martes, 13 de septiembre de 2016

Papa en Santa Marta: vencer la indiferencia, construir la cultura del encuentro...

(RV).- Trabajemos para construir una verdadera cultura del encuentro que venza la cultura de la indiferencia, fue la exhortación del Papa Francisco,  en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta. Invitó a reflexionar sobre el encuentro de Dios con su pueblo y puso en guardia contra las malas costumbres que nos distraen de escuchar a los demás, incluso en familia.
«Hoy la Palabra de Dios nos hace reflexionar sobre un encuentro», señaló el Santo Padre, con el Evangelio del martes de la XXIV semana del Tiempo Ordinario.  Para luego hacer hincapié en la diferencia que hay entre un encuentro y un mero cruzarse con otro, sin que haya un verdadero encuentro. Cada uno piensa en sus cosas, ve y no mira, oye y no escucha:
«El encuentro es otra cosa. Es lo que el Evangelio nos anuncia hoy: un encuentro. Un encuentro entre un hombre y una mujer, entre un hijo único vivo y un hijo único muerto. Entre una multitud feliz, porque había encontrado a Jesús y lo seguía, y un grupo de gente llorando, que acompañaba a aquella mujer, que salía por un puerta de la ciudad. Encuentro entre aquella puerta de salida y la puerta de entrada. El redil. Un encuentro que nos hace reflexionar sobre cómo encontrarnos entre nosotros».
En el Evangelio leemos que el Señor sintió una gran compasión. Jesús no hace como hacemos nosotros cuando vamos por la calle y vemos algo triste. Y pensamos ‘qué pena’ y seguimos nuestro caminar. Jesús no pasa de largo, se deja llevar por la compasión. Se acerca a la mujer, la encuentra de verdad y luego hace el milagro. Vemos no sólo la ternura de Jesús, sino también la fecundidad de un encuentro, reiteró el Papa, haciendo hincapié en que «todo encuentro es fecundo»:
«Estamos acostumbrados a una cultura de la indiferencia y tenemos que trabajar y pedir la gracia de realizar una cultura del encuentro. De este encuentro fecundo, este encuentro que restituya a cada persona su propia dignidad de hijo de Dios, la dignidad del viviente. Estamos acostumbrados a esta indiferencia, cuando vemos las calamidades de este mundo o las cosas pequeñas: ‘qué pena, pobre gente, cuánto sufre’… y seguimos de largo. El encuentro. Si no miro – no basta ver, no, hay que mirar – si no me detengo, si no miro, si no toco, si no hablo, no puedo hacer un encuentro y no puedo ayudar a hacer una cultura del encuentro».
Tras recordar que todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, porque Dios había visitado y encontrado a su pueblo, el Santo Padre dijo que le gusta ver en ello «el encuentro de cada día entre Jesús y su esposa», la Iglesia, que espera su regreso.
También en familia vivamos el verdadero encuentro, escuchémonos los unos a los otros
«Éste es el mensaje de hoy: el encuentro de Jesús con su pueblo», «todos tenemos necesidad de la Palabra de Jesús», tenemos necesidad del encuentro con Él, destacó el Papa, con su aliento a impulsar la cultura del encuentro también en los hogares:
«En la mesa, en familia, cuántas veces se come y se mira la televisión o se escriben mensajes con el teléfono. Cada uno es indiferente a ese encuentro. Tampoco en el núcleo de la sociedad, como es la familia, hay encuentro. Que esto nos ayude a trabajar por esta cultura del encuentro, como hizo simplemente Jesús. No sólo ver: mirar. No sólo oír: escuchar. No sólo cruzarse: detenerse. No sólo decir ‘qué pena, pobre gente’, sino dejarse llevar por la compasión. Y acercarse, tocar y decir en la lengua en que cada uno sienta en ese momento - la lengua del corazón -  ‘no llores’ y dar al menos una gota de vida».

lunes, 12 de septiembre de 2016

La diakonía

El Papa en Santa Marta: el diablo quiere dividir a la Iglesia en la raíz de la unidad, la misa...

