El pasado jueves 20 de noviembre, con el discurso del Presidente del Pontificio Consejo para los Operadores Sanitarios S.E. Mons. Zygmunt Zimowski, se dio inicio a las jornadas de reflexión en el Aula Sinodal.
En esta oportunidad participaron 650 representantes de 57 países. Por nuestro país estuvieron presentes también dos matrimonios con hijos que padecen autismo y Monseñor Eugenio Ferrari, Delegado Diocesano para la Pastoral de la Salud del Obispado Castrense.
A continuación del discurso de apertura fue presentado el joven artista de Taiwan Leland Lee (25 años) quien acompañado de su madre, y del embajador de Taiwan pudo dirigir unas palabras para explicar su pasión por la pintura, muchas de las cuales fueron expuestas en el Hall del Aula Paulo VI.
El trabajo intenso de los tres días se vio coronado por la audiencia que concedió el Santo Padre Francisco con un breve mensaje y saludó con afecto a los niños autistas y a sus padres. Culminó esa audiencia con una oración que elevó el Papa por el eterno descanso del Cardenal Angellini fallecido unas horas antes y que fuera el fundador del Pontificio Consejo para la Salud tan deseado por San Juan Pablo II.
El Lunes 24 invitado por el Doctor Stefano Vicari Responsable del departamento de Neuropsiquiatría infantil del Hospital Bambino Gesú, Monseñor Ferrari recorrió las instalaciones de dicho hospital.
(RV).- A las 9 de la mañana, en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio apostólico vaticano, el PapaFrancisco asistió a la primera Predicación deAdviento, junto a los demás miembros de la Curia Romana.
Tal como explicó el Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, en una entrevista concedida al periódico de la Santa Sede,L’Osservatore Romano, “Paz en la tierra a los hombres que Dios ama”, es el tema inspirado en el Evangelio de San Lucas que ha elegido precisamente por su dolorosa actualidad, junto a la necesidad de volver a dar a esta palabra la riqueza de significado que tiene en la Biblia.
La meditación del primer viernes de Adviento estuvo dedicada a la paz como don del Señor en Cristo Jesús. Porque como afirmó el predicador, “la Palabra de Dios nos enseña que la primera y más esencial paz es la vertical, entre Dios y la humanidad”.
“Si se pudiera escuchar el grito más fuerte que hay en el corazón de millones de personas, se oiría, en todas las lenguas del mundo, una sola palabra: ¡paz! La dolorosa actualidad de este tema, unida a la necesidad de dar de nuevo a la palabra paz la riqueza y la profundidad de significado que ésta tiene en la Biblia, me ha impulsado a dedicar a este tema las meditaciones de Adviento de este año. Nos ayudará, espero, a escuchar con oídos nuevos el anuncio navideño: “Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor” y también a comenzar a vivir en nuestro interior el mensaje que la Iglesia, cada año, dirige al mundo en la jornada mundial de la paz”.
Entre los puntos tocados por el Predicador de la Casa Pontificia destacamos: “La paz de Dios prometida y donada”; “La paz, fruto de la cruz de Cristo”; “¡Reciban el Espíritu Santo!” y “¡Dejarse reconciliar con Dios!”.
Al explicar que una de las causas de la alienación del hombre moderno de la religión y de la fe es la imagen distorsionada que se tiene de Dios. El Padre Cantalamessa dijo que ésta es también la causa de un cristianismo apagado, sin entusiasmo y sin alegría, vivido más como un deber que como un don.
De ahí que recordara cuán grandiosa era la imagen de Dios Padre en la Capilla Sixtina, cuando la vio por primera vez a pesar de estar cubierta por una pátina oscura, y cómo se la ve ahora, tras la restauración, con los colores brillantes y los contornos definidos, tal como salió del pincel de Miguel Ángel. A lo que añadió: “Una restauración más urgentes de la imagen de Dios Padre debe tener lugar en los corazones de los hombres, incluidos nosotros los creyentes”.
Y al destacar que el Espíritu Santo nos comunica el sentimiento que Jesús tenía de su Padre, el Predicador concluyó diciendo:
“De aquí brota el sentimiento filial que se traduce espontáneamente en el grito: ¡Abba, Padre! Como quien dice: “Yo no te conocía, o te conocía sólo de oídas; ahora te conozco, sé quién eres”.
“Salimos ahora a nuestro trabajo cotidiano con una pregunta en el corazón: ¿Qué idea de Dios Padre tengo yo dentro de mí: la del mundo o la de Jesús?”.
