lunes, 30 de mayo de 2011

Ser cristiano "no es un traje para usar en privado", advierte el Papa

VATICANO, 30 May. 11 / 10:35 am


Al recibir hoy a los participantes de la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, el Papa Benedicto XVI resaltó que ante los esfuerzos de algunos de expulsar la fe de la vida pública, debe recordarse que "ser cristiano no es una especie de traje que se usa en lo privado".

En su discurso a los miembros del dicasterio instituido por él en octubre de 2010, el Santo Padre destacó que el anuncio que siempre ha proclamado la Iglesia "hoy necesita ser renovado para convencer al hombre moderno, a menudo distraído e insensible. Por eso, la nueva evangelización debe tratar de encontrar las vías para que sea más eficaz el anuncio de la salvación, sin el cual la vida es contradictoria y carece de lo esencial".

"Incluso a aquellos que siguen unidos a las raíces cristianas, pero viven una relación difícil con la modernidad, es importante hacerles entender que ser cristiano no es una especie de traje que se usa en privado o en ocasiones especiales, sino algo vivo y totalizador, capaz de asumir todo lo que hay de bueno en la modernidad".

Benedicto XVI subrayó luego que "el término ‘nueva evangelización’ recuerda la exigencia de un nuevo modo de anuncio, especialmente para aquellos que viven en un contexto como el actual, donde el desarrollo de la secularización ha dejado lastres profundos en los países de tradición cristiana".

"La crisis que vivimos trae consigo los rasgos de la exclusión de Dios de la vida de la gente, una indiferencia general ante la fe cristiana, hasta el intento de marginarla de la vida pública".

"Además, a menudo se verifica el fenómeno de personas que desean pertenecer a la Iglesia, pero que están fuertemente determinadas por una visión de la vida que contrasta con la fe".

El Papa destacó luego que "anunciar a Jesucristo único Salvador del mundo, hoy es más complejo que en el pasado, pero nuestra tarea sigue siendo la misma que al comienzo de nuestra historia. La misión no ha cambiado, así como no deben cambiar el entusiasmo y la valentía que movieron a los apóstoles y a los primeros discípulos".

Seguidamente expresó el deseo de que en los trabajos de la plenaria de estos días, los miembros y consultores esbocen "un proyecto para ayudar a toda la Iglesia y a las diversas Iglesias particulares en el compromiso de la nueva evangelización; un proyecto donde la urgencia de un renovado anuncio se haga cargo de la formación, en particular para las nuevas generaciones, y se conjugue con la propuesta de signos concretos para que la respuesta de la Iglesia en este peculiar momento sea clara".

Finalmente el Santo Padre señaló que "si, por una parte, toda la comunidad está llamada a reforzar el espíritu misionero para ofrecer el anuncio nuevo que esperan los hombres de nuestro tiempo, no se puede olvidar que el estilo de vida de los creyentes necesita una verdadera credibilidad, tanto más convincente cuanto más dramática es la condición de las personas a las que se dirigen".

viernes, 27 de mayo de 2011

¿DONDE ESTAN LOS LAICOS?

..."se trata de los padres, los educadores, los que trabajan en el campo de la salud y los que pertenecen al poder económico y político, donde la familia es el primer campo de compromiso social... la pertenencia de los fieles laicos a la Iglesia y su ministerio, y el carácter peculiar de su vocación tienen una finalidad específica de buscar el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios... la dignidad de los fieles laicos se nos revela en plenitud cuando consideramos esa primer y fundamental vocación llamada SANTIDAD
(Juan Pablo II. CHIRTIFIDELES LAICI)

Un compendio de imágenes vivas de nuestro mundo y el reto que los laicos tenemos en la construcción de la Civilización del Amor, es decir, el Reino de Dios en la tierra

Personajes como Eduardo Verstegui, Carlos Abascal, Anna Halpine, Lech Walesa, Jorge Serrano, Miguel Agustín Pro, Juan Pablo II que nos han enseñado que hay que darlo todo por Jesús y recibiremos a cambio la gloria eterna.

La lucha por el Reino es real, tiene agentes con nombre y rostros, grupos y organizaciones, partidos políticos, programas mediáticos, agencias periodísticas anticristianas que promueven la cultura de la muerte: aborto, homosexualidad, inmoralidad sexual, destrucción de la familia y las instituciones, en especial a la Iglesia... lucha en la que los laicos tenemos un llamado fuerte de parte de Dios a dar la cara y hacer algo... a trabajar
Autor: Alejandro Martínez



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jueves, 26 de mayo de 2011

El Card. Bergoglio reclamó humildad para construir la Patria

Buenos Aires, 25 May. 11 (AICA)
Texto completo de la homilía
1. Este pasaje del Evangelio nos sorprende con la íntima expresión orante, casi litúrgica, de Jesús que se empequeñece ante nuestros ojos a la vez que se abre al infinito de Dios en su calidez de Padre. Jesús descansa en su centro más profundo: el de sentirse Hijo amado, y hermanado en aquellos mismos pequeños que recibieron de sus manos ese amor del Padre.
Ese amor alivia, suaviza, apacienta y en él la vida deja de ser una carga. La solidaridad fraternal que crea quita el agobio y ese peso desmedido con el que nuestra propia presunción y obstinación ahogan el alma.
Dios nos hermana en Jesucristo, para que su amor cuidadoso, paciente, estimulante, nos libere de la ceguera y coraza del propio orgullo y vanidad, revelándonos que, en ese Amor, una vida distinta es posible.
Hoy queremos dejarnos iluminar por ese amor de Dios para avivar el sueño memorable que nos acerca la historia de quienes nos precedieron, los que gastaron su vida para que pudiéramos estar aquí. Los que nos hermanaron en su amor a la Patria con su trabajo y lucha por ella, los que se dejaron inspirar en su fe para tener generosidad grande, entrega sin medida.

2. El pasaje evangélico nos habla de la humildad. La humildad revela, a la pequeñez humana autoconsciente, los potenciales que tiene en sí misma. En efecto, cuanto más conscientes de nuestros dones y límites, las dos cosas juntas, seremos más libres de la ceguera de la soberbia. Y así como Jesús alaba al Padre por esta revelación a los pequeños, deberíamos también alabar al Padre por haber hecho salir el sol de mayo en quienes confiaron en el don de la libertad, esa libertad que hizo brotar en el corazón de aquel pueblo que apostó a la grandeza sin perder conciencia de su pequeñez.
Intereses y tendencias distintas no ahogaron la semilla que fue creciendo en sacrificio, heroísmo y entrega amorosa al deseo de construir la patria.
La memoria de mayo nos señala el arrojo de quienes se fortalecieron en su humilde condición y no escatimaron sacrificios, renuncias, despojos y muerte para el largo camino de construir un hogar para todos los de buena voluntad que poblaron este suelo.
No cimentaron la patria en delirios de grandezas desafiantes y poco creíbles, sino en el cotidiano construir, luchar, equivocarse y rectificarse. Basta recorrer estos doscientos años para ver que hubo, como habrá siempre, intereses mezquinos, ambiciones personales y de grupo; pero sólo perduró lo que fue construido para todos, para el Bien Común de todos.

3. Elevando como Jesús nuestra mirada al Padre, reconoceremos a aquéllos que desde lo humilde, y sólo desde lo humilde, hoy como aquel entonces, pueden aportar y compartir. Aquéllos que pudieron y pueden liberarse del peso de todo lo desmedido que podría haber en sus ambiciones, y cobran vuelo en iniciativas, creatividad y entrega a lo más noble.
En esa memoria nos re-descubrimos, se nos revela verdaderamente que el cariño de nuestro Padre Dios nos acompaña desde siempre en la grandeza humilde de muchos.
Pero sabemos también que nuestro buen Padre no se entromete en nuestra libertad, no interfiere ni cercena nuestras opciones. Si nosotros elegimos dormir el sueño de la autosuficiencia, si abandonamos la riqueza de lo humilde por creernos algo que no somos, dormiremos la pesadilla de un país que abandona su destino, y será nuestra culpa y sólo nuestra.

4. Nos sentimos llamados a pedir la gracia de renovar nuestro espíritu, despertar a nuestra verdad que, por dura que parezca, no deja de ser esperanzadora, ya que el que se encuentra consigo mismo, con los demás y con Dios, se encuentra con la verdad, y sólo la Verdad nos hace libres con aquel aliento de Dios que inspiró la vida al crearnos con sus manos, y que nos vuelve al sentirnos reconocidos como hijos en El, pedimos para nuestro espíritu la capacidad y prontitud de escuchar, pensar y sentir para actuar de acuerdo a nuestro horizonte y anhelo de grandeza, pero con los pies en la tierra.
Escuchar a lo alto como El escuchaba, ser oyentes (ob-audientes) para que se revele la verdad en la medida que se devela nuestro orgullo. Escuchar al Señor que inspira cosas grandes en el silencio del corazón propio y del hermano, del amigo y del compañero. Ir reconstruyendo ese vínculo social desde lo consistente de la búsqueda común.

5. Así es como crece y se despliega la sabiduría de nuestro pueblo, silencioso y trabajador, sin otra condición social más que la de ser humildes.
La sabiduría de los que cargan la cruz del sufrimiento, de la injusticia, de las condiciones de vida con que se enfrentan al levantarse todas las mañanas para sacrificarse por los propios.
La sabiduría de los que cargan la cruz de su enfermedad, de sus dolencias y pérdidas poniendo el hombro como Cristo.
La sabiduría de “miles de mujeres y de hombres que hacen filas para viajar y trabajar honradamente, para llevar el pan de cada día a la mesa, para ahorrar e ir de a poco comprando ladrillos y así mejorar la casa… Miles y miles de niños con sus guardapolvos desfilan por pasillos y calles en ida y vuelta de casa a la escuela, y de ésta a casa. Mientras tanto los abuelos, quienes atesoran la sabiduría popular, se reúnen a compartir y a contar anécdotas”.
Pasarán las crisis y los manipuleos; el desprecio de los poderosos los arrinconarán con miseria, les ofrecerán el suicidio de la droga, el descontrol y la violencia; los tentarán con el odio del resentimiento vengativo. Pero ellos, los humildes, cualquiera sea su posición y condición social, apelarán a la sabiduría del que se siente hijo de un Dios que no es distante, que los acompaña con la Cruz y los anima con la Resurrección en esos milagros, los logros cotidianos, que los animan a disfrutar de las alegrías del compartir y celebrar.

