miércoles, 3 de febrero de 2010

Piensan los jóvenes.

Jaime Nubiola

Invitación a pensar


El miedo a lo definitivo

La impresión prácticamente unánime de quienes convivimos a diario con jóvenes es que, en su mayor parte, han renunciado a pensar por su cuenta y riesgo. Por este motivo aspiro a que mis clases sean una invitación a pensar, aunque no siempre lo consiga. En este sentido, adopté hace algunos años como lema de mis cursos unas palabras de Ludwig Wittgenstein en el prólogo de sus Philosophical Investigations en las que afirmaba que «no querría con mi libro ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera posible, estimularles a tener pensamientos propios».

Con toda seguridad este es el permanente ideal de todos los que nos dedicamos a la enseñanza, al menos en los niveles superiores. Sin embargo, la experiencia habitual nos muestra que la mayor parte de los jóvenes no desea tener pensamientos propios, porque están persuadidos de que eso genera problemas. «Quien piensa se raya» —dicen en su jerga—, o al menos corre el peligro de rayarse y, por consiguiente, de distanciarse de los demás. Muchos recuerdan incluso que en las ocasiones en que se propusieron pensar experimentaron el sufrimiento o la soledad y están ahora escarmentados. No merece la pena pensar —vienen a decir— si requiere tanto esfuerzo, causa angustia y, a fin de cuentas, separa de los demás. Más vale vivir al día, divertirse lo que uno pueda y ya está.

En consonancia con esta actitud, el estilo de vida juvenil es notoriamente superficial y efímero; es enemigo de todo compromiso. Los jóvenes no quieren pensar porque el pensamiento —por ejemplo, sobre las graves injusticias que atraviesan nuestra cultura— exige siempre una respuesta personal, un compromiso que sólo en contadas ocasiones están dispuestos a asumir. No queda ya ni rastro de aquellos ingenuos ideales de la revolución sesentayochista de sus padres y de los mayores de cincuenta años. «Ni quiero una chaqueta para toda la vida —escribía una valiosa estudiante de Comunicación en su blog— ni quiero un mueble para toda la vida, ni nada para toda la vida. Ahora mismo decir toda la vida me parece decir demasiado. Si esto sólo me pasa a mí, el problema es mío. Pero si este es un sentimiento generalizado tenemos un nuevo problema en la sociedad que se refleja en cada una de nuestras acciones. No queremos compromiso con absolutamente nada. Consumimos relaciones de calada en calada, decimos «te quiero» demasiado rápido: la primera discusión y en seguida la relación ha terminado. Nos da miedo comprometernos, nos da miedo la responsabilidad de tener que cuidar a alguien de por vida, por no hablar de querer para toda la vida».

Superficial, superfluo e inútil

El temor al compromiso de toda una generación que se refugia en la superficialidad, me parece algo tremendamente peligroso. No puede menos que venir a la memoria el lúcido análisis de Hannah Arendt sobre el mal. En una carta de marzo de 1952 a su maestro Karl Jaspers escribía que «el mal radical tiene que ver de alguna manera con el hacer que los seres humanos sean superfluos en cuanto seres humanos». Esto sucede —explicaba Arendt— cuando queda eliminada toda espontaneidad, cuando los individuos concretos y su capacidad creativa de pensar resultan superfluos. Superficialidad y superfluidad —añado yo— vienen a ser en última instancia lo mismo: quienes desean vivir sólo superficialmente acaban llevando una vida del todo superflua, una vida que está de más y que, por eso mismo, resulta a la larga nociva, insatisfactoria e inhumana.

De hecho, puede decirse sin cargar para nada las tintas que la mayoría de los universitarios de hoy en día se consideran realmente superfluos tanto en el ámbito intelectual como en un nivel más personal. No piensan que su papel trascienda mucho más allá de lograr unos grados académicos para perpetuar quizás el estatus social de sus progenitores. No les interesa la política, ni leen los periódicos salvo las crónicas deportivas, los anuncios de espectáculos y algunos cotilleos. Pensar es peligroso, dicen, y se conforman con divertirse. Comprometerse es arriesgado y se conforman en lo afectivo con las relaciones líquidas de las que con tanto éxito ha escrito Zygmunt Bauman.