(RV).- Las divisiones destruyen a la Iglesia y el diablo trata de atacar aquella que es la raíz de la unidad, es decir, la celebración eucarística: lo dijo el Papa Francisco en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta, el día en que la Iglesia celebra el Nombre de María.
Comentando la Carta de San Pablo a los Corintios, reprendidos por el apóstol por sus peleas, el Papa Francisco reiteró que “el diablo tiene dos armas potentísimas para destruir a la Iglesia: las divisiones y el dinero”. Y esto sucedió desde el comienzo: “divisiones ideológicas, teológicas, que laceraban a la Iglesia. El diablo siembra celos, ambiciones, ideas, ¡pero para dividir! O siembra codicia”. Y como sucede después de una guerra “todo está destruido. Y el diablo se va contento. Y nosotros, ingenuos, seguimos su juego”. “Es una guerra sucia la de las divisiones – repite una vez más el Papa – es como un terrorismo", aquel de las habladurías en las comunidades, aquel de la lengua que mata, "tira la bomba y destruye":
“Y las divisiones en la Iglesia no dejan que el Reino de Dios crezca, no dejan que el Señor se haga ver bien, como Él es. Las divisiones hacen que se vea esta parte, esta otra parte en contra ésta y contra de… ¡Siempre contra! No hay aceite de la unidad, el bálsamo de la unidad. Pero el diablo va más allá, no sólo en la comunidad cristiana, va precisamente a la raíz de la unidad cristiana. Y esto es lo que sucede aquí, en la ciudad de Corinto, a los corintios. Pablo los reprende porque las divisiones llegan justamente, precisamente a la raíz de la unidad, es decir, a la celebración eucarística”.
En el caso de los Corintios, se hacen divisiones entre los ricos y los pobres justamente durante la celebración eucarística. Jesús – subraya el Papa – “ha rezado al Padre por la unidad. Pero el diablo trata de destruir hasta ahí”:
“Yo les pido que hagan todo lo posible para no destruir a la Iglesia con las divisiones, ya sean ideológicas, que de codicia o de ambición, o de celos. Y sobre todo, recen para custodiar la fuente, la raíz propia de la unidad de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo y del que nosotros – todos los días – celebramos el sacrificio en la Eucaristía”.
San Pablo habla de las divisiones entre los Corintios, 2000 años atrás…
“Esto puede decirlo Pablo hoy a todos nosotros, a la Iglesia de hoy. ‘¡Hermanos, en esto, no puedo alabarlos, porque se reúnen no para lo mejor, sino para lo peor!’. La Iglesia reunida toda para lo peor, para las divisiones: ¡para lo peor! ¡Para ensuciar el Cuerpo de Cristo en la celebración eucarística! Y el mismo Pablo nos dice, en otro pasaje: ‘Quien come y bebe el Cuerpo y Sangre de Cristo indignamente, come y bebe la propia condena’. Pidamos al Señor la unidad de la Iglesia, que no haya divisiones. Y la unidad también en la raíz de la Iglesia, que es precisamente el sacrificio de Cristo, que cada día celebramos”.
En la celebración estaba presente también Mons. Arturo Antonio Szymanski Ramírez, arzobispo emérito de San Luis de Potosí (México), que cumplirá 95 años el próximo mes de enero. Al comienzo de la homilía el Papa lo citó, recordando que participó en el Concilio Vaticano II y que hoy ayuda en la parroquia. El Pontífice lo recibió en audiencia el pasado 9 de setiembre.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Homilía del Papa: paz en el corazón, para la paz de la humanidad

(RV).- Como se había anunciado, en la fiesta de la Natividad de la Virgen María, el 8 de septiembre, después de la pausa del verano romano, el Papa Francisco reanudó la celebración de la Santa Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta, con la participación de algunos fieles.
Mientras «estamos viviendo en guerra y todos piden la paz», el Santo Padre reiteró que la paz no se construye tanto en los grandes encuentros internacionales. La paz es un don de Dios que nace en lo pequeño de cada día. Como en el corazón, o en un sueño, como le pasó a San José, cuando un ángel le dijo que no temiera en recibir a María, su esposa, porque ella donará al mundo al Emanuel, «el ‘Dios con nosotros’: ¡Él es la paz!».
«Que todos podamos crecer en la unidad y en la paz». Con la oración colecta, hizo hincapié en que la paz es un don, en el que debemos crecer y que debemos hacer crecer. Un don que «tiene su camino de vida» y que cada uno tiene que trabajar para hacer que crezca:
«Y este camino de santos y pecadores nos dice que nosotros también debemos acoger el don de la paz y hacerle camino en nuestra vida, hacer que entre en nosotros, hacer que entre en el mundo. La paz no se hace de un día para el otro; la paz es un don, pero un don que debe ser trabajado cada día. Por ello, podemos decir que la paz es un don que se vuelve artesanal en las manos de los hombres. Somos nosotros, los hombres, los que tenemos que dar un paso hacia la paz, cada día: es nuestro trabajo. Es nuestro trabajo con el don recibido: hacer la paz».
La importancia de lo que puede parecer más pequeño
Con la liturgia del día en que se celebra la Natividad de María, el Papa destacó que si no hay paz en el corazón, en lo pequeño de nuestro día a día, no puede haber paz en el mundo:
«La paz es un don, es un don artesanal que todos debemos trabajar, todos los días, pero trabajarlo en las cosas pequeñas: en lo pequeño del día a día. No bastan los grandes manifiestos por la paz, los grandes encuentros internacionales, si luego esta paz no se hace en lo pequeño. Aún más, puedes hablar de la paz con palabras estupendas, dar una gran conferencia… Pero si en lo pequeño de tu vida, en tu corazón no hay paz, en tu familia no hay paz, en tu barrio no hay paz, en tu puesto de trabajo no hay paz, tampoco habrá paz en el mundo».
Para que pueda haber paz en el mundo, pacificar primero nuestro corazón, antes de hablar de la paz.
El Papa invitó a plantearnos algunas preguntas:
«¿Cómo está tu corazón hoy? ¿Está en paz? Si no está en paz, antes de hablar de paz, primero haz que haya paz en tu corazón. ¿Cómo está tu familia hoy? ¿Está en paz? Si no eres capaz de llevar adelante en paz a tu familia, a tu presbiterio, a tu congregación, no bastan palabras de paz para el mundo. Ésta es la pregunta que quisiera presentar hoy: ¿cómo está el corazón de cada uno de nosotros? ¿Está en paz? ¿Cómo está la familia de cada uno de nosotros? ¿Está en paz? Es así ¿no? Para llegar al mundo en paz».

miércoles, 7 de septiembre de 2016

EL SANTO PADRE: no recortar la fe "a la propia medida"...