6. Los que saborean esta mística, los sabios de lo pequeño, ellos son los que recurren a Aquél que los alivia, al abrazo tierno de Dios en el perdón o en la entrega solidaria de muchos que, en distintas actividades, dan de la riqueza de sí.
Porque la Palabra llena de amor, aunque sea en un gesto, libera. Libera del yugo que nos imponemos cuando nos proponemos lo imposible, nos castigamos con lo irrealizable, nos atosigamos hasta deprimirnos con nuestras ambiciones y necesidad de ser reconocidos, de resaltar, o con nuestra mendicidad de afecto: no es otra cosa el acumular poder y riqueza. La sabiduría del humilde no las necesita, sabe que él vale por sí mismo, se siente amado por su Padre y Creador, aun ante el desprecio, el abandono, la humillación.
Así nos lo enseñó el Maestro de la humildad, el que llevó ligero su Cruz a la Pasión.

7. Por eso, y desde el camino de 200 años, el día de hoy nos invita a despertar, una vez más, a la humildad; a la humildad de aceptar lo que podemos y somos, a tener la grandeza de compartir sin engaños ni apariencias; porque las ambiciones desmedidas sólo lograrán que el supuesto vencedor sea el rey de un desierto, de una tierra arrasada, o el capataz de una propiedad foránea.
Los maquillajes y vestidos del poder y la reivindicación rencorosa son cáscara de almas que llenan su vacío triste y, sobre todo, su incapacidad de brindar caminos creativos que inspiren confianza. Es el vaciamiento consecuente de lo compulsivo de la soberbia en su manifestación más torpe, que es la veleidad.
El veleidoso, o vanidoso, es el que confunde pactos de contubernio con organización; escaramuzas con lucha; ventajismo con horizonte de grandeza. Como no se soporta a sí mismo necesita atemorizar a los demás y llena de palabras contradicentes lo que los hechos evidencian. Como carece de propuestas sólo enuncia reivindicaciones. Vive cuestionando, relativizando o trasgrediendo, porque sobrevive eternizando su adolescencia.
Ninguno de nosotros está libre de la veleidad, es posiblemente un mal argentino, y tiene su castigo en la incapacidad para amar y recibir amor, escuchar al otro desde sí, hacerse cargo, com-padecer, ser solidario, acompañar, llevar los límites y diferencias, aceptar los límites y roles.
El veleidoso está solo. Aunque esté acompañado, aunque obligue a la reverencia y someta o quiera seducir o impactar con su actuación y discurso.
¿No es acaso la inseguridad veleidosa y mediocre lo que nos hace construir murallas ya sea de riqueza o poder o violencia e impunidad? Pues bien, la humildad de Jesús nos aligera, nos quita el yugo de nuestra vanidad e inseguridad, nos invita a confiar, a compartir para incluir.

8. Queridos hermanos, la invitación de Jesús es a aligerarnos del peso de nosotros mismos, de esas simulaciones, falsas creencias y recetas rápidas que tanto nos gusta ensayar a todos, y retomar la confianza del trabajo fraterno, mancomunado, de largo plazo quizás.
Como lo aprendieron los humildes de nuestro pueblo, héroes conocidos y anónimos, que se sintieron hijos de Dios y de esta tierra.
Como Él mismo nos sugiere, confiar como hijos al igual que Él, que no escatimó esfuerzos y entrega aun sin ver los resultados.
La fraternidad en el amor como la vivió Jesús nos alivia, hace el yugo suave. No se trata de ser impecables pues nadie que se compromete deja de embarrarse, sino que se nos invita a no quedarnos en el chiquero que corrompe, porque Dios nos perdona siempre y nos eleva. Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón.
Desde la soberbia del “sálvese quien pueda,” o el aprovechar el desconcierto para acumular poder ocasional, se provoca la desintegración. Desde los desprendimientos que implica el saberse pequeños pero confiados, nace el gozo del construir juntos la grandeza de la patria.+










martes, 24 de mayo de 2011

Laico cristiano, una presencia creíble en la sociedad de hoy



SALAMANCA, lunes 23 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- El pasado viernes 20 concluía en la Universidad Pontificia de Salamanca un congreso de espiritualidad laical, que se enmarca en las iniciativas del I Centenario de la Institución Teresiana.

El congreso, titulado “Hombres y mujeres de espíritu en el siglo XXI”, fue organizado conjuntamente por la Cátedra Pedro Poveda y la Facultad de Teología de dicha universidad. Más de trescientos congresistas siguieron estas dos intensa jornadas dedicadas a la espiritualidad laical.
La sesión inaugural del congreso fue presidida por el rector Marceliano Arranz, acompañado de Pilar Fernández, representante de la alcaldía de la ciudad, Loreto Ballester, directora general de la Institución Teresiana, Ángel Galindo García, decano de la Facultad de Teología, y Camino Cañón, presidenta del Foro de Laicos de España, dependiente de la Conferencia Episcopal.....

...Destaca la ponencia de María Dolores Gómez Molleda, gran experta en el periodo histórico en el que nació la Institución Teresiana, sobre el tema: “Rasgos de espiritualidad en los escritos de san Pedro Poveda”. Dirige, desde hace casi veinte años, el estudio crítico de los escritos de Pedro Poveda y es autora del primer volumen, “Creí, por esto hablé”.

Gómez Molleda expuso los elementos que, según Poveda, constituyen la vocación del laico cristiano, refiriéndose al caso de los miembros de la Institución Teresiana. “El modelo de esa vocación lo buscó Pedro Poveda en los primeros cristianos. Un modelo que resulta lógico, si se tiene en cuenta la ausencia de plantilla, de pauta, para la nueva figura del seglar evangelizador contemporáneo”, afirmó.

“La idea de tomar como modelo los primeros cristianos nace con la idea misma de la Obra”. dijo. Afirmó que Poveda, en sus memorias, subrayó “cómo los primeros cristianos vivieron un cristianismo total y supieron ser ciudadanos leales que desempeñaron cargos y destinos varios
en la sociedad de su tiempo, y a la vez dieron testimonio de una vida fuertemente religada a
Dios”.

“Su vocación arrolladora como su vida de fe y el seguimiento incondicional de Cristo hasta el martirio, les hizo ser capaces de cambiar el mundo; y como dice san Agustín y comenta Poveda, los despreciados, los perdedores, los vencidos acabaron siendo vencedores”.

Presentó la visión povedana de "la presencia creíble en la sociedad del laico cristiano". “El ejercicio de la profesión docente fue para Poveda un medio de incardinación del seglar en el mundo de su tiempo y de regeneración de la sociedad. Cada uno desde su lugar en el puesto en el que desempeña su trabajo sin abandonar su propia forma de vida, sin renunciar a la vida intramundana, puede y debe practicar un verdadero cristianismo”.

“Los criterios de excelencia, abnegación y eficacia --para servir responsablemente a la sociedad--, exigidos por el autor, están presentes insistentemente en sus escritos –cualquier mente honrada puede reconocerlo--", concluyó.

La última sesión del Congreso estuvo a cargo de María Aránzazu Aguado, quien desarrolló el tema: “La espiritualidad vivida de la Institución Teresiana”. Hizo una “anotación introductoria sobre la espiritualidad laical de acuerdo a la fisonomía de la Institución Teresiana, definida por Pedro Poveda: “Nosotros, que aspiramos a vivir una vida espiritual intensa, hemos de ser exteriormente sencillos, humildes; hemos de pasar desapercibidos; hemos de confundirnos con el común de las gentes; no llevaremos distintivo alguno; no pretenderemos singularizarnos en nada; pero interiormente serenos singularísimos, con la singularidad del Espíritu de Cristo”.

Finalmente, en la iglesia de la Clerecía se celebró una Eucaristía de acción de gracias, presidida por el obispo emérito de Zaragoza, gran conocedor de la espiritualidad teresiana, Elías Yanes, que también había intervenido en este congreso el primer día.

"El congreso fue --concluye la directora de Comunicación de la Institución Teresiana Laura Moreno Marrocos- realmente un espacio de pensamiento, experiencia y comunicación de 'hombres y mujeres de espíritu en el siglo XXI' y una posible referencia para muchos otros que se atrevan a 'andar como conviene a la vocación cristiana en los márgenes de la cultura contemporánea y la vida cotidiana'”.

sábado, 21 de mayo de 2011

¿Cámara hiperbárica o sagrario?



CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 21 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas.

VER
Unos amigos chinos de la costa de Tapachula me preguntaron si ya había probado las bondades de la “cámara hiperbárica”. Les pregunté qué era eso y me explicaron que es un “recinto cuya presión interior es superior a la atmosférica”, que oxigena el cerebro y todo el organismo, para descansar y distensionarse.




Les respondí, sin mucho pensar, que yo logro eso y mucho más sólo con el Sagrario, ante Jesús vivo y resucitado. Con El platico y me alimento todos los días; me fortalezco, me consuelo y me animo; me reviso, me cuestiono y me exijo; con eso me oxigeno para empezar o concluir el trabajo, y todo gratis, sin gastar un solo centavo.

Cada quien tiene su sistema para descansar y reanimarse. Unos acuden a sicólogos y terapeutas de toda tendencia, a veces con costos muy elevados. Otros leen, duermen, ven televisión, descansan, pasean, buscan a sus amistades, o incluso se refugian en el alcohol, las drogas, el abuso de sexo, etc. No faltan quienes andan buscando ansiosos las últimas novedades para combatir su stress permanente, a veces con resultados transitorios o nulos. Mantenerse en búsqueda es inicio de curación.

