domingo, 23 de agosto de 2015

María nos ayude a ir a Jesús, para experimentar la libertad que Él nos da, alienta el Papa

¡Jesús es la persona que necesitamos!
(RV).- Él nos brinda la «libertad de limpiar nuestras opciones de las incrustaciones mundanas y  de los miedos»,  destacó el Papa Francisco en sus palabras, para introducir el rezo mariano, del XXI primer domingo del Tiempo Ordinario. Dirigiéndose a los miles de fieles romanos y de peregrinos de tantas partes del mundo, que una semana más acudieron a la Plaza de San Pedro,  y a los que se suman a través de los medios de comunicación, el Obispo Roma hizo hincapié, con el Evangelio de Juan, en que «la fidelidad a Dios es ser fieles a Jesús».
Y exclamó que «¡necesitamos estar con Él, alimentarnos en su mesa, con sus palabras de vida eterna!»
«Creer en Jesús significa hacer de Él el centro, el sentido de nuestra vida», reiteró luego el Santo Padre, subrayando que «Cristo no es un elemento accesorio: es el ‘pan vivo’, el alimento indispensable». Y que «ligarse a Él, en una verdadera relación de fe y de amor, no significa estar encadenados, sino ser profundamente libres, siempre en camino, abiertos a los desafíos de nuestro tiempo».
Reflexionando sobre las palabras de Jesús sobre el ‘Pan de la vida’, al día siguiente del milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, el Papa señaló cómo se apagó en la gente el gran entusiasmo del día anterior, puesto que se esperaban palabras, que según algunos, debían ser más ‘exitosas’para lo que pensaban que debía ser un Mesías.
¡Pero, precisamente sobre esto se equivocaban: sobre el modo de entender la misión del Mesías!
Ante los que se alejan de Jesús por su lenguaje duro, Él no hace descuentos, recordó el Papa, evocando asimismo la profesión de fe con la que San Pedro responde al Señor, que le había preguntado: «¿también ustedes quieren irse?».
A las que Pedro respondió: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. No dijo dónde iremos, sino a quién, enfatizó el Santo Padre.
«Siempre las palabras de Jesús nos ponen en crisis; en crisis por ejemplo, ante el espíritu del mundo, a la mundanidad». Señaló también el Papa e invitó a preguntarnos cada uno «¿Quién es Jesús para mí? ¿Es un nombre, una idea, es un personaje histórico solamente? O es verdaderamente aquella persona que me ama, que ha dado su vida por mí y camina conmigo».
(CdM – RV)
Texto completo de las palabras del Papa antes del rezo del Ángelus:
«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
Concluye hoy la lectura del capítulo sexto del Evangelio de Juan, con las palabras sobre el ¡Pan de la vida’, pronunciadas por Jesús, al día siguiente del milagro de la multiplicación de los panes y peces.
Al final de su sermón, el gran entusiasmo del día anterior se apagó, porque Jesús había dicho que era el Pan bajado del cielo y que daba su carne como alimento y su sangre como bebida, aludiendo así claramente al sacrificio de su misma vida. Estas palabras suscitaron desilusión en la gente, que las juzgó indignas del Mesías, no ‘exitosas’
Algunos miraban a Jesús como a un Mesías que debía hablar y actuar de modo que su misión tuviera éxito, ¡enseguida!
¡Pero, precisamente sobre esto se equivocaban: sobre el modo de entender la misión del Mesías!
Ni siquiera los discípulos logran aceptar ese lenguaje, lenguaje inquietante del Maestro. Y el  pasaje de hoy cuenta su malestar: «¡Es duro este lenguaje! – decían - ¿Quién puede escucharlo?». (Jn 6,60)
En realidad, ellos entendieron bien las palabras de Jesús. Tan bien que no quieren escucharlo, porque es un leguaje que pone en crisis su mentalidad. Siempre las palabras de Jesús nos ponen en crisis; en crisis por ejemplo, ante el espíritu del mundo, a la mundanidad. Pero Jesús ofrece la clave para superar la dificultad; una clave hecha con tres elemento. Primero, su origen divino: él ha bajado del cielo y subirá allí donde estaba antes (62).
Segundo, sus palabras se pueden comprender sólo a través de la acción del Espíritu Santo, Aquel que «da la vida» (n. 63). Y es precisamente el Espíritu Santo el que hace comprender bien a Jesús.
Tercero: la verdadera causa de la incomprensión de sus palabras es la falta de fe: «hay entre ustedes algunos que no creen». (64), dice Jesús. En efecto, desde ese momento, «muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo». (n. 66) Ante estas defecciones, Jesús no hace descuentos  y no atenúa sus palabras, aún más obliga a realizar una opción precisa: o estar con Él o separarse de Él, y dice a los Doce: «¿También ustedes quieren irse?». (n. 67)
Entonces, Pedro hace su confesión de fe en nombre de los otros Apóstoles: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. (n. 68) No dice: ‘¿dónde iremos?’, sino ‘¿a quién iremos?’. El problema de fondo no es ir y abandonar la obra emprendida, sino a quién ir. De esa pregunta de Pedro, nosotros comprendemos que la fidelidad a Dios es cuestión de fidelidad a una persona, con la cual nos enlazamos para caminar juntos por el mismo camino. Y esta persona es Jesús. Todo lo que tenemos en el mundo no sacia nuestra hambre de infinito. ¡Tenemos necesidad de Jesús, de estar con Él, de alimentarnos en su mesa, con sus palabras de vida eterna!
Creer en Jesús significa hacer de Él el centro, el sentido de nuestra vida.  Cristo no es un elemento accesorio: es el ‘pan vivo’, el alimento indispensable. Ligarse a Él, en una verdadera relación de fe y de amor, no significa estar encadenados, sino ser profundamente libres, siempre en camino.
Cada uno de nosotros puede preguntarse, ahora: ¿Quién es Jesús para mí? ¿Es un nombre, una idea, es un personaje histórico solamente? O es verdaderamente aquella persona que me ama, que ha dado su vida por mí y camina conmigo. ¿Para ti quién es Jesús? ¿Intentas conocerlo en su palabra? ¿Lees el Evangelio todos los días, un pasaje, del Evangelio para conocer a Jesús? ¿Llevas el Evangelio todos los días, en la bolsa, para leerlo, en todas partes? Porque cuanto más estamos con Él, más crece el anhelo de permanecer con él. Ahora les pediré amablemente, hagamos un momentito de silencio y cada uno de nosotros en silencio, en su corazón, se pregunte: ¿quién es Jesús para mí? En silencio, cada uno responda, en su corazón: ¿quién es Jesús para mí?
Que la Virgen María nos ayude a ‘ir’ siempre a donde Jesús, para experimentar la libertad que Él nos ofrece, y que nos consiente limpiar nuestras opciones de las incrustaciones mundanas y  de los miedos.»