Y dado que “el Señor viene”, recordamos que durante la audiencia generaldel primer miércoles de diciembre, en sintonía con este tiempo litúrgico, el Papa Francisco saludaba a los peregrinos procedentes de América Latina y de España con un deseo muy actual:
“Que la preparación del nacimiento del Señor, en este tiempo de Adviento, les haga crecer en el amor a Jesús y en el deseo de comunicarlo a todos los demás. Muchas gracias y que Dios los bendiga a todos”.
El director del Grupo ACI, Alejandro Bermúdez, nos ofrece a diario reflexiones en audio y vídeo sobre temas de actualidad en los que los católicos necesitamos tener una posición clara e informada. Compártelo con tus amigos, tu comunidad o en tu medio de comunicación católico.
(RV).- Hay tantos santos escondidos, hombres, mujeres, padres y madres de familia, enfermos, sacerdotes, que ponen en práctica todos los días el amor de Jesús y esto da esperanza: es cuanto dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Es verdaderamente cristiano quien pone en práctica la Palabra de Dios. No basta decir que se tiene fe. Al comentar el Evangelio sobre la casa construida sobre la roca o sobre la arena, Francisco invitó a no ser “cristianos de apariencia”, cristianos disfrazados, porque apenas cae un poco de lluvia el truco desaparece. Non basta – dijo el Papa – pertenecer a una familia muy católica o a una asociación o ser un benefactor, si no se sigue después la voluntad de Dios.
“Tantos cristianos de apariencias” – observó el Santo Padre – “caen ante las primeras tentaciones”, porque “no hay sustancia allí”, han construido sobre la arena. En cambio, hay tantos santos “en el pueblo de Dios – no necesariamente canonizados, sino santos – tantos hombres y mujeres” que “ponen en práctica el amor de Jesús. Tantos”. Que han construido su casa sobre la roca, que es Cristo:
“Pensemos en los más pequeños, eh. En los enfermos que ofrecen sus sufrimientos por la Iglesia, por los demás. Pensemos en tantos ancianos solos, que rezan y ofrecen. Pensemos en tantas madres y padres de familia que llevan adelante con tanta fatiga su familia, la educación de los hijos, el trabajo cotidiano, los problemas, pero siempre con la esperanza en Jesús, que no se pavonean, sino que hacen lo que pueden”.
¡Son los “santos de la vida cotidiana!”, exclamó el Papa:
“Pensemos en tantos sacerdotes que no se hacen ver pero que trabajan en sus parroquias con tanto amor: la catequesis a los niños, la atención a los ancianos, a los enfermos, la preparación a los recién casados… Y todos los días lo mismo, lo mismo, lo mismo. No se aburren porque en su fundamento está la roca. Es Jesús, esto es lo que da santidad a la Iglesia, ¡esto es lo que da esperanza!”.
Francisco afirmó además que “debemos pensar mucho en la santidad escondida que existe en la Iglesia”. “Cristianos que permanecen en Jesús. Pecadores, ¡eh! Todos lo somos. Y también a veces alguno de estos cristianos comete algún pecado grave, pero se arrepienten, piden perdón, y esto es grande: la capacidad de pedir perdón, de no confundir pecado con virtud, de saber bien dónde está la virtud y dónde está el pecado. Estos están fundados sobre la roca y la roca es Cristo. Siguen el camino de Jesús, lo siguen a Él”.
“Los soberbios, los vanidosos, los cristianos de apariencia – subrayó el Papa Bergoglio – serán derribados, humillados”, mientras “los pobres serán aquellos que triunfarán, los pobres de espíritu, los que ante Dios se sienten una nada, los humildes, y llevan adelante la salvación poniendo en práctica la Palabra del Señor”.
“Hoy estamos, mañana no estaremos” – dijo el Papa citando a San Bernardo: “Piensa, hombre, qué será de ti: comida para gusanos”. “Nos comerán los gusanos, a todos” – recordó el Papa – y “si no tenemos esta roca, terminaremos aplastados”:
“En este tiempo de preparación a la Navidad pidamos al Señor que estemos fundados firmemente en la roca que es Él. Nuestra esperanza es Él. Nosotros somos todos pecadores, somos débiles pero si ponemos la esperanza en Él podremos ir adelante. Y ésta es la alegría de un cristiano: saber que en Él está la esperanza, está el perdón, está la paz, está la alegría. Y no poner nuestra esperanza en cosas que hoy están y mañana no estarán”.