JUZGAR
Estoy plenamente convencido de que Jesús es el único camino, la única verdad, la única vida, para todo el que busca sinceramente. El dice: “Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,9-10). ¿Por qué no te acercas a El? Nada pierdes y ganas mucho. Ganas todo, porque encuentras todo lo que necesitas.
Con toda claridad Jesús afirma: “Vengan a mí todos los que están fatigados y agobiados, y yo los aliviaré. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma, porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11,28-30).


Es verdad; apartarse del quehacer ordinario, dedicarle al menos una media hora diaria, o si se puede una hora, entrar a una iglesia donde está el Sagrario con el Santísimo Sacramento, y platicar, de corazón a corazón, con Jesús que nos ve, nos oye, nos comprende, nos ama, se levanta uno renovado, fortalecido, descansado, rejuvenecido. Es una medicina mejor que cualquier otra. Es una terapia de resultados increíbles. Es mucho más desestresante que cualquier otro ejercicio, físico o sicológico.

Como dice el Salmo 34(33): “Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor; dichoso quien se refugia en él… Los que miran hacia él, quedarán radiantes; no habrá sonrojo en su semblante. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias… Nada les falta a los que lo temen; los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada”

El Salmo 23(22) es muy alentador, con su lenguaje simbólico: “El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace reposar y hace fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas. Me guía por el sendero recto; así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú estás conmigo, tu vara y tu cayado me dan seguridad”.

ACTUAR
La vida no es tranquila. Quien más quien menos, quien de una forma quien de otra, todos tenemos problemas. Aún no estamos en el paraíso y a veces la cruz se hace pesada, y hasta muy pesada. No faltan incomprensiones y persecuciones. Pero no estamos solos. Jesucristo está con nosotros y nos dice que no tengamos miedo (Jn 14,27).
Busca a Jesús, de preferencia en el Sagrario, y verás que tu cruz se hace menos pesada, porque El lleva la parte más dura; con El, le encontrarás un nuevo sentido redentor a tus sufrimientos. Confíale lo que te aflige; saldrás de su presencia con nuevos bríos para enfrentarte a lo que sea; no sufrirás angustias desmedidas ni insalvables. Platícale con confianza tus proyectos, también tus alegrías, y El te iluminará para discernir lo conveniente.

Pide al Espíritu Santo que te conceda una fe suficiente, para descubrir a Jesús vivo, resucitado, presente en el Sagrario, y superarás el stress, la soledad, los fracasos, la desesperación. El te acompaña y te comprende, te levanta y te sostiene.

21/ MAYO SANTOS MARTIRES MEXICANOS




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Mártir Mexicano 1869 - 1927





CRISTÓBAL MAGALLANES JARA



Nació en Totaltiche, Jal. (Arquidiócesis de Guadalajara), el 30de julio de 1869. Párroco de su tierra natal.

Sacerdote de fe ardiente, prudente director de sus hermanos sacerdotes y pastor lleno de celo que se entregó a la promoción humana y cristiana de sus feligreses. Misionero entre los indígenas huicholes y ferviente propagador del Rosario a la Santísima Virgen María. Las vocaciones sacerdotales eran la parte más cuidada de su viña. Cuando los perseguidores de la Iglesia clausuraron el Seminario de Guadalajara, él se ofreció para fundar en su parroquia un Seminario con el fin de proteger, orientar y formar a los futuros sacerdotes y logró abundante cosecha. El 25 de mayo de 1927 fue fusilado en Colotlán, Jal. (Diócesis de Zacatecas).

Frente al verdugo confortó a su ministro y compañero de martirio, Padre Agustín Caloca, diciéndole: «Tranquilízate, hijo, sólo un momento y después el cielo». Luego dirigiéndose a la tropa, exclamó: «Yo muero inocente, y pido a Dios que mi sangre sirva para la unión de mis hermanos mexicanos».


El presidente de Chile defiende el matrimonio auténtico y provoca el enfado del lobby homosexual

(Emol/InfoCatólica) Sus palabras surgieron un día después de que los senadores de la UDI Pablo Longueira y Andrés Chadwick presentaran una reforma constitucional para establecer que el matrimonio sólo puede ser contraído entre un hombre y una mujer, con el fin de ratificar que no se abrirá la puerta al enlace homosexual cuando se discuta un proyecto que regule las uniones de hecho.

La iniciativa parlamentaria fue retirada en las últimas horas debido al rechazo que generó tanto en las redes sociales como en sectores de la oposición y en el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh).

Esta última agrupación fue la encargada también de manifestar su malestar por las declaraciones del presidente. “Tenemos una profunda diferencia con Piñera en torno al matrimonio homosexual, pues oponerse a la igualdad legal para todas las personas es impresentable en un país democrático. (...) Lo que repudiamos con especial fuerza es que sea regresivo en torno a la concepción de familia. No puede ser que una vez asumido como Presidente cambie de postura sobre esta materia”, recalcó el Movilh.

La entidad dirigida por Rolando Jiménez lamentó además que “el Presidente de la República diga o más bien imponga cómo debe ser el matrimonio”.

“Al decir a la par que el matrimonio es sólo entre un hombre y una mujer y vincular sólo a esta unión a la familia y los hijos, se excluye de manera horrorosa una realidad. Gays, lesbianas y bisexuales y transexuales que conviven sí son familia, más aún si tienen hijos”, subrayó el Movilh a través de un comunicado.

jueves, 19 de mayo de 2011

Arzobispo mexicano, nuevo presidente del CELAM





MONTEVIDEO, jueves 19 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- El arzobispo de Tlalnepantla y presidente de la Conferencia Episcopal de México, monseñor Carlos Aguiar Retes, fue elegido ayer miércoles como nuevo presidente del CELAM para el período de 2011 – 2015.

Sucede así al cardenal Raymundo Damasceno, arzobispo de Aparecida (Brasil).

La elección se produjo en la XXXIII Asamblea Ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que se desarrolla en Montevideo, del 16 al 20 de mayo.
Monseñor Aguiar Retes nació el 9 de enero de 1950 en Tepic, Nay (diócesis de Tepic). Fue ordenado sacerdote en 1973.


El hoy beato Juan Pablo II lo nombró obispo de Texcoco el 28 de mayo de 1997 y su ordenación episcopal se realizó el 29 de junio del mismo año.

Es doctor en Teología Bíblica en la Pontificia Universidad Gregoriana. De 1992 a 1993 formó parte de un equipo de biblistas que prepararon la edición de la Biblia de América.
Fue secretario general del CELAM entre 1999 y 2003. Fue nombrado vicepresidente del CELAM en el año 2003.

En 2007 el Papa Benedicto XVI lo nombró miembro del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y desde marzo de 2009 es arzobispo de Tlalnepantla.

Arzobispo de Bogotá como vicepresidente

Como vicepresidente del CELAM fue nombrado el arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, monseñor Rubén Salazar Gómez.

El prelado nació en la capital colombiana en 1942. Fue ordenado sacerdote en 1967. Ha sido miembro del Consejo Pontificio Cor Unum y representante de los Países Bolivarianos en el Consejo Ejecutivo de la organización Caritas Internationalis.
En 1992 Juan Pablo II lo nombró obispo de Cúcuta. En 1999, arzobispo de Barranquilla. En 2008 fue elegido presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana para el período 2008 - 2011.

Este cargo lo asumió junto con el de presidente de la Comisión de Conciliación Nacional, instancia desde la cual ha liderado la iniciativa de un Acuerdo Nacional de mínimos de paz y reconciliación para Colombia.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Nueva página web del Consejo Pontificio para los Laicos

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 29 de abril de 2011 (ZENIT.org).- A partir de mañana sábado estará en internet la página oficial del Consejo Pontificio para los Laicos, según informó esta semana este dicasterio de la Santa Sede.

La fecha escogida para el lanzamiento, afirman los responsables del proyecto, no es casual. “Entrar en la red de modo nuevo en la vigilia de la beatificación de Juan Pablo II expresa un deseo de rendir homenaje al gran pontífice que dio inmenso impulso al apostolado de los laicos y a la nueva época asociativa de los fieles, al papa que tuvo la intuición de las Jornadas mundiales de la juventud, que siempre manifestó gran atención por el ´genio femenino´ y por todos aquellos ámbitos en que los laicos están llamados a dar testimonio de Cristo”.
El cardenal Wojtyla, además, fue consultor del Consilium de Laicis en los primeros años de vida del organismo que se convirtió después en el Pontificio Consejo para los Laicos, añaden.
La página, realizada por el Servicio Informático del Vaticano con tecnología web content management, será accesible en cuatro idiomas – español, italiano, inglés y francés – y ofrecerá imágenes, noticias y documentos para presentar las actividades del Consejo.

“Con esta nueva página el Consejo Pontificio para los Laicos quiere hacerse accesible en la red en diversos idiomas, con atractivo diseño gráfico, presentando todas las actividades que organiza con las cuales busca anunciar, en las áreas de su competencia, que Jesucristo es el Salvador del mundo, Aquel que camina junto al hombre en todo ámbito de la vida”, afirman sus promotores.
La nueva página, añaden, será como una “ventana abierta” a las actividades del dicasterio y ofrecerá información relacionada “con el asociacionismo laical, los movimientos eclesiales y nuevas comunidades; la pastoral juvenil, con particular atención a las Jornadas Mundiales de la Juventud de las que el dicasterio es responsable; la vocación y misión de la mujer en la Iglesia y en el mundo; la relación de la Iglesia con el mundo del deporte, vasto campo de la cultura contemporánea y medio oportuno de crecimiento integral de la persona al servicio de la paz y la hermandad entre los pueblos”.