A dónde nos lleva el no pensar

Resulta muy peligroso —para cada uno y para la sociedad en general— que la gente joven en su conjunto haya renunciado puerilmente a pensar. El que toda una generación no tenga apenas interés alguno en las cuestiones centrales del bien común, de la justicia, de la paz social, es muy alarmante. No pensar es realmente peligroso, porque al final son las modas y las corrientes de opinión difundidas por los medios de comunicación las que acaban moldeando el estilo de vida de toda una generación hasta sus menores entresijos. Sabemos bien que si la libertad no se ejerce día a día, el camino del pensamiento acaba siendo invadido por la selva, la sinrazón de los poderosos y las tendencias dominantes en boga.

Pero, ¿qué puede hacerse? Los profesores sabemos bien que no puede obligarse a nadie a pensar, que nada ni nadie puede sustituir esa íntima actividad del espíritu humano que tiene tanto de aventura personal. Lo que sí podemos hacer siempre es empeñarnos en dar ejemplo, en estimular a nuestros alumnos —como aspiraba Wittgenstein— a tener pensamientos propios. Podremos hacerlo a menudo a través de nuestra escucha paciente y, en algunos casos, invitándoles a escribir. No se trata de malgastar nuestra enseñanza lamentándonos de la situación de la juventud actual, sino que más bien hay que hacerse joven para llegar a comprenderles y poder establecer así un puente afectivo que les estimule a pensar.

(PUBLICADO EN ESTE BLOG POR EL P. FEDERICO KUNZ)

domingo, 31 de enero de 2010

UNA ABUELA EN LA CARCEL POR EL ABORTO


Tiene poco más de 60 años, no mide más de 1,50 metros y apenas si llega a los 50 kilos de peso. En los últimos 15 años ha estado en la cárcel alrededor de 75 meses, unos 7 años. Inclusive ha pasado ahí la Navidad. No, no asaltó a nadie, no golpeo tampoco a ninguno, ni mucho menos cometió o procuró un aborto. Se manifestó. Y se podría pensar que entonces lo hizo violentamente, gritando improperios, rompiendo a su paso ventanas de hogares y negocios e incendiando coches (como suele pasar en no pocas manifestaciones) estaríamos lejos de la realidad. El gravísimo delito de Linda Gibbons ha sido pararse, con una pancarta, fuera de clínicas abortistas en Canadá, desde 1994, buscando también aconsejar. “Entonces la pancarta sería muy agresiva, y por eso la meterían a la cárcel”, podría venir a la mente. No. Por poner un ejemplo, una de sus últimas pancartas decía: “¿Por qué, mamá? Si tengo mucho amor que dar”. En octubre de 1999, por citar un caso, la policía de Toronto usó métodos violentos para arrestar a Linda Gibbons. ¿Motivos? La abuelita estaba fuera de una clínica para asesinar niños, tratando de hacer reflexionar a las mujeres que iban a entrar. La policía también arrestó a los tres reporteros que cubrían la nota y les confiscó las cámaras fotográficas. En esa ocasión, después del arresto, Linda permaneció las primeras 26 horas sin comida, bebida o cobijas para pasar la noche. En otro momento, Gibbons fue condenada a seis meses de prisión por haberse manifestado pacíficamente. Paradójicamente, su compañera de celda había sido condenada a tres meses por una agresión con violencia, y que ciertamente no tenía que ver con la defensa de la vida.Un artículo publicado por Nigel Hannaford en The Calgary Herald (cf. 04.10.2008) hacía notar un contraste en el trato dispensado a la abuelita Gibbons: “Si Gibbons fuera una sindicalista que participara en una huelga, podría gritar tanto como quisiera. En este país (Canadá), la policía se mantiene a distancia aunque rompan los cristales a los camioneros. Entonces, ¿dónde está el problema si una mujer se dirige pacíficamente a otra que va a una clínica abortista? Ah, dice el otro lado, nadie debe interferir en un asunto que tiene que ver con la salud del otro. Es verdad. Pero la mujer no está enferma, está embarazada. Dada la sangrienta realidad del aborto, preguntar a alguien si realmente sabe lo que va a hacer parece justo”. Pero la cárcel no ha sido un obstáculo para Linda Gibbons. Sale y vuelve a la lucha: “Si estuviera toda una vida en la cárcel y sólo un niño hubiera sido salvado, habría merecido la pena”, ha dicho a los guardias y compañeras que le preguntan si vale de algo lo que hace si al final termina en prisión. De hecho en la misma cárcel el trabajo continúa y más de una presa ha decidido continuar su embarazo tras hablar con la abuelita Gibbons. “Un cristiano en la cárcel no es tiempo perdido”, también ha afirmado. Por fortuna, Linda Gibbons ya tiene la alegría de contar a un buen número de niños cuyas madres decidieron tenerlos después de toparse con ella.La abuelita Gibbons es un testimonio de amor a la vida, también a la del prójimo y, sobre todo, a la del más indefenso; es un ejemplo de tesón, perseverancia, fe y esperanza. Suele decirse que son los pro-vida los que quieren meter mujeres a la cárcel por abortar (algo completamente falso, dicho sea de paso), pero el caso concreto de Linda Gibbons pone de manifiesto que realmente, en la práctica, sucede lo contrario.

