas”.