En las páginas de las secciones, así como en las dedicadas a los superiores del dicasterio, se podrán encontrar, en varios idiomas, textos de profundización sobre temas relativos a los fieles laicos y su compromiso en el mundo, contribuciones provenientes de varios ámbitos, de colaboradores estrechos con el dicasterio.
También se informará a través de esta página sobre el reconocimiento y la aprobación de los estatutos de nuevas asociaciones, nuevos programas del dicasterio, últimos volúmenes publicados.

Las páginas de laici.va darán amplia noticia de eventos como seminarios de estudio, congresos continentales de laicos católicos, forum de jóvenes y asambleas plenarias de miembros y consultores del dicasterio, con fotos, videos y textos de las relaciones, permitiendo así que quienes las visitan “participen” de todas estas iniciativas.

Puede verse en www.laici.va

Primera Visita Pastoral al Sur del 23 al 27 de mayo de 2011

¡Cristo resucitó - En verdad resucitó!



Jrystós voskrés - Voístinu voskrés!





El lunes 23 de mayo, el P. Luis Glinka, Administrador de la Eparquía Ucrania y yo, indigno siervo, iremos a Bariloche - El Bolsón - Esquel, para tomar contacto con los obispos locales, los párrocos y los laicos, y para que me presente, afin de comenzar el trabajo de pastoreo en el Señor de todos los interesados en el rito bizantino, en particular de los ucranios y sus descendientes.



Los ucranios de aquella zona son en buena parte venidos de la región de Volinia, cuya principal advocación mariana es Madre de Dios de Pochaïv. A ella encomendamos esta misión que puso la Iglesia en mis manos.

¡Oren por este primer paso en nuestra querida Patagonia!

¡Que la Madre de Dios de Pochaïv los ampare a todos con su manto!

Hieromonje Diego, pecador

martes, 17 de mayo de 2011

¿Cristianos a tiempo parcial?

MADRID, martes 17 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Cuando en la vida moderna se quiere alabar a una persona se dice de ella “que es un magnífico profesional”. Es decir, que sabe de su trabajo, que se desenvuelve con soltura, que cumple con sus deberes laborales en el tiempo convenido. Siendo esto importante, la persona es mucho más que homo faber, es ante todo un “espíritu encarnado” con vocación hacia lo infinito.
La realización plena de esa llamada originaria se halla en la propuesta cristiana.

Seguir a Cristo es algo existencial que implica imitarle hasta el extremo de dejarse configurar con Él, incluso siendo “como otra humanidad suya”.

Esta “cristificación” no es producto de la pura voluntad, ni “de la sangre o de la carne”, sino que es respuesta generosa del hombre a la gracia divina que compromete a todo el sujeto. Por eso, ¡No se es cristiano a ratos! ¡No es una mera profesión, sino una vocación que abarca nuestro ser y nuestro tiempo! La vida de fe en Cristo es una entrega total y sin condiciones.

Ya en los primeros siglos san Ignacio de Antioquia decía: “un cristiano no es dueño de sí mismo, sino que esta entregado al servicio de Dios” (Ep. a S. Policarpo).

En nuestros días, el Concilio Vaticano II en la constitución Lumen Gentium plantea cómo en cualquier clase de vida y de ocupación “se debe caminar sin vacilaciones por el camino de la fe viva, que excita la esperanza y obra la caridad” (nº 41).

No hay ni tiempo ni espacio donde no se pueda ser cristiano. Porque como diría santa Teresa de Jesús: “quién de veras comienza a servir al Señor, lo menos que le puede ofrecer es la vida” (Camino de perfección, 12,2).

Sin embargo, queriendo entregarse por entero a Cristo y a su Iglesia, pueden surgir dudas y flaquezas en cualquier momento, porque llevamos, como dice san Pablo “este tesoro en vasija de barro” (2 Cor 4,7).



En otras ocasiones, nos vienen las tentaciones de querer compatibilizar la entrega al Señor con los aplausos del mundo y de los hombres. El Evangelio de Jesús es radical frente a todo ello: “no se puede servir a dos señores” (Lc 16, 13), “el que no deja a padre, madre… por mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37), “El que no está conmigo, está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Lc 11, 23). Algunos les puede parecer esta exclusividad un poco excesiva. ¡No, no es así, a Dios nadie le gana en generosidad! Él nunca deja de ayudar a quienes por la causa del Reino lo han entregado todo. Es más, sólo somos verdaderamente libres de esclavitudes y ataduras, cuando entregamos toda nuestra “libertad, memoria, entendimiento y voluntad” (S. Ignacio de Loyola) a Aquel que nos ha creado y redimido para que seamos auténticamente felices.

Él cumple siempre su Palabra y nos concede “el ciento por uno en el tiempo presente y después la vida eterna” (Mt 19,30).

La mediocridad en la vida cristiana produce la enfermedad espiritual que es “el cansancio de la fe”, sus síntomas más elocuentes son la falta de alegría, el bajo celo apostólico y la escasa ilusión por el Cielo. “La nueva evangelización se presenta en estos contextos no como un deber, o como un ulterior peso que hay que soportar, sino más bien como una medicina capaz de dar nuevamente alegría y vida a realidades prisioneras de sus propios miedos….

Y ojalá que el mundo actual pueda recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptar consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo” (Próximo Sínodo de los Obispos, Lineamenta, 2011, nº 25).

El primer eslabón de la misión es la entrega personal e incondicional al Señor.

Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España

Comenzó en Montevideo la XXXIII Asamblea del CELAM

Montevideo (Uruguay), 17 May. 11 (AICA)

El Card. Ouellet preside la misa de apertura de la Asamblea del Celam



Con una celebración eucarística presidida por el prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión para América Latina (CAL), cardenal Marc Ouellet PSS, y concelebrada por cardenales, obispos y sacerdotes, fue inaugurada ayer, lunes 16 de mayo, la XXXIII asamblea ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), que del 16 al 20 de mayo se desarrollará en Montevideo y en la que se elegirán los nuevos directivos para el cuatrienio 2011-2015.

La misa se celebró en la catedral metropolitana a las 19, y estuvo abierta a toda la feligresía montevideana.

Asisten a la asamblea, que se desarrollará en el Hotel Escuela Kolping (bulevar Artigas 2714), la presidencia y los directivos del CELAM, los presidentes y delegados de las 22 conferencias episcopales de América Latina y el Caribe, y los responsables de los centros de Formación e Investigación dependientes del CELAM.

De manera especial fueron invitados a formar parte de este encuentro eclesial el prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la CAL, cardenal Marc Ouellet PSS; el secretario de la CAL, profesor Guzmán Carriquiry, recientemente nombrado para este cargo por el papa Benedicto XVI; el nuncio apostólico en el Uruguay, monseñor Anselmo Pecorari; el presidente de la Conferencia Latinoamericana de Religiosos (CLAR), Hermano Paulo Oetry FSC y directivos de organismos de ayuda.

De los 75 participantes de la Asamblea 6 son Cardenales y alrededor de 50 son Obispos.
Según explica el boletín del Departamento de Comunicación y Prensa del CELAM, la asamblea ordinaria del organismo se realiza cada dos años. En 2009 se llevó a cabo en Managua (Nicaragua) donde se rindió informe de la gestión del bienio 2007-2009. La Asamblea de este período es electiva, porque en ella además de rendir informe de la gestión del cuatrienio 2009-2011, se realizará la elección de los nuevos directivos que dirigirán los destinos del CELAM.

Con este propósito fueron consultadas las conferencias episcopales las que presentaron candidatos para ocupar estos cargos pastorales. Se trata de un servicio a la Iglesia en Latinoamérica, en el que la disponibilidad, la creatividad y la iniciativa deben ser preponderantes.
Hay que tener en cuenta, dice el boletín, que el actual presidente del CELAM, monseñor Raymundo Damasceno Assís, arzobispo de Aparecida (Brasil), fue recientemente elegido presidente de la Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil (CNBB). Además ocupa el cargo actual de secretario general del CELAM monseñor José Leopoldo González González, obispo auxiliar de Guadalajara (México). El secretario general adjunto es el padre Sidney Fones.

Durante la Asamblea habrá momentos para la oración, la espiritualidad, la “lectio divina”, y para vivir un encuentro íntimo con Jesús en los sacramentos especialmente la Eucaristía. Para el CELAM estos espacios son privilegiados, pues es el Espíritu Santo el que conduce la Iglesia y los nuevos nombramientos se dan en un espíritu de fe y de oración. Habrá también espacios para compartir y platicar. Más de 60 participantes venidos de las 22 conferencias episcopales se dieron cita en este encuentro latinoamericano.

Habrá también momentos para el estudio y la profundización de la realidad que vive la Iglesia. Naturalmente este estudio se hace a la luz de Aparecida, evocando la metodología: ver-juzgar-actuar, usada en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.
La secretaría general, el comité económico, y los diversos departamentos y centros rendirán un informe de su gestión durante los cuatro años recorridos a la luz de Aparecida. Son los obispos presidentes los responsables de presentar estos informes.

Habrá también deliberaciones en las que se revisarán aspectos importantes para el próximo cuatrienio, como el Plan Global y algunas ideas fundamentales de reestructuración del CELAM.

No faltará la reflexión sobre la Misión Continental. A partir de la realidad de cada país, el CELAM sigue promoviendo la Misión permanente como el gran desafío de Aparecida.

En un momento de la asamblea se elegirán los responsables de la presidencia, el comité económico, y los nuevos responsables de los departamentos y de los centros.+

sábado, 14 de mayo de 2011

XLVIII JORNADA MUNDIAL POR LAS VOCACIONES 2011


15 DE MAYO DE 2011 – IV DOMINGO DE PASCUA

Tema: «Proponer las vocaciones en la Iglesia local»


Queridos hermanos y hermanas

La XLVIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones que se celebrará el 15 de mayo de 2011, cuarto Domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: «Proponer las vocaciones en la Iglesia local».



Hace setenta años, el Venerable Pío XII instituyó la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales. A continuación, animadas por sacerdotes y laicos, obras semejantes fueron fundadas por Obispos en muchas diócesis como respuesta a la invitación del Buen Pastor, quien, «al ver a las gentes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor», y dijo: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9, 36-38).