miércoles, 19 de agosto de 2015

“Continúen dando testimonio de Cristo resucitado, eligiendo amar”, el Papa a la Comunidad de Taizé

(RV).- ¡Buen camino para la comunidad de Taizé! Es el aliento del Papa Francisco al termine de la Audiencia General, del tercer miércoles de agosto, a la Comunidad Ecuménica de Taizé en la víspera del aniversario de su fundación y donde recordó a su fundador, quien fue asesinado por una enferma mental hace 10 años atrás durante la oración vespertina:
«Mañana la Comunidad de Taizé cumple 75 años. Deseo dirigir mi saludo acompañado con mi oración a los hermanos, en el recuerdo de su amado fundador Roger Schutz, del que hemos recordado el X aniversario de su muerte, hace tres días. ¡Buen camino para la comunidad de Taizé!»
Además, el Santo Padre envió un mensaje para esta ocasión al actual superior de Taizé, frère Alois, donde expresa su gratitud a Dios, quien genera “siempre nuevos testigos fieles hasta el final”. Citando a su predecesor, Benedicto XVI, el Papa define al fundador, frére Roger “un incansable testigo del Evangelio de la paz y de la reconciliación, animado por el fuego del ecumenismo de la santidad”. “Ha sido este fuego, subraya el Obispo de Roma, lo que lo ha llevado a fundar una comunidad que puede ser considerada como una verdadera ‘parábola de comunión’, que hasta hoy, ha tenido un rol importante en construir puentes de fraternidad entre los cristianos”.
“Buscando apasionadamente la unidad de la iglesia, Cuerpo de Cristo, frére Roger – escribe el Papa – se ha abierto a los tesoros de las diferentes tradiciones cristianas, sin realizar rupturas con su origen protestante”. Con la perseverancia de quien ha dado testimonio durante su larga vida, ha contribuido a cambiar las relaciones entre los cristianos aun separados, trazando para muchos un camino de reconciliación”.
Alimentado por la Sagrada Escritura, frére Roger ha recibido la enseñanza de los Padres de la Iglesia, actualizando las fuentes cristianas para los jóvenes. El superior de Taizé – señala el Pontífice – “entendía a las nuevas generaciones; tenía confianza en ellos haciendo de Taizé un lugar de encuentro donde los jóvenes provenientes de todo el mundo se sientan respetados y acompañados en su búsqueda espiritual”. “Frére Roger – recuerda el Papa ha amado a los pobres, a los desheredados, a aquellos que aparentemente no cuentan, mostrando con su existencia y con la de sus hermanos que la oración va de la mano con la solidaridad humana”.
Finalmente, el Santo Padre, agradece a Dios “por la vida donada del fundador frére Roger, hasta la muerte violenta. Pueda la comunidad de Taizé – desea el Papa – mantener siempre vivo el testimonio que él ha dado de Cristo resucitado y el llamado que constantemente ha renovado a elegir amar”.