¿Conoce usted a alguna mujer que por abortar esté en la cárcel?

sábado, 30 de enero de 2010

"HASTA DAR LA VIDA"....


"ID POR TODO EL MUNDO Y

ANUNCIAD EL EVANGELIO"


LOS AGENTES PASTORALES ASESINADOS EN EL 2009

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) – Como de costumbre, la Agencia Fides publica al final del año el elenco de los agentes pastorales que han perdido la vida en modo violento durante los últimos 12 meses. Según las informaciones que tenemos, en el 2009 han sido asesinados 37 agentes pastorales: 30 sacerdotes, 2 religiosas, 2 seminaristas, 3 voluntarios laicos. Son casi el doble respecto al pasado 2008, y es el número más alto de los últimos diez años.
Analizando el elenco por continente, este año al primer puesto figura, con un número extremadamente elevado, AMÉRICA, bañada por la sangre de 23 agentes pastorales (18 sacerdotes, 2 seminaristas, 1 religiosa, 2 laicos), seguida por ÁFRICA, donde han perdido la vida en modo violento 9 sacerdotes, 1 religiosa y 1 laico, ASIA, con 2 sacerdotes asesinados y finalmente por EUROPA, con un sacerdote asesinado.
El conteo de Fides no hace referencia sólo a los misioneros ad gentes en sentido estricto, sino a todos los agentes pastorales muertos en modo violento. A propósito no usamos el término “mártires”, sino en su sentido etimológico de “testigo”, para nos entrar en mérito al juicio que la Iglesia podrá eventualmente dar sobre algunos de ellos, y también por las pocas noticias que, en la mayor parte de los casos, se logran recoger sobre su vida e incluso sobre las circunstancias de su muerte.
Como ha dicho el Santo Padre Benedicto XVI el día de la fiesta del protomártir San Esteban, “el testimonio de san Esteban, como el de los mártires cristianos, indica a nuestros contemporáneos, a menudo distraídos y desorientados, en quién deben poner su confianza para dar sentido a la vida. De hecho, el mártir es quien muere con la certeza de saberse amado por Dios y, sin anteponer nada al amor de Cristo, sabe que ha elegido la mejor parte. Configurándose plenamente a la muerte de Cristo, es consciente de que es germen fecundo de vida y abre en el mundo senderos de paz y de esperanza. Hoy, presentándonos al diácono san Esteban como modelo, la Iglesia nos indica asimismo que la acogida y el amor a los pobres es uno de los caminos privilegiados para vivir el Evangelio y testimoniar a los hombres de modo creíble el reino de Dios que viene” (Ángelus del 26 de diciembre de 2009).
En las pocas notas biográficas de estos hermanos y hermanas asesinados, podemos leer la entrega generosa y sin condiciones a la gran causa del Evangelio, sin callar la limitación de la fragilidad humana: es esto lo que los ha unido en la vida y también en la muerte violenta, incluso encontrándose en situaciones y contextos profundamente diversos. Para anunciar el amor de Cristo, muerto y resucitado para la salvación del hombre, testimoniándolo en obras concretas de amor a los hermanos, no han dudado en poner cotidianamente su vida en riesgo en contextos de sufrimiento, de pobreza extrema, de tensión, de violencia generalizada, para ofrecer la esperanza de un mañana mejor y buscar arrancar tantas vidas, sobre todo jóvenes, a la degradación y al círculo de la mala vida, acogiendo a todos aquellos que la sociedad rechaza y margina.
Algunos han sido víctimas de aquella violencia que estaban combatiendo o de la disponibilidad para ir en ayuda de los demás poniendo en segundo plano su propia seguridad. Muchos han sido asesinados en intentos de robo y de secuestro, sorprendidos en sus habitaciones por bandidos en búsqueda de irreales tesoros, y que la mayoría de las veces se han tenido que contentar con un coche viejo o con el teléfono celular de las víctimas, llevándose sin embargo el tesoro más precioso, una vida donada por Amor. Otros han sido eliminados sólo porque en el nombre de Cristo oponían el amor al odio, la esperanza a la desesperación, el diálogo a la contraposición violenta, el derecho al abuso.
Recordar los muchos agentes pastorales asesinados en el mundo y rezar por ellos “es un deber de gratitud de toda la Iglesia y un estímulo para cada uno de nosotros a testimoniar de modo cada vez más valiente nuestra fe y nuestra esperanza en Aquel que en la cruz venció para siempre el poder del odio y de la violencia con la omnipotencia de su amor” (Benedicto XVI, Regina Coeli, 24 de marzo de 2008).
A este elenco provisional redactado anualmente por la Agencia Fides, debe añadirse siempre la larga lista de aquellas personas de las que quizás nunca se tendrá noticia, que en cada ángulo del planeta sufren y pagan incluso con la vida su fe en Cristo. Se trata de aquella “nube de soldados desconocidos de la gran causa de Dios” – según la expresión del Papa Juan Pablo II – a quienes miramos con gratitud y veneración, incluso sin conocer sus rostros, y sin los cuales la Iglesia y el mundo serían muchísimo más pobres.