El arte de promover y de cuidar las vocaciones encuentra un luminoso punto de referencia en las páginas del Evangelio en las que Jesús llama a sus discípulos a seguirle y los educa con amor y esmero. El modo en el que Jesús llamó a sus más estrechos colaboradores para anunciar el Reino de Dios ha de ser objeto particular de nuestra atención (cf. Lc 10,9). En primer lugar, aparece claramente que el primer acto ha sido la oración por ellos: antes de llamarlos, Jesús pasó la noche a solas, en oración y en la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6, 12), en una elevación interior por encima de las cosas ordinarias. La vocación de los discípulos nace precisamente en el coloquio íntimo de Jesús con el Padre. Las vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son primordialmente fruto de un constante contacto con el Dios vivo y de una insistente oración que se eleva al «Señor de la mies» tanto en las comunidades parroquiales, como en las familias cristianas y en los cenáculos vocacionales.

El Señor, al comienzo de su vida pública, llamó a algunos pescadores, entregados al trabajo a orillas del lago de Galilea: «Veníos conmigo y os haré pescadores de hombres» (Mt 4, 19). Les mostró su misión mesiánica con numerosos «signos» que indicaban su amor a los hombres y el don de la misericordia del Padre; los educó con la palabra y con la vida, para que estuviesen dispuestos a ser los continuadores de su obra de salvación; finalmente, «sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre» (Jn 13,1), les confió el memorial de su muerte y resurrección y, antes de ser elevado al cielo, los envió a todo el mundo con el mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19).

La propuesta que Jesús hace a quienes dice «¡Sígueme!» es ardua y exultante: los invita a entrar en su amistad, a escuchar de cerca su Palabra y a vivir con Él; les enseña la entrega total a Dios y a la difusión de su Reino según la ley del Evangelio: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24); los invita a salir de la propria voluntad cerrada en sí misma, de su idea de autorrealización, para sumergirse en otra voluntad, la de Dios, y dejarse guiar por ella; les hace vivir una fraternidad, que nace de esta disponibilidad total a Dios (cf. Mt 12, 49-50), y que llega a ser el rasgo distintivo de la comunidad de Jesús: «La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

También hoy, el seguimiento de Cristo es arduo; significa aprender a tener la mirada de Jesús, a conocerlo íntimamente, a escucharlo en la Palabra y a encontrarlo en los sacramentos; quiere decir aprender a conformar la propia voluntad con la suya. Se trata de una verdadera y propia escuela de formación para cuantos se preparan para el ministerio sacerdotal y para la vida consagrada, bajo la guía de las autoridades eclesiásticas competentes. El Señor no deja de llamar, en todas las edades de la vida, para compartir su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada, y la Iglesia «está llamada a custodiar este don, a estimarlo y amarlo. Ella es responsable del nacimiento y de la maduración de las vocaciones sacerdotales» (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Pastores dabo vobis, 41). Especialmente en nuestro tiempo en el que la voz del Señor parece ahogada por «otras voces» y la propuesta de seguirlo, entregando la propia vida, puede parecer demasiado difícil, toda comunidad cristiana, todo fiel, debería de asumir conscientemente el compromiso de promover las vocaciones. Es importante alentar y sostener a los que muestran claros indicios de la llamada a la vida sacerdotal y a la consagración religiosa, para que sientan el calor de toda la comunidad al decir «sí» a Dios y a la Iglesia. Yo mismo los aliento, como he hecho con aquellos que se decidieron ya a entrar en el Seminario, a quienes escribí: «Habéis hecho bien. Porque los hombres, también en la época del dominio tecnológico del mundo y de la globalización, seguirán teniendo necesidad de Dios, del Dios manifestado en Jesucristo y que nos reúne en la Iglesia universal, para aprender con Él y por medio de Él la vida verdadera, y tener presentes y operativos los criterios de una humanidad verdadera» (Carta a los Seminaristas, 18 octubre 2010).

Conviene que cada Iglesia local se haga cada vez más sensible y atenta a la pastoral vocacional, educando en los diversos niveles: familiar, parroquial y asociativo, principalmente a los muchachos, a las muchachas y a los jóvenes —como hizo Jesús con los discípulos— para que madure en ellos una genuina y afectuosa amistad con el Señor, cultivada en la oración personal y litúrgica; para que aprendan la escucha atenta y fructífera de la Palabra de Dios, mediante una creciente familiaridad con las Sagradas Escrituras; para que comprendan que adentrarse en la voluntad de Dios no aniquila y no destruye a la persona, sino que permite descubrir y seguir la verdad más profunda sobre sí mismos; para que vivan la gratuidad y la fraternidad en las relaciones con los otros, porque sólo abriéndose al amor de Dios es como se encuentra la verdadera alegría y la plena realización de las propias aspiraciones. «Proponer las vocaciones en la Iglesia local», significa tener la valentía de indicar, a través de una pastoral vocacional atenta y adecuada, este camino arduo del seguimiento de Cristo, que, al estar colmado de sentido, es capaz de implicar toda la vida.

Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado. Para dar continuidad y difusión a vuestra misión de salvación en Cristo, es importante incrementar cuanto sea posible «las vocaciones sacerdotales y religiosas, poniendo interés especial en las vocaciones misioneras» (Decr. Christus Dominus, 15). El Señor necesita vuestra colaboración para que sus llamadas puedan llegar a los corazones de quienes ha escogido. Tened cuidado en la elección de los agentes pastorales para el Centro Diocesano de Vocaciones, instrumento precioso de promoción y organización de la pastoral vocacional y de la oración que la sostiene y que garantiza su eficacia. Además, quisiera recordaros, queridos Hermanos Obispos, la solicitud de la Iglesia universal por una equilibrada distribución de los sacerdotes en el mundo. Vuestra disponibilidad hacia las diócesis con escasez de vocaciones es una bendición de Dios para vuestras comunidades y para los fieles es testimonio de un servicio sacerdotal que se abre generosamente a las necesidades de toda la Iglesia.

El Concilio Vaticano II ha recordado explícitamente que «el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que debe procurarlo, ante todo, con una vida totalmente cristiana» (Decr. Optatam totius, 2). Por tanto, deseo dirigir un fraterno y especial saludo y aliento, a cuantos colaboran de diversas maneras en las parroquias con los sacerdotes. En particular, me dirijo a quienes pueden ofrecer su propia contribución a la pastoral de las vocaciones: sacerdotes, familias, catequistas, animadores. A los sacerdotes les recomiendo que sean capaces de dar testimonio de comunión con el Obispo y con los demás hermanos, para garantizar el humus vital a los nuevos brotes de vocaciones sacerdotales. Que las familias estén «animadas de espíritu de fe, de caridad y de piedad» (ibid), capaces de ayudar a los hijos e hijas a acoger con generosidad la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada. Los catequistas y los animadores de las asociaciones católicas y de los movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, procuren «cultivar a los adolescentes que se les han confiado, de forma que éstos puedan sentir y seguir con buen ánimo la vocación divina» (ibid).

Queridos hermanos y hermanas, vuestro esfuerzo en la promoción y cuidado de las vocaciones adquiere plenitud de sentido y de eficacia pastoral cuando se realiza en la unidad de la Iglesia y va dirigido al servicio de la comunión. Por eso, cada momento de la vida de la comunidad eclesial —catequesis, encuentros de formación, oración litúrgica, peregrinaciones a los santuarios— es una preciosa oportunidad para suscitar en el Pueblo de Dios, particularmente entre los más pequeños y en los jóvenes, el sentido de pertenencia a la Iglesia y la responsabilidad de la respuesta a la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada, llevada a cabo con elección libre y consciente.

La capacidad de cultivar las vocaciones es un signo característico de la vitalidad de una Iglesia local. Invocamos con confianza e insistencia la ayuda de la Virgen María, para que, con el ejemplo de su acogida al plan divino de la salvación y con su eficaz intercesión, se pueda difundir en el interior de cada comunidad la disponibilidad a decir «sí» al Señor, que llama siempre a nuevos trabajadores para su mies. Con este deseo, imparto a todos de corazón mi Bendición Apostólica.
Vaticano, 15 noviembre 2010

BENEDICTO PP. XVI

El Papa nombró a un laico uruguayo secretario de la Pontificia Comisión para América Latina CAL

Ciudad del Vaticano, MAY 14 (AICA): El Santo Padre Benedicto XVI nombró secretario de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL) al profesor Guzmán Carriquiry, de 67 años, hasta ahora subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos. En su carácter de nuevo secretario de la CAL asistirá a la próximo XXXIII Asamblea General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) que tendrá lugar en Montevideo a partir del próximo lunes 16 de mayo.

El profesor Carriquiry nació hace 67 años en Montevideo, Uruguay. Es casado, tiene cuatro hijos y ocho nietos. Colabora con la Santa Sede desde hace unos 40 años. Es el laico que ostenta el cargo de mayor jerarquía en la Curia Romana.

Algunos datos

Guzmán Miguel Carriquiry Lecour es “uno de los más relevantes laicos católicos de nuestro tiempo. Con su hombría de bien y sus grandes virtudes personales, da un valiente testimonio en la defensa y propagación de la fe, y realiza brillantes aportes a la vida académica”.

Es egresado de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, de los cursos de Derecho y Ciencias Sociales, en la que fue diplomado como Doctor en Derecho y Ciencias Sociales.

Hasta la víspera de su nombramiento, era subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos, por designación pontificia de Juan Pablo II y confirmación de Benedicto XVI.

Tuvo diversas responsabilidades en la Santa Sede, participó como experto "auditor" en cuatro Asambleas del Sínodo mundial de Obispos, por respectivas designaciones de Pablo VI y Juan Pablo II (1974, 1980, 1987, 1997). Tuvo protagónica participación en delegaciones oficiales de la Santa Sede en conferencias de las Naciones Unidas.

Participó en más de 50 Congresos internacionales de Organizaciones Internacionales Cató1icas, enviado como delegado de la Santa Sede. Fue Perito, por designación pontificia, en la III, la IV y la V Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano (Puebla, 1979; Santo Domingo, 1992; Aparecida, 2007) y participante en numerosas otras Conferencias, Congresos y Seminarios en América Latina.

Asimismo, tuvo responsabilidad organizativa de Encuentros Mundiales de Jóvenes con el Santo Padre. Desempeñó cargos dirigentes en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Montevideo, Uruguay); en diversos institutos de enseñanza de Montevideo (Liceos y pre-universitarios); en el Instituto Superior de Ciencias, Filosofía y Letras (incorporado a la Universidad Católica de Chile); en el Seminario Latinoamericano de Verona (Italia); en la Pontificia Universidad Urbaniana. Profesor Extraordinario visitante de la Universidad FASTA (Argentina).

Fue galardonado con títulos honoríficos como "Comendatore" de la República Italiana (1992), "Cavaliere di Gran Croce dell'Ordine di San Gregorio Magno (Vaticano, 1994), "Gran Oficial" de la Orden Bernardo O'Higgings (Chile, 1999), "Gran Oficial de la Orden de Mayo al mérito (Argentina, 2001).

Autor de numerosos libros y publicaciones, entre las que se señalan "Una apuesta por América Latina" (Buenos Aires, 2005 con prólogo del cardenal Jorge Bergoglio); "América Latina: catolicidad y globalización", Embajada de la Argentina ante la Santa Sede, Roma, 2003; "Los laicos y la cuestión social", Pontificio Consejo Justicia y Paz/IMDOSOC, México, 2006; "En camino hacia la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano", Claretiana, Buenos Aires, 2006 y muchos otros.

Guzmán Carriquiry es, además, promotor de los nuevos movimientos y comunidades eclesiales; permanente protagonista y animador de los espacios de encuentro y evangelización propios de los laicos de la Iglesia.+

lunes, 9 de mayo de 2011

Ex terrorista afirma que Juan Pablo II impulsó su conversión

REDACCIÓN CENTRAL, 09 May. 11 / 01:05 am (ACI)
La carta que en 1991 le remitiera Juan Pablo II a Carlos Turrin Villanueva, preso durante diez años por delito de terrorismo en el Penal Castro Castro (Lima, Perú), dio un fresco impulso en su proceso de conversión, pues acrecentó su fe y lo inspiró a "continuar trabajando en la evangelización dentro de la cárcel".

En entrevista concedida a ACI Prensa el 4 de mayo, Turrin, en libertad desde 1999, dijo que meses antes de recibir la misiva papal, él le había escrito al ahora Beato Juan Pablo II sin esperar respuesta, pues "de tantas ocupaciones que él tiene, de miles de cartas que recibirá, jamás pensé que él se iba a fijar en un preso".

En su mensaje, el Papa le agradeció "el delicado gesto de escribirle una atenta carta", por lo que "por mediación de la Virgen Santísima pide al Señor que le fortalezca en la fe y le conceda continua paz y prosperidad cristiana", además de otorgarle a Turrin y sus seres queridos la Bendición Apostólica.

El sobre le fue entregado por el entonces Arzobispo de Lima, Cardenal Augusto Vargas Alzamora, con quien Turrin había desarrollado una amistad epistolar, pues también intercambiaron correspondencia por un tiempo prolongado.

Turrin también relató a ACI Prensa las dificultades de la vida cristiana y el apostolado al interior del Penal Castro Castro, pues "dentro del pabellón 4B (donde él se encontraba recluido) en esa época, les hablo del año 1989, 1990, el único que podía dirigir y controlar el pabellón era Sendero Luminoso y nosotros éramos el enemigo".
"Los principales líderes que dirigíamos las pequeñas comunidades cristianas éramos objeto de amenazas de muerte, amenazas psicológicas, golpizas físicas, maltratos. Casi todos hemos sido maltratados física y psicológicamente, pero era el costo de nuestra conversión y lo asumíamos", afirmó.

Para Turrin, la fiereza con la que el grupo terrorista al cual alguna vez perteneció los atacaba se debía a que en el apostolado "empezamos con dos internos, luego éramos cinco, 15, llegamos hasta cerca de 80, 100 internos, y eso ya le fastidiaba a Sendero Luminoso".
"Llegó un tiempo en que el preso evangelizaba al preso, nosotros asumíamos el liderazgo, porque en esa época era casi imposible que ingresen sacerdotes o religiosas", señaló a ACI Prensa.

Eventualmente, contó Turrin, "se llegó a fundar 12 comunidades cristianas, una en cada pabellón. Muchos internos cada año se consagraban a la Virgen María. Luego llegamos incluso al extremo de organizar festivales por la vida y la paz, actividades muy fuertes e inéditas porque vivíamos en régimen cerrado ya en esa época".
"Sin embargo, Dios permitió que se realicen todas esas actividades, como su estuviéramos libres, con premios, concursos, etc.".

Carlos Turrin relató a ACI Prensa que ver la beatificación de Juan Pablo II "fue una profunda experiencia, porque efectivamente dentro de mí pensaba cómo esta Santo Padre que se dignó escribirme una carta, hoy era beatificado".
"Ya desde prisión leíamos sus obras, sus trabajos y siempre decíamos entre nosotros, comentábamos, que era ya un santo".

Actualmente, Turrin continúa la labor evangelizadora en tres centros penitenciarios de la capital peruana a través de la comunidad de Acción Pastoral Carcelaria, institución integrada por ex internos y gente de buena voluntad.

Un rosario bendecido por Juan Pablo II acompaña al campeón de béisbol en Cuba

Un rosario bendecido por el papa Juan Pablo II durante su visita a Cuba en 1998 y un cuadro de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, acompañaron al club campeón Pinar del Río en la final del campeonato local de béisbol, informó el sábado la Iglesia.

El rosario y el cuadro le fueron obsequiados al timonel del club, Alfonso Urquiloa, por el obispo de la ciudad de Pinar del Río (extremo oeste), Jorge Serpa, reveló el prelado en una carta publicada el sábado por el portal del Azobispado de La Habana (www.iglesiacubana.org), con fecha del 29 de abril.

"Permítanme hacerles llegar el cuadro de la imagen de la Virgen Mambisa, Nuestra Señora de la Caridad" y "un rosario (aún guardaba unos para grandes ocasiones y ésta lo amerita) que fueron bendecidos por el Papa Juan Pablo II", beatificado hace una semana, señaló Serpa en su misiva a Urquiola.

"Con admiración y respeto, los bendigo como obispo de esta Iglesia Católica Pinareña", añadió Serpa, quien hizo los regalos a la selección -un hecho inusual en la isla- poco después de iniciada la final de la 50ª Serie Nacional (campeonato local), disputada entre el 23 de abril y el 2 de mayo pasados.
En la final pactada a siete choques, el Pinar del Río se impuso al club Ciego de Ávila (centro) por cuatro partidos a dos, logrando su tercera corona en los campeonatos cubanos después de 13 años. Las anteriores las había alcanzado en 1997 y 1998, esta última también al mando de Urquiola, estelar ex segunda base y ex manager del poderoso 'team' Cuba.

Muchos de los jugadores de béisbol cubanos son creyentes -generalmente practicantes de la santería, culto de origen africano-, devotos de la Virgen Caridad del Cobre y se persignan antes de ir al cajón de bateo.
En el santuario a la Patrona, en Santiago de Cuba (sureste), se pueden ver uniformes y complementos de béisbol, consagrados a ella sobre todo después de algunos triunfos internacionales.

sábado, 7 de mayo de 2011

Primer Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia

Más de 1500 personas asistieron a las Conferencias Centrales.

Primer Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia a cargo del Cardenal Peter Turkson, Presidente del Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, y de Monseñor Jorge Casaretto, Obispo de San Isidro y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social.
Rosario, 7 de mayo de 2011 – Frente a más de mil quinientas personas que asistieron al Teatro el Círculo de Rosario, se realizaron las Conferencias Centrales. Entre los participantes se encontraban representantes de 58 diócesis del país y de diversos sectores (sociales, politicos, empresariales, sindicales, académicos y otros credos) y alrededor de 500 jóvenes.

Las palabras de bienvenida estuvieron a cargo de Monseñor José Luis Mollaghan que destacó el rol de los laicos y su deseo de ahondar en la Doctrina Social de la Iglesia. Habló también de la necesidad de realizar gestos concretos que manifiesten la verdadera solidaridad: “que todos se sientan responsables de todos.”

A continuación el Nuncio Apostólico, Adriano Bernardini, afirmó que la “Iglesia Católica no puede echarse atrás en la misión de iluminar la acción de los hombres de buena voluntad para la solución de los problemas de la sociedad” y compartió con los presentes el mensaje y la bendición de la Santa Sede: “es necesario reconocer el papel fundamental de los laicos para que el mundo se impregne de las enseñanzas de Cristo.”

El gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, pronunció un mensaje de bienvenida a su provincia, habló de la actualidad de los temas de la DSI y culminó sus palabras diciendo “Tenemos que construir una nación argentina basada en valores, como la solidaridad, la participación y la transparencia, para garantizar la dignidad humana.”

El intendente de Rosario, Roberto Miguel Lifschitz, estuvo también presente acompañando el desarrollo de este Congreso.

El rector de la UCA, Pbro. Dr. Victor Manuel Fernandez acercó a los presentes un mensaje de esperanza: “cada época presenta sus dificultades, y sería simplista decir que unas son más duras y exigentes; simplemente son diferentes. Por una sencilla razón: siempre está la debilidad humana, la búsqueda enfermiza de sí mismo, el egoísmo cómodo.” Y resaltó: “si en tantas circunstancias adversas (que vivimos a lo largo de toda la historia de la humanidad) fue posible un compromiso valiente y gozoso, también hoy podemos vivirlo.”

A continuación el Cardenal Peter K. A. Turkson, Presidente del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” compartió su conferencia “Promover el desarrollo humano integral para erradicar la pobreza” (Ver conferencia completa).