miércoles, 27 de enero de 2010

Y CONTINUAMOS EN EL AÑO SACERDOTAL...

Para ser más misionera, Teresa se siente llamada al Carmelo tras los pasos de Santa Teresa de Avila, su "Madre", por el don de su vida y la oración que traspasa todas las fronteras. Como la Santa española,"quisiera dar mil vidas para salvar una sola alma".Al entrar en el Carmelo declara :"He venido para salvar almas pero, sobre todo, para orar por los sacerdotes"."Amar a Jesús y hacerlo amar debe de ser, cada vez más, la meta de mi vida."
ORACION DE STA. TERESITA POR LOS SACERDOTES


Oh Jesús!Te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes,por tus sacerdotes tibios e infieles,por tus sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones,por tus sacerdotes que sufren tentación,por tus sacerdotes que sufren soledad y desolación,por tus jóvenes sacerdotes,por tus sacerdotes ancianos,por tus sacerdotes enfermos,por tus sacerdotes agonizantespor los que padecen en el purgatorio.Pero sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes que me son másqueridos,al sacerdote que me bautizó,al que me absolvió de mis pecados,a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión,a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron, me alentaron y aconsejaron, a todos los sacerdotes a quienes me liga una deuda de gratitud, especialmente a............
¡Oh Jesús, guárdalos a todos junto a tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad! Amén

martes, 26 de enero de 2010

PRIMERA MUJER SUBSECRETARIA DE JUSTICIA Y PAZ

Ciudad del Vaticano, 26,Ene. 10 (AICA)

El papa Benedicto XVI nombró Subsecretaria del Consejo Pontificio
Justicia y Paz a Flaminia Giovanelli,
la primera mujer en ocupar
esta posición en este dicasterio.
Al respecto, el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson y el obispo Mario Toso, respectivamente presidente y secretario de ese dicasterio, emitieron un comunicado en el que indican que Flaminia Giovanelli "es la primera mujer que ocupa el cargo de subsecretario de este Consejo Pontificio. Antes de ella la laica australiana Rosemary Goldie había desempeñado el mismo puesto en el Consejo Pontificio para los Laicos, mientras que una religiosa, de las Hijas de María Auxiliadora, sor Enrica Rosanna, es la actual subsecretaria de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica".
La nueva subsecretaria es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Roma, y diplomada en Biblioteconomía y Ciencias Religiosas. Trabaja desde 1974 en la entonces Comisión Pontificia Justicia y Paz, donde se ocupó de temas de desarrollo, pobreza y trabajo en el marco de la doctrina social de la Iglesia. Es experta de políticas de desarrollo y de trabajo de la Organización Mundial del Trabajo, del Consejo de Europa, de la Unión Europea, del ECOSOC y de la "Economic Commission for Europe" de Naciones Unidas.

"El nombramiento de Giovanelli -continúa el texto- confirma la gran confianza que la Iglesia y el Santo Padre Benedicto XVI depositan en la mujer. Juan Pablo II subrayó en su día la necesidad de "una participación más amplia y significativa de las mujeres en la vida de la Iglesia y en el desarrollo de la sociedad".+