Allí señala que “hemos de advertir que el panorama de la pobreza puede extenderse indefinidamente, si a las antiguas añadimos las nuevas pobrezas, que afectan a menudo a ambientes y grupos humanos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido, a la insidia de la droga, al abandono de las personas en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social.” Se refirió también a “la pobreza espiritual (una pobreza de mente y espíritu, una pobreza de valores, de consistencia y compromiso, de sinceridad y de buena voluntad) que está estrechamente relacionada a la persistencia de la pobreza material.”

En esta suerte de diagnóstico, habló también de la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos, mencionada por S.S. Benedicto XVI en su encíclica “Caritas in Veritate”: “la actual sociedad que cada vez más globalizada nos hace más cercanos, pero no más hermanos.”

Como respuesta a estas cuestiones, habló de la DSI como instrumento del desarrollo humano integral y se refirió al imperativo eclesial a la vivencia de la caridad, a la necesidad de una profunda conversion, a la fidelidad a la verdad, al respeto por la Vida Humana, a la Justicia y a la Gratuidad “como expresión de verdadera fraternidad humana en orden al desarrollo, pues la vida humana como vocación al desarrollo, implica la disponibilidad solidaria al prójimo como auténtico reflejo de la disponibilidad para con Dios.”

Monseñor Jorge Casaretto, Obispo de San Isidro y Presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social se dirigió en primera instancia a los jóvenes y les dijo: “Ustedes son el presente.” Casaretto habló del caracter pastoral de este Congreso que tiene por objetivo realizar aportes, desde distintos sectores, guiados por la Doctrina Social de la Iglesia, para promover políticas públicas que garanticen el cuidado de la vida, el desarrollo integral y la erradicación de la pobreza como prioridad nacional del Bicentenario 2010-2016. Resaltó así la importancia del trabajo de las veinte mesas temáticas.

También dijo: “Tenemos que evitar la queja, los argentinos somos excesivamente quejosos.” Y continuó: “es imperioza la necesidad de priorizar el diálogo como el gran instrumento de la construcción de la democracia. Una actitud dialogal que nos lleva a superar un clima de constante controversia y hasta enfrentamientos que agudizan nuestra fragmentación. Los obispos argentinos hemos insistido también en la necesidad de llegar a acuerdos básicos que se concreten en políticas de estado perdurables.”

Por último, Casaretto habló de la importancia de una profunda reconciliación: “¡Debemos tratarnos como hermanos, no como enemigos y centrarnos en el presente para encarar el futuro con renovadas esperanzas.”

Finalizado este encuentro los participantes se dirigieron a la Sede Rosario de la UCA para continuar con el trabajo en mesas temáticas.

A las 19.30 h el Cardenal Peter K. A. Turkson celebrará misa en el Espacio Joven destinado a más de 500 jóvenes de 18 a 24 años con inquietudes politicas, sociales y ciudadanas.

viernes, 6 de mayo de 2011

Fallece un obispo chino fiel al Papa que pasó décadas de su vida encarcelado por la dictadura comunista



(Fides/InfoCatólica) Nació el 6 de enero de 1920 en una familia católica de tres generaciones en el pueblo de Xicunxian en la provincia de Henan. A los 12 años entró en el seminario menor y completó sus estudios en el seminario mayor de Kaifeng, fue ordenado el 22 de abril de 1944. Tras sus primeras tres décadas de prisión, fue puesto en libertad en 1984. Entonces era el único sacerdote en toda la diócesis de Luoyang. El 10 de septiembre de 1987 fue ordenado Obispo de Luoyang. El 25 de junio de 1994 fue arrestado de nuevo y en 2001 otra vez más, mientras predicaba un retiro a las religiosas de la diócesis.

Los fieles lo recuerdan por su fuerza para vivir fielmente su vocación y por el sufrimiento vivido durante los períodos de estancia en prisión o bajo arresto domiciliario o bajo estrecha vigilancia. Era apreciado por todos por su vida sin miedos, por su intelecto despierto, por su fe profunda, por la prudencia y la firmeza, y por el apego al Santo Padre. Era un hombre de gran cultura, notorio por un conocimiento profundo de la lengua italiana.

En su incansable labor a menudo visitaba las comunidades católicas, que se reunían casi todas en la casa de uno de los fieles, porque las iglesias del pasado habían sido requisadas por el Gobierno y destinadas a otros usos. Estas visitas le costaban gran esfuerzo, porque no se puede llegar a todas partes con el transporte público: a veces, tenían que caminar muchas horas para llegar a los fieles.

Desde 2004, sufría de problemas cardíacos y pasó varios periodos en el hospital permaneciendo en adelante con un estado de salud enfermizo. Un hombre de temperamento fuerte, ha sido una figura prominente en la Iglesia en China por sus muchos años de testimonio de martirio por la fe. La situación política general, la extrema pobreza de muchas comunidades católicas y la falta de personal eclesiástico han hecho heroico el trabajo de Mons. Li.

La ciudad de Luoyang, que en la actualidad es un gran centro industrial, famosa por ser una de las cuatro capitales antiguas de China, es visitada por muchos turistas extranjeros. La Prefectura Apostólica de Luoyang, constituida el 14 de mayo de 1929 con territorio separado del Vicariato Apostólico de Zhengzhou, se convirtió a su vez, en Vicariato Apostólico el 28 de enero de 1935 y en diócesis el 11 de abril de 1946. El Distrito eclesiástico ahora cuenta con unos 10.000 fieles, unos treinta sacerdotes, y más de 50 religiosas. El funeral de Mons. Pietro Li Hongye se celebró el pasado 29 de abril en su pueblo natal, a medio camino entre Zhengzhou y Luoyang.

jueves, 5 de mayo de 2011

Jim Caviezel: Ser Jesús en La Pasión "destrozó mi carrera" pero no me arrepiento

WASHINGTON D.C., 05 May. 11 / 01:31 am (ACI)

El actor estadounidense Jim Caviezel explicó que haber interpretado a Jesús en el filme La Pasión de Cristo "destrozó" su carrera pero aclaró que no se arrepiente de haberlo hecho.
En declaraciones al Daily Mail, Caviezel de 42 años explica cómo luego de haber interpretado a Cristo en el filme –en cuyo rodaje fue alcanzado por un rayo y se dislocó un hombro en una escena de la crucifixión– las puertas de Hollywood se le fueron cerrando una tras otra. "He sido rechazado por muchos en mi propia industria", indicó.

Ante un grupo de fieles en una iglesia en Orlando, Florida, adonde llegó para promocionar un libro en audio de la Biblia, Caviezel -que se declara católico- comentó que sí era consciente de que esto podía suceder y no se arrepiente de haber actuado como Cristo. Mel Gibson, el director de la cinta, también le advirtió de las consecuencias negativas para su carrera si aceptaba el papel.

"Me dijo: ´Tú nunca volverás a trabajar en esta ciudad (Hollywood) a lo que yo respondí: ‘Todos tenemos que abrazar nuestras cruces’. Jesús es tan polémico hoy como lo ha sido siempre. Las cosas no han cambiado mucho en dos mil años", dijo.

Caviezel, quien actuó en cintas como El Conde de Montecristo, Ojos de Ángel, y La Delgada Línea Roja era considerado antes de La Pasión de Cristo como una estrella ascendente en Hollywood, pero todo cambió desde la cinta de 2004 que fue atacada ferozmente por los medios seculares y por la poderosa Liga Antidifamación Judía en Estados Unidos que la consideró antisemita.

Sobre Mel Gibson, Jim Caviezel comenta que "es un pecador horrible, ¿no?, sin embargo él no necesita su juicio sino sus oraciones".

El actor afirmó también que su fe lo guía en lo personal y lo profesional. Por eso, no cree que haya sido una coincidencia que "a los 33 años me pidieran interpretar a Jesús" y bromeó sobre el hecho de que sus iniciales (JC) fueran las mismas que las de Jesucristo.

En marzo de 2004, Jim Caviezel fue recibido por el Papa Juan Pablo II con quien conversó durante unos diez minutos acompañado por su esposa y sus suegros. Ese mismo mes, el actor concedió una interesante entrevista a ACI Prensa en la que detalló cómo haber interpretado a Jesús transformó su vida y fortaleció mucho su fe.

En aquella ocasión dijo que "esta experiencia me arrojó a los brazos de Dios".

Para leer la entrevista completa ingrese a: http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=3856

Para acceder al especial de ACI Prensa sobre la película ingrese a: http://www.aciprensa.com/reportajes/passion.htm

miércoles, 4 de mayo de 2011

Laicos llaman a encender una vela por la Patria



Buenos Aires, 4 May. 11 (AICA)

El DEPLAI convoca rezar por la patria

El Departamento de Laicos (DEPLAI) de la Conferencia Episcopal Argentina propuso que el próximo domingo 8 de mayo, en lugar y momento que cada uno se encuentre, se renueve el gesto de unidad que se hizo el año pasado en todo el país, en ocasión del Bicentenario de la Patria.
La iniciativa laical es volver a rezar la Oración por la Patria, que los obispos escribieron en plena crisis 2001-2002, y encender “la luz de la esperanza, que no defrauda, pidiendo por nuestra Patria y renovando nuestro compromiso ciudadano”.

"El 8 de mayo de 2010 fue un hito significativo en la vida de los laicos en la Argentina. Plazas, parroquias y casas fueron los ámbitos donde los laicos conmemoramos el Bicentenario de la Revolución de Mayo, y pusimos a los pies de la Virgen, Nuestra Madre, el propósito indeclinable de ofrendar a la Nación lo mejor de nuestras capacidades, para ayudar a construir una Patria para todos”, recordaron en la convocatoria.

Encuentro de líderes laicos
El DEPLAI realizó recientemente en la iglesia Corazón Eucarístico de Jesús, de Buenos Aires, un encuentro de líderes laicos para poner en común las experiencias realizadas en el país.

Al inicio de la jornada, el doctor Justo Carbajales, director ejecutivo del DEPLAI, presentó el proyecto estratégico que guiará el trabajo durante 2011 con el lema “Con Cristo y María elegimos la vida”, y que se basará en cuatro valores esenciales identificados con la sigla V.I.F.E:

- LA VIDA HUMANA: su promoción y defensa desde la concepción hasta la muerte natural.
- LA INCLUSIÓN SOCIAL: ayuda en salud, cuidado de la niñez, protección del medio ambiente.
- LA FAMILIA: en comunión con la Comisión Episcopal de la Familia.
- LA EDUCACIÓN: en lo referente al trabajo con las familias, los alumnos y los docentes, en comunión con la Comisión Episcopal de Educación.

Asimismo presentó la estructura de Red Nacional de Laicos conformada por diversos referentes y líderes laicos.

En tanto, el Congreso Nacional de Doctrina Social, que se realizará los días 6, 7 y 8 de mayo en Rosario, fue presentado por Carlos Antonietti, secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, quien a los presentes a participar activamente.

La jornada concluyó con la celebración de la misa.

Informes: www.deplai.org.ar .+

domingo, 1 de mayo de 2011

HOMILIA MISA DE BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II

Queridos hermanos y hermanas.

Hace seis años nos encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha querido el Señor: Juan Pablo II es beato.

 
Deseo dirigir un cordial saludo a todos los que, en número tan grande, desde todo el mundo, habéis venido a Roma, para esta feliz circunstancia, a los señores cardenales, a los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, hermanos en el episcopado y el sacerdocio, delegaciones oficiales, embajadores y autoridades, personas consagradas y fieles laicos, y lo extiendo a todos los que se unen a nosotros a través de la radio y la televisión.

Éste es el segundo domingo de Pascua, que el beato Juan Pablo II dedicó a la Divina Misericordia. Por eso se eligió este día para la celebración de hoy, porque mi Predecesor, gracias a un designio providencial, entregó el espíritu a Dios precisamente en la tarde de la vigilia de esta fiesta. Además, hoy es el primer día del mes de mayo, el mes de María; y es también la memoria de san José obrero. Estos elementos contribuyen a enriquecer nuestra oración, nos ayudan a nosotros que todavía peregrinamos en el tiempo y el espacio. En cambio, qué diferente es la fiesta en el Cielo entre los ángeles y santos. Y, sin embargo, hay un solo Dios, y un Cristo Señor que, como un puente une la tierra y el cielo, y nosotros nos sentimos en este momento más cerca que nunca, como participando de la Liturgia celestial.

«Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). En el evangelio de hoy, Jesús pronuncia esta bienaventuranza: la bienaventuranza de la fe. Nos concierne de un modo particular, porque estamos reunidos precisamente para celebrar una beatificación, y más aún porque hoy un Papa ha sido proclamado Beato, un Sucesor de Pedro, llamado a confirmar en la fe a los hermanos. Juan Pablo II es beato por su fe, fuerte y generosa, apostólica. E inmediatamente recordamos otra bienaventuranza: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16, 17). ¿Qué es lo que el Padre celestial reveló a Simón? Que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Por esta fe Simón se convierte en «Pedro», la roca sobre la que Jesús edifica su Iglesia. La bienaventuranza eterna de Juan Pablo II, que la Iglesia tiene el gozo de proclamar hoy, está incluida en estas palabras de Cristo: «Dichoso, tú, Simón» y «Dichosos los que crean sin haber visto». Ésta es la bienaventuranza de la fe, que también Juan Pablo II recibió de Dios Padre, como un don para la edificación de la Iglesia de Cristo.

Pero nuestro pensamiento se dirige a otra bienaventuranza, que en el evangelio precede a todas las demás. Es la de la Virgen María, la Madre del Redentor. A ella, que acababa de concebir a Jesús en su seno, santa Isabel le dice: «Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá» (Lc 1, 45). La bienaventuranza de la fe tiene su modelo en María, y todos nos alegramos de que la beatificación de Juan Pablo II tenga lugar en el primer día del mes mariano, bajo la mirada maternal de Aquella que, con su fe, sostuvo la fe de los Apóstoles, y sostiene continuamente la fe de sus sucesores, especialmente de los que han sido llamados a ocupar la cátedra de Pedro. María no aparece en las narraciones de la resurrección de Cristo, pero su presencia está como oculta en todas partes: ella es la Madre a la que Jesús confió cada uno de los discípulos y toda la comunidad. De modo particular, notamos que la presencia efectiva y materna de María ha sido registrada por san Juan y san Lucas en los contextos que preceden a los del evangelio de hoy y de la primera lectura: en la narración de la muerte de Jesús, donde María aparece al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25); y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles, que la presentan en medio de los discípulos reunidos en oración en el cenáculo (cf. Hch. 1, 14).

También la segunda lectura de hoy nos habla de la fe, y es precisamente san Pedro quien escribe, lleno de entusiasmo espiritual, indicando a los nuevos bautizados las razones de su esperanza y su alegría. Me complace observar que en este pasaje, al comienzo de su Primera carta, Pedro no se expresa en un modo exhortativo, sino indicativo; escribe, en efecto: «Por ello os alegráis», y añade: «No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación» (1 P 1, 6.8-9). Todo está en indicativo porque hay una nueva realidad, generada por la resurrección de Cristo, una realidad accesible a la fe. «Es el Señor quien lo ha hecho –dice el Salmo (118, 23)- ha sido un milagro patente», patente a los ojos de la fe.

Queridos hermanos y hermanas, hoy resplandece ante nuestros ojos, bajo la plena luz espiritual de Cristo resucitado, la figura amada y venerada de Juan Pablo II. Hoy, su nombre se añade a la multitud de santos y beatos que él proclamó durante sus casi 27 años de pontificado, recordando con fuerza la vocación universal a la medida alta de la vida cristiana, a la santidad, como afirma la Constitución conciliar sobre la Iglesia Lumen gentium. Todos los miembros del Pueblo de Dios –Obispos, sacerdotes, diáconos, fieles laicos, religiosos, religiosas- estamos en camino hacia la patria celestial, donde nos ha precedido la Virgen María, asociada de modo singular y perfecto al misterio de Cristo y de la Iglesia. Karol Wojtyła, primero como Obispo Auxiliar y después como Arzobispo de Cracovia, participó en el Concilio Vaticano II y sabía que dedicar a María el último capítulo del Documento sobre la Iglesia significaba poner a la Madre del Redentor como imagen y modelo de santidad para todos los cristianos y para la Iglesia entera. Esta visión teológica es la que el beato Juan Pablo II descubrió de joven y que después conservó y profundizó durante toda su vida. Una visión que se resume en el icono bíblico de Cristo en la cruz, y a sus pies María, su madre. Un icono que se encuentra en el evangelio de Juan (19, 25-27) y que quedó sintetizado en el escudo episcopal y posteriormente papal de Karol Wojtyła: una cruz de oro, una «eme» abajo, a la derecha, y el lema: «Totus tuus», que corresponde a la célebre expresión de san Luis María Grignion de Monfort, en la que Karol Wojtyła encontró un principio fundamental para su vida: «Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio Te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum, Maria -Soy todo tuyo y todo cuanto tengo es tuyo. Tú eres mi todo, oh María; préstame tu corazón». (Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 266).

El nuevo Beato escribió en su testamento: «Cuando, en el día 16 de octubre de 1978, el cónclave de los cardenales escogió a Juan Pablo II, el primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszyński, me dijo: “La tarea del nuevo Papa consistirá en introducir a la Iglesia en el tercer milenio”». Y añadía: «Deseo expresar una vez más gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio Vaticano II, con respecto al cual, junto con la Iglesia entera, y en especial con todo el Episcopado, me siento en deuda. Estoy convencido de que durante mucho tiempo aún las nuevas generaciones podrán recurrir a las riquezas que este Concilio del siglo XX nos ha regalado. Como obispo que participó en el acontecimiento conciliar desde el primer día hasta el último, deseo confiar este gran patrimonio a todos los que están y estarán llamados a aplicarlo. Por mi parte, doy las gracias al eterno Pastor, que me ha permitido estar al servicio de esta grandísima causa a lo largo de todos los años de mi pontificado». ¿Y cuál es esta «causa»? Es la misma que Juan Pablo II anunció en su primera Misa solemne en la Plaza de San Pedro, con las memorables palabras: «¡No temáis! !Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!». Aquello que el Papa recién elegido pedía a todos, él mismo lo llevó a cabo en primera persona: abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante, fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible. Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio. En una palabra: ayudó a no tener miedo de la verdad, porque la verdad es garantía de libertad. Más en síntesis todavía: nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás.

Karol Wojtyła subió al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre. Su mensaje fue éste: el hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su «timonel», el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar «umbral de la esperanza». Sí, él, a través del largo camino de preparación para el Gran Jubileo, dio al Cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia. Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y a la ideología del progreso, él la reivindicó legítimamente para el Cristianismo, restituyéndole la fisonomía auténtica de la esperanza, de vivir en la historia con un espíritu de «adviento», con una existencia personal y comunitaria orientada a Cristo, plenitud del hombre y cumplimiento de su anhelo de justicia y de paz.

Quisiera finalmente dar gracias también a Dios por la experiencia personal que me concedió, de colaborar durante mucho tiempo con el beato Papa Juan Pablo II. Ya antes había tenido ocasión de conocerlo y de estimarlo, pero desde 1982, cuando me llamó a Roma como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante 23 años pude estar cerca de él y venerar cada vez más su persona. Su profundidad espiritual y la riqueza de sus intuiciones sostenían mi servicio. El ejemplo de su oración siempre me ha impresionado y edificado: él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una «roca», como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Eucaristía.

¡Dichoso tú, amado Papa Juan Pablo, porque has creído! Te rogamos que continúes sosteniendo desde el Cielo la fe del Pueblo de Dios